Fake, fake, fake: mentiras para convertirnos en brujas

Violeta Muñoz

5 marzo, 2019

No, las mujeres no son las principales agresoras de los niños. Ni tampoco han tenido que poner una red en los juzgados de violencia de género para evitar que los hombres se suiciden por las denuncias falsas que no, no son el 80% del total. La lucha de las mujeres por la igualdad real ha sido menospreciada y difamada en países como Estados Unidos o Brasil por supuestas noticias compartidas hasta la saciedad en redes sociales y de mensajería por millones de personas que las creyeron. ¿Qué queda después de difamar?

“Algo se está haciendo bien desde el feminismo si se ve como una amenaza, si estos señores se ponen tan nerviosos. Ellos entienden, aunque no quieran reconocerlo, que el feminismo es una práctica política que apuesta por un cambio del sistema, del sistema patriarcal, que es donde ellos están situados y que les da el poder. El miedo a perderlo hace saltar todas las alarmas”, explica Isabel Muntané, periodista y codirectora del Máster Género y Comunicación de la Universidad Autònoma de Barcelona (UAB).

En 2018, un informe del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) demostró que las fakes news sobre género refuerzan la discriminación machista al viralizarse. En base a 12 noticias falsas, constató la difusión de un relato basado en considerar a las mujeres inferiores a los hombres y en cuestionar las políticas contra la violencia machista.

Sobre género y otros temas como la migración, la religión o la diversidad sexual se han apoyado movimientos ultranacionalistas y de extrema derecha en cada vez más democracias del globo en los últimos años. “En general con todo aquel que es diferente por entender la diferencia como algo negativo. Diferente es la mujer que ya no quiere cumplir el rol que le tenía asignada la sociedad y diferente es aquel que llega con otra cultura o aquel trabajador que no quiere someterse a un poder que se está aprovechando”, defiende la profesora. Decenas de estudios muestran que la difusión coordinada de información falsa en redes sociales fue clave en la victoria de políticos como Donald Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil o Matteo Salvini en Italia.

En el caso del presidente brasileño, por ejemplo, su apoyo en las fake news distribuidas a través de las redes sociales fue crucial para su victoria. ¿Pero cuáles son estas noticias falsas? Durante meses se difundió que el anterior Gobierno socialista brasileño había repartido a los niños de seis años un ‘kit gay’ en las escuelas por orden de Fernando Haddad, principal rival de Bolsonaro en las elecciones.

En realidad, este ‘kit gay’ nunca se repartió ni siquiera existió. Se trataba de un programa para formar a los profesores de escuela en derechos LGTB, la lucha contra la violencia, los prejuicios y el respeto a la diversidad entre los jóvenes y adolescentes. Sin embargo, Bolsonaro se paseó por varios platós y medios de comunicación asegurando que el gobierno de Brasil «sexualiza a los niños» o «enseña ideología de género». Finalmente, este programa tuvo que ser vetado por el Gobierno ante la alarma social generada por fake news. No son los únicos ejemplos. También se difundió desde el entorno del actual presidente Bolsonaro que Haddad promovía el incesto en su obra En defensa del socialismo y que, entre otras cosas, también legalizaría la pedofilia en caso de llegar al poder.

En España, el despegue de Vox imita esa dinámica con especial hincapié en el desprestigio de las políticas contra la violencia machista y lo que la formación llama “chiringuitos feministas”. Para Muntané, “las reivindicaciones de las mujeres siempre se han visto con recelo pero, con el auge de la ideología neoliberal y fascista aupada por el machismo de movimientos políticos y la complicidad del sistema, ya sea por acción u omisión, muchos están reaccionando con eso que llaman ‘ideología de género’».

Recientemente, Vox tocó el techo de la mentira machista cuando Iván Espinosa, vicesecretario de relaciones internacionales del partido, aseguró en el programa de Ana Rosa Quintana que “mueren más de 60 niños a manos de mujeres cada año” y no por accidente sino por homicidio”. Fortalecía así el bulo iniciado por el presidente de la Asociación Profesional de Criminólogos de España, Carlos Cuadrado, y que compartió el periodista Sánchez Dragó en su columna de El Mundo.

Los únicos datos reales los da el Instituto Nacional de Estadística (INE) y los últimos datan de 2017, cuando hubo 19 menores muertos en homicidios sin que la estadística distinga por género del autor ni el parentesco con el niño. Pero el cúmulo de mentiras es mayor. Denuncias falsas, suicidios de hombres, golpes a niños, violaciones cometidas por extranjeros y así un sinfín de bulos que corren por las redes y llegan a los whatsapp de los ciudadanos.

Sin medio ni modo aparente de hacerle frente. Y es que, según un estudio de la Universidad Complutense en 2017, el 86% de los españoles no tiene herramientas para diferenciar una noticia falsa de una real. Sin embargo, no toda información falsa que nos llega es una fake news como tal. Detrás de este concepto hay un campo mucho más amplio. Por fake news entendemos desde contenidos falsos generados con la única intención de difundir una mentira hasta informaciones con conexiones engañosas entre varias noticias reales, pasando por las que se basan en fuentes no contrastadas o aquellas que aportan contextos erróneos.

