Hogar… ¿dulce hogar? El 80 % de los accidentes infantiles se produce en casa

Dra. Pilar CamachoCoordinadora de urgencias pediátricas en el Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón de Sevilla

23 julio, 2018

Ahogamientos, quemaduras, traumatismos, envenenamiento… Podría parecer una guía del más sádico de los torturadores, pero son solo algunos de los accidentes más comunes entre los niños europeos. Y lo que aún es más inquietante: el 80 % de ellos se produce en ese supuesto santuario de seguridad que es nuestro propio hogar.

Según datos de Eurosafe (Asociación Europea para la Prevención de Accidentes y la promoción de la seguridad), una de cada tres muertes de menores de 14 años se debe a accidentes de diverso tipo, encabezados por los de tráfico (33 %); las cinco siguientes causas de estos accidentes mortales tienen lugar en su propia casa. La buena noticia es al mismo tiempo un aldabonazo a la responsabilidad de padres y cuidadores: 9 de cada 10 son evitables.

Constantemente llegan a urgencias niños con lesiones por accidentes que se podían haber evitado, aunque lógicamente la seguridad total es imposible a cualquier edad, y menos aún en los niños, cuya curiosidad innata y sus características fisiológicas son una combinación explosiva.

De hecho, en los países de la Unión Europea actualmente mueren más niños por accidentes que por la suma de todas las enfermedades infantiles, se calcula que casi 8 millones de menores europeos son tratados cada año por esta causa en hospitales, y cerca de 200.000 requieren atención médica de emergencia debido a juguetes, muñecos y otros productos infantiles, con especial relevancia de los cambiadores, origen de muchas de las frecuentes caídas en altura.

Prevenir por edad y por estancia

Ante esta incontestable evidencia estadística toca ponerse manos a la obra, partiendo de una premisa que a veces olvidamos: El hogar es un espacio pensado por y para adultos que, aunque lo hayamos preparado para la llegada del niño, sigue entrañando multitud de riesgos en cada estancia, lo que obliga a una vigilancia permanente, sobre todo cuando son más pequeños.

Las condiciones fisiológicas y las inquietudes evolutivas del niño nos ayudan a saber a qué riesgos debemos prestar especial atención a cada edad. Sofocación y quemaduras en los seis primeros meses de vida, atragantamientos entre los seis meses y el año, ingesta de productos tóxicos y sofocación a partir de los tres años, y traumatismos de esta edad en adelante son, a grandes rasgos, los principales peligros que debemos prevenir. Por cierto que los traumatismos, especialmente habituales cuando el niño ya pasa gran parte del tiempo jugando en la calle y haciendo deporte, son igualmente comunes en todas las franjas de edad. De hecho, los traumatismos son la principal causa de consulta en urgencias pediátricas.

La cocina, ‘prohibida’ para los niños

Del mismo modo, cada estancia de la casa se convierte en un mar de posibles accidentes para los más pequeños. Cuchillos, tijeras, productos de limpieza altamente tóxicos, sartenes y ollas al fuego, y enchufes varios convierten a la cocina en el lugar más peligroso para los niños, con diferencia. Tanto que deberíamos considerarlo un lugar prácticamente prohibido para los más pequeños.

Golpes, ahogamiento, caídas, quemaduras y descargas eléctricas acechan, por su parte, en el cuarto de baño, otra de las estancias con mayores posibilidades de que algo acabe mal. También debemos prestar atención al dormitorio: un niño se accidenta más donde más tiempo pasa. Hasta los seis meses de vida, ese lugar es la cuna, por lo que debemos cumplir una serie de pautas que impidan que el lugar de descanso se convierta en una trampa de consecuencias graves como sofocaciones, caídas o traumatismos.

En el salón, a los bordes de los muebles, los enchufes y los aparatos electrónicos debemos sumar que se trata del espacio habitual de los juegos, origen de muchos atragantamientos o cortes. Si se tienen hijos de diferentes edades, hay que recordar que la mezcla de los juguetes puede resultar dañina para los más pequeños. Es recomendable sensibilizar sobre esto a los mayores, pidiéndoles que separen los suyos y no los dejen al alcance de los pequeños. El juego de los menores de seis años debería ser presenciado por un adulto, tanto en el hogar como en el exterior.

Estos y otros consejos los hemos recopilado en una guía de prevención, publicada por la compañía de seguros Meridiano, que precisamente tiene la triple cualidad de ordenarlos por edades y por estancias de la casa, al tiempo que explica cómo deben reaccionar padres y cuidadores.