Los peores enemigos de tu espalda, al descubierto

María MenaFisioterapeuta del Hospital General de Villalba

3 mayo, 2018

La tensión muscular (y consecuente dolor) en nuestra espalda causada por las malas posturas es un problema cada vez más común en la sociedad. Cuando somos jóvenes no nos duele nada y nos sentimos invencibles, pero con el paso de los años errores asociados a los malos hábitos en relación con la higiene postural se pagan. Muchas veces nos resignamos, pensamos que será cosa de la edad, a nuestro trabajo, a todo tipo de excusas… pero no hay que desesperarse, la mayoría de las veces tiene solución y es más simple de lo que parece.

Puede que tratemos de solucionarlo con fármacos para aliviar el dolor, lo cual es un buen tratamiento puntual pero lo que en realidad hay que tratar es el origen del problema que suele ser casi siempre el mismo: no somos conscientes de nuestra postura cuando hacemos las cosas. Algo tan simple como mirarnos al espejo, observarnos y ponernos rectos, bien erguidos y sujetar firmemente nuestra espalda, cómo si hubiera un hilo que tirara constantemente de nosotros hacia arriba, desde nuestra cabeza, es una de las mejores maneras de cuidar de nuestra columna vertebral y evitar lesiones dolorosas e incómodas.

“Sólo tenemos una espalda”, afirma María Mena, fisioterapeuta del Hospital General de Villalba, “y es para toda la vida hay que cuidarla”.

¿Cuáles son los principales errores que cometemos?

No es raro que nos acostumbremos a hacer las cosas de una determinada manera, sin pararnos a pensar si en la forma que lo hacemos estamos sometiendo a nuestra espalda a una presión innecesaria. Los errores más comunes se asocian a un mal control del peso que movemos, así como a no realizar de manera habitual el ejercicio necesario para mantener un buen tono muscular que nos ayude a protegerla. En lo que al peso se refiere, es importante saber que, si hay un exceso, nuestra columna se va a resentir, sobre todo si lo manejamos de manera incorrecta. Además, una mala postura, andar encorvado, por ejemplo, puede empeorar el envejecimiento de nuestro cuerpo: con el paso del tiempo, los discos de la columna vertebral se deshidratan, se reduce el espacio entre ellos, si le sumamos vicios posturales incorrectos, el deterioro de los discos será aún mayor.

Consejos para todos.

Unas pautas simples en nuestro día a día nos pueden ayudar a corregir estos errores. Algo tan simple como, por ejemplo, la elección de los zapatos puede marcar una gran diferencia. Por ejemplo, en el caso de los tacones, lo ideal es utilizarlos de unos 2,5 centímetros de altura, ni totalmente planos ni excesivamente altos. Además, es importante elegirlos conforme a dos parámetros tan sencillos como eficaces: “El zapato tiene que ser, ante todo, cómodo y de buena calidad, no vale cualquiera”.

También son importantes las posturas que se adoptan, tanto al trabajar como al realizar otras tareas, fuera o dentro del hogar. En ese sentido, agacharse y coger peso son dos acciones cotidianas, pero extremadamente claves, ya que de realizarlas correctamente depende en gran porcentaje nuestra salud postural.

“Hay que flexionar las piernas, agacharnos en cuclillas y mantener la espalda lo más recta posible al bajar y subir, levantándonos con las piernas, sin tirar de espalda; para que no llegue un día en el que intentemos levantarnos y nos quedemos ‘enganchados.” recomienda Mena. Importante también ser realistas y conscientes del peso que podemos mover…es preferible realizar varios viajes que cargarnos excesivamente y hacernos daño.

Asimismo, a la hora de realizar tareas tan cotidianas como planchar o fregar los platos, por ejemplo, podemos evitar el consecuente dolor lumbar colocando la mesa de planchar a una altura en la que nuestra espalda esté completamente recta y nuestros brazos lleguen a la superficie en la que trabajar “de una manera cómoda, sin tener que agacharnos”.

Finalmente, haz ejercicio, es importante para mejorar y tonificar la musculatura que protege nuestra columna vertebral. Los abdominales, por ejemplo, fortalecen nuestro tronco. Si tenemos más fuerza en nuestros abdominales, nuestra espalda tendrá que realizar menos trabajo para soportar nuestro peso, y sufrirá menos. Hay muchos otros ejercicios que nos ayudaran a cuidarla: los estiramientos, pilates, yoga y natación son otras alternativas y, en el caso de no poder realizar ejercicio intenso, caminar (bien erguido) es una excelente opción.