“Por ejemplo, casos de violaciones que sí han ocurrido pero no en el contexto en el que se informó que ocurrieron”, explica Sílvia Majó-Vázquez, investigadora del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford. También entran en el saco mensajes difundidos a través de perfiles automatizados en redes sociales. Por eso, expertas y organismos supranacionales como la UE prefieren el término “desinformación”, que abre la puerta a un variado elenco de mecanismos por los que una democracia puede perder una de sus piedras angulares: el derecho a una información veraz.

Un ejemplo curioso es el que se ha vivido en Estados Unidos con la marcha feminista que se realizó en enero de 2019. Se detectaron más de 1.700 páginas de Facebook que promovían una fecha y una información errónea. Apenas tenían seguidores, pero sí habían conseguido un buen número de clics. Ni activistas ni asociaciones feministas eran las propietarias de estos perfiles, sino que los propietarios estaban ubicados en Bangladesh. ¿El objetivo? Rebajar al máximo el número de asistentes a la marcha.

No obstante, el objetivo de este tipo de datos falsos busca actuar en un marco más amplio. Pretenden crear un clima, un estado de opinión, contrario al feminismo, a los inmigrantes o cualquiera que sea la víctima del bulo en un escenario previo a la acción política. Se crea una alarma social injustificada por, por ejemplo, la desprotección del hombre frente a la ley de violencia de género para después pedir la abolición de la ley. Primero viene la mentira, después, la acción política. ¿Pero por qué calan tanto estas mentiras y no tanto sus desmentidos?

“Uno de los motivos es la repetición: está comprobado que los rumores funcionan porque se repiten mucho y, aunque hay procesos para desmentirlos, éstos no siguen el ritmo de repetición que seguiría el contenido con información falsa”, explica la investigadora. En segundo lugar, la difusión en redes y plataformas de mensajería que promocionan y dan más visibilidad a los contenidos más populares: “La automatización de perfiles en redes sociales hace creer al algoritmo de Facebook o Twitter que determinado contenido es trending”. Las fake news no son propiedad exclusiva de las redes. De la cadena no escapa la prensa tradicional, porque “otro de los elementos más importantes de las noticias falsas y los actores que las difunden es que lleguen a los oídos de un periodista de un medio de toda la vida, no solo online” y las difunde.

Majó recuerda que la prensa clásica sigue marcando agenda y cada vez más periodistas buscan en redes noticias interesantes con unos márgenes de tiempo más estrechos. Redacciones que, tal y como señala Muntané, están cada vez «más precarizadas» y hay menos tiempo para buscar información y contrastarla. «La rapidez de las redes influye cada vez más”, incide Muntané. ¿Y qué pasa cuando los medios se hacen eco de los bulos para desmentirlos?

¿Ayudan o empeoran? “La prensa debe tener esta función, pero sabemos que cuando se repite literalmente la información falsa en el título de una noticia, porque es la forma rápida de captar la atención de la audiencia, se contribuye a una de las principales vías de eficacia de un contenido falso. Por eso hay que ser estratégico: presentar la información contrastada lo más visible posible, frente al contenido falso”, explica Majó.

Apropiaciones ‘fake’

La apropiación errónea de referentes políticos y culturales por partidos hoy en el poder bien podría ser la bola extra de las fakes news. Enlazando con el feminismo, es recurrente el uso de ciudadanos de la figura de Clara Campoamor. Los de Albert Rivera recalcan su condición de “liberal” para asociar a la precursora del sufragio femenino con el partido naranja. El patinazo llegó el pasado aniversario de la abogada y política, cuando Rivera subrayó que para lograrlo debió derrotar “desde socialistas a conservadores”. La realidad es que la mayor parte del Partido Socialista apoyó en 1931 el derecho a voto de las españolas. “A quien derrotó Campoamor fue a sus compañeros de partido liberales progresistas que prometieron el voto a la mujer y luego dieron marcha atrás y quisieron negárselo”, explicó en Cadena Ser Isaías Lafuente, biógrafo de la política y escritora.

Pero las reapropiaciones fake no son nuevas: hace ya un cuarto de siglo, cuando Aznar construía un perfil moderado y trataba de situarse en un centro renovador, reivindicó insistentemente la figura de Manuel Azaña, presidente de la II República, anticlerical, izquierdista y que concedió la autonomía a Catalunya. A esa región fue en 1993 el entonces candidato a presidente del Gobierno a hacer suyas las ideas de un político en las antípodas del aznarismo que hoy conocemos. Allí aseguró que su perfil era de una “vocación profundamente azañista”.

Otra apropiación chirriante ocurrió hace menos de dos meses: Juan Manuel Moreno, nuevo presidente de la Junta de Andalucía, recuperó en su discurso de investidura versos de Antonio Machado y dedicó espacio a la cultura mencionando a Blas Infante, Rafael Alberti y Federico García Lorca, todos ellos represaliados de la dictadura franquista. Moreno es presidente con el apoyo de Vox, partido que pide sustituir la Ley de Memoria Histórica por una de “Concordia” al considerar que la ley actual «impone de forma totalitaria una visión sesgada de la historia andaluza entre 1931 y 1982”.