Feminismos que construyen futuro

La creación de asociaciones, programas de radio, revistas y cooperativas, así como la celebración de congresos demuestran que el feminismo tiene mucho que decir para la construcción de un país más justo. Seleccionamos ocho proyectos impulsados que corroboran que el futuro será feminista o no será.

Pilar Araque Conde

5 marzo, 2019

Patricia Fernández Montero

Esta joven de 20 años fundó la primera asociación de menores víctimas de violencias machistas en España. ‘Avanza sin miedo’, como se llama la organización, ha sido “la materialización de muchos años de trabajo”, cuenta Patricia Fernández Montero, quien vivió en primera persona la misma situación de los niños y niñas que buscan defender. Cuando tenía seis años, un juez la obligó a vivir con su padre maltratador, a quien insiste en llamarle “progenitor”.

En 2015 publicó el libro Ya no tengo miedo, en el que esta estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual cuenta su historia. Con esta asociación, señala, “se pretende reivindicar el reconocimiento de los hijos e hijas de maltratadores como víctimas de violencia machista”. Entiende que el feminismo tiene que luchar contra una estructura social muy fuerte y “también a favor de los oprimidos, como son los hijos e hijas de las madres maltratadas”

Laura Tejado Montero

Su nombre de guerra es Laura Gaelx. Es una de las seis fundadoras del programa de radio Sangre Fucsia, un espacio feminista –“porque no podemos hacerlo de otra forma”– que, “en vez de criticar las ausencias”, busca “celebrar todas las aportaciones que las mujeres y otros sujetos no hegemónicos han hecho en el pasado y en el presente”, explica esta coruñesa de 37 años radicada en Madrid. “Hacemos el programa como si la revolución feminista ya hubiese triunfado”, añade.

Además del podcast semanal, Sangre Fucsia sacó hace un par de años un trivial sobre la historia y los derechos
de las mujeres. “Hicimos un crowdfunding y recaudamos unos 70.000 euros. Hemos hecho hasta dos reimpresiones además de la inicial”. Estos ejemplares se encuentran en librerías, asociaciones e institutos para recuperar la Herstory, o lo que es lo mismo, dar a conocer la memoria histórica de las mujeres.

Silvia Agüero Fernández

Silvia Agüero es gitana y feminista. Nació en el madrileño barrio de Vallecas y ahora vive en València. Junto a su marido, al que le une el “amor no romántico” –insiste– y el activismo, ha fundado la asociación ‘Pretendemos Gitanizar el Mundo‘, una organización basada en una perspectiva “feminista, libre y sin jerarquías”.

Hace tres años, decidieron crear un blog con el mismo nombre porque “amamos nuestro pueblo, nuestra bandera, nuestros valores y queremos que la gente nos conozca”. Reivindica el espíritu de lucha de su colectivo a través del gitañol, esto es, el caló. Y denuncia la doble opresión que sufren las mujeres gitanas: el patriarcado, por un lado, y el antigitanismo, por otro. O lo que ella llama “antigitanismo patriarcal”.

Agüero, madre de cuatro hijos a sus 33 años, también gestiona La Revolución de las Rosas Romaní, un proyecto creado para luchar contra la violencia obstétrica que sufren las mujeres en el parto. “Cuando iba a parir, me quejé por el dolor y el médico me dijo: ‘Es que las gitanas os quejáis muy pronto’”, revive.

Diana López Varela

Un congreso nacional de columnistas en León formado solo por hombres fue la semilla del evento As mulleres que opinan son peligrosas. Esta joven pontevedresa de 32 años, junto a la también periodista Susana Pedreira, materializó la crispación sembrada en las redes, recogida bajo el hashtagviral #HayMujeresColumnistas, y demostró que, efectivamente, hay muchas profesionales que opinan.

“Estábamos muy enfadadas y teníamos que hacer algo”, señala. Así, en marzo de 2018, se celebró en Pontevedra
este congreso formado sólo por mujeres. “El evento tuvo tal éxito que nos pidieron que lo volviéramos a hacer; y lo hemos hecho este año”, explica. La también colaboradora de Público cree que, como guionista de ficción, debe contribuir al feminismo a través del relato: “Es momento de que dejemos de ser musas y empecemos a escribir y a contar nuestras historias”.

