Opinión

Subdesarrollados

Ana Pardo de VeraDirectora de Público

9 julio, 2019

Y cuando ronco ya lanza profundos
del traspasado pecho los bramidos (…)
¡Cómo es ver a los mozos rubicundos
romper en gozosísimos silbidos!

Y a las damas, las dulces, las mimadas,
corazones de leche delicados,
cebarse en contemplar ensangrentadas
las carnes del buen toro acribilladas.

Carolina Coronado, Sobre la construcción de nuevas plazas de toros en España (Extremadura, 1846)

España todavía tiene una cuenta pendiente con los animales. En pleno siglo XXI, este país aún es marca de atraso y brutalidad por el trato que da a sus habitantes no humanos. La lista es larga: corridas de toros, perros de caza abandonados –en el mejor de los casos– o matados a golpes y con soga cuando se acaba la temporada, becerradas, toros enamorados (Zamora), embolados, ‘al carrer’, ‘amb corda’ o batallas de ratas de Puig –los vecinos se lanzan ratas muertas-, vaquillas Txiki (Vitoria) o tiro al pichón. Sin contar los abandonos de las mascotas; perros y gatos que ya no sirven a la causa material y estorban, dan mucho trabajo o arañan el sofá. “Este verano – asegura Equo- se torturará y matará a más de 60.000 animales durante las fiestas populares”. Marca España.

A las personas que condenamos el dolor gratuito infligido a todos aquellos seres que lo sienten nos resulta incomprensible que alguien pueda disfrutar maltratando y/o matando a un animal; pero nos resulta igualmente censurable la actitud de quien calla (y otorga) en pro de una falsa libertad: “Que lo vea el que quiera y el que no, que no lo vea”. ¿Imaginan esa respuesta para cada uno de los delitos penados por nuestras leyes? Libertad, la palabra prostituida por el neoliberalismo hasta la náusea para hacer negocio hasta con los órganos de cada uno/a. Porque si piden legalizar los vientres de alquiler y convertir a las mujeres en hornos legales de maduración de fetos, ¿cuánto tardarán en dar luz verde al tráfico de órganos como mercado no penalizado? ¿No hace cada uno/a con su cuerpo “lo que le da la gana”?

“El último grado de perversidad es hacer leyes para la injusticia”. Voltaire sigue presente. Y tanto: “Porque el hombre habla, ¿juzgas que tiene  sentimientos, memoria e ideas? Pues bien, sin pronunciar una palabra, verás que entro en mi casa entristecido, busco un papel con inquietud, abro un cajón porque recuerdo que allí lo guardé, lo encuentro y lo leo con alegría. Sin hablar, conocerás que experimenté el sentimiento de la aflicción y el del placer, que estoy dotado de memoria y de conocimiento. Juzga, pues, con el mismo criterio al perro que ha perdido su amo, lo busca por todos los caminos lanzando lastimeros ladridos, que entra en la casa agitado, inquieto, que baja y sube, y va de estancia en estancia hasta que al fin encuentra al dueño que ama y atestigua la alegría que siente mediante gruñidos, saltos y caricias” (‘Bestias’. Del Diccionario Filosófico, 1764)

Desconfío de la gente que disfruta con las tradicionales torturas a animales que se perpetran impunemente en este país. Porque desconfío de la falta de empatía ante el dolor ajeno, sea humano o no. Las páginas de este especial que Público hace llegar en papel a sus socios/as están cargadas de denuncia y esperanza. Nos ha faltado, sin embargo, papel para recoger muchas de las barbaridades que se siguen infligiendo en nombre de una presunta superioridad humana nunca justificada. ¿Dónde y quién dice que seamos los individuos racionales (un decir en demasiados casos) los dueños de este planeta y que tengamos el derecho a exprimirlo y explotarlo cruelmente hasta su extinción y en nuestro beneficio?

La pertenencia a una determinada especie es una clasificación biológica. Punto. No es lo que determina que nos puedan dañar. “Se asume habitualmente que únicamente los seres humanos merecen nuestra consideración. Como consecuencia, los animales (o, más bien deberíamos decir, los animales no humanos) son tratados como cosas. Son explotados diariamente de las formas más terribles. Y se les deja sufrir a su suerte cuando están en situación de necesidad, sin preocuparnos por darles ayuda” (Óscar Horta. Qué es el especismo y por qué deberíamos rechazarlo, El País, marzo de 2019)

Público tiene entre sus banderas editoriales la denuncia contra el maltrato animal y el señalamiento de los/as maltratadores, que son también todos aquellos que callan y consienten la canallada en pro de la tradición, así como el delito muy poco castigado por unos políticos cómplices o acobardados por el furor maltratador de algunos pueblos y la enorme tarea pedagógica y legislativa que deben emprender con ellos. Con el verano en la puerta de casa y tantas fiestas populares a punto de llenar las calles de dolor, angustia, sangre y brutalidad, no podíamos dejar de publicar esta compilación de episodios de maltrato y muerte. ¿Ésta es la España insensible y retrasada que quieren para sus hijos/as? Nos tendrán enfrente.