Almudena Rodríguez Martín

Esta ganadera de ovino en Argañín (Zamora) forma parte del grupo de 20 personas que en 2015 se agruparon por sinergia para reivindicar el papel de la mujer en este “gremio de hombres”. El proyecto de Ganaderas en Red cuenta con casi cuatro años de vida y está formado por más de 130 ganaderas procedentes de todas las partes
de España. “Pretendemos visibilizar el papel de la mujer en este oficio y conservar la ganadería extensiva y el mundo rural”.

Esta mujer de 48 años, nacida en Salamanca, denuncia que “hay muchas mujeres que trabajan con los hombres
y no están dadas de alta, están a la sombra”. Para dar voz a las desigualdades que sufren las mujeres en el entorno rural, las ganaderas en red versionan canciones virales con sus principales lemas: “Des-pa-ci-to nos vamos uniendo en un mismo grito, transformando dudas en un plan descrito”, cantan en uno de sus temas.

Antoinette Torres Soler

Afroféminas surgió como un proyecto para el empoderamiento de la mujer negra que vive en España. “En principio, tenía la idea de demostrar que los problemas de las mujeres negras, el racismo como primera opresión, no era anecdótico, ya que el mismo problema que podría tener una mujer negra en Madrid, Sevilla, Londres o Canadá era el mismo, es decir, el mecanismo de opresión se parecía muchísimo”, cuenta su creadora.

Después de cinco años y tras enfrentarse a muchos obstáculos por ser “un proyecto incómodo”, esta cubana de 43 años presume de haber conectado con otras personas de otros colectivos racializados. Afroféminas tiene que ver con una posición crítica ante la idea de feminismo. “No necesitamos que nadie nos haga un hueco ni que nos visibilicen, se trata de darnos voz a través de los medios de comunicación y de que nos dediquen el mismo tiempo”. Asimismo, se queja del discurso feminista actual y de ser tratadas como condescendientes.

“Nuestra revista no cuenta con el apoyo de ninguna institución pública. Nos financiamos a través de talleres”. Por ello, Antoinette Torres Soler cree “verdaderamente” en el empoderamiento y emprendimiento de las mujeres negras. “Tenemos que interiorizar nuestras acciones para que dentro de diez años se vea el resultado”, zanja.

Nerea Lorón Díaz

Feminismo a golpe de rap. “Yo maté al príncipe azul”, canta esta navarra en una de sus canciones. Nerea Lorón se subió a un escenario por primera vez hace nueve años y desde entonces no ha dejado de rapear contra lo que le irrita: “Me rebelo porque quiero seguir viva, me parezco a las que luchan, me declaro solo mía y desde el día en que mi madre me parió tengo la furia en la mirada”, clama. Para la artista de 35 años, sus letras son una herramienta de lucha: “Siento que, cuando subo a los escenarios y consigo conectar con otras mujeres, formamos un aquelarre”, agrega.

Lorón, que además imparte talleres de empoderamiento para adolescentes, lo tiene muy claro y así lo refleja en sus rimas: “No venimos como carne ni para gustarte a ti, no somos perfectas, no somos muñecas, no somos humildes, delicadas ni pequeñas. Ni dios ni amo; ni marido ni partido. No hay clemencia”.

Núria Soto Aliaga

Esta barcelonesa de 24 años recuerda que en las primeras manifestaciones contra Deliveroo, la empresa de reparto en la que trabajaba hasta hace un año, era prácticamente la única mujer. Núria Soto Aliaga creó, junto a otros compañeros, el sindicato Riders x Derechos‘, encargado de proteger a los trabajadores de la plataforma. Pese a la escasa presencia femenina en este trabajo, esta rider defiende que “las mujeres somos perfectamente válidas para desempeñarlo”.

No obstante, Núria también hace hincapié en los comentarios a los que se ha tenido que enfrentar por ser mujer: “Me han llegado a decir: ‘Guapa, a ver si sales ya, que la sopa se enfría’”. Después de su despido, esta joven y otros compañeros crearon hace un año el proyecto Mensakas‘, una cooperativa que ofrece el mismo servicio de forma responsable y con unos derechos laborales garantizados. Asimismo, para incentivar la presencia femenina y por el riesgo de acoso al que se enfrentan, las riders cobrarán un 5% más que sus compañeros.