Tragar, masticar, bostezar… o un balón: remedios para el molesto taponamiento de oídos

Dr. Carlos SagaOtorrinolaringólogo de Policlínica Gipúzkoa-Grupo Quirónsalud

27 agosto, 2018

Viajar en avión, bucear o subir a la montaña son de esas cosas que suenan a vacaciones de verano… hasta que dejan de sonar en absoluto. Son las tres actividades que más frecuentemente provocan ese molesto -y a veces doloroso- taponamiento de oídos que, entre otras cosas, nos hará quedarnos casi sordos transitoriamente.

En la mayoría de las ocasiones, lo que técnicamente se denomina barotrauma ótico (del oído), se resolverá con sencillas maniobras que podemos realizar nosotros mismos, o con ciertos medicamentos. Sin embargo, en algunas personas esa dolencia se vuelve crónica por diversos motivos, en cuyo caso existe una técnica quirúrgica mínimamente invasiva que ha demostrado su eficacia para solucionarlo de forma permanente. Lo entenderemos todo mejor si comprendemos primero por qué se produce.

La clave de este habitual trastorno auditivo está en la trompa de Eustaquio, llamada así por el científico italiano Bartholomeo Eustachios, el primero en describir esta estructura del oído medio en el siglo XVI. Con unos 3,5-4 centímetros de longitud, comunica las fosas nasales con la caja interna del tímpano. Su función principal es equilibrar la presión a ambos lados del tímpano para que este pueda transmitir las ondas sonoras de manera eficaz a través de la cadena de huesecillos hasta el nervio acústico.

Recuperar el equilibrio de la presión

Por diversas causas, el funcionamiento normal de la trompa de Eustaquio se puede ver alterado: cambios bruscos de altitud, obstrucción, congestión nasal (catarros, sinusitis), e inflamación de la garganta. La primera de ellas es sin duda la más frecuente en verano. Los principales síntomas son sentir una fuerte presión, dolor de oídos, sensación de taponamiento, pérdida de audición momentánea e incluso mareo. Si, además, un resfriado o una alergia nos producen congestión nasal, los síntomas pueden verse agravados.

En tal caso, hay varias cosas que podemos hacer nosotros mismos para prevenir o resolver sin complicaciones el fastidioso taponamiento:

Maniobra de Valsalva: Básicamente se trata de taparse bien la nariz con los dedos, cerrar la boca y tratar de soltar el aire con fuerza. Esto provoca que la trompa de Eustaquio se abra y se compense la presión.

Descongestivos nasales:  Media hora antes del despegue del avión y media hora antes del aterrizaje (momentos en los que se suelen taponar los oídos) aplicar un espray nasal antiinflamatorio, lo que desbloqueará los conductos que unen los senos paranasales y el oído medio.

Bostezar: Uno de los remedos más conocidos. Al provocar el bostezo, activamos los músculos que abren la trompa de Eustaquio.

Masticar chicle: Otro de los remedios más populares. Cuando mascamos chicle, el movimiento que realizamos facilita la compensación de la presión. Tragar algún líquido o alimento produce el mismo efecto.

No dormir durante el despegue y el aterrizaje porque ¡no podrás realizar estas técnicas!

En caso de resfriado, sinusitis, otitis o de que te hayas sometido a una cirugía de oído, evita volar si es posible. Siempre es útil consultar al especialista para evaluar sobre el terreno si en tu caso es seguro viajar.

 

Un balón contra el barotrauma recurrente

Hay personas en las que el barotrauma es crónico o recurrente, así que los citados remedios más o menos caseros, o la medicación, no solucionan el problema. Existen varias técnicas quirúrgicas para tratar este problema, pero los centros de cirugía nasal más avanzada han apostado en los últimos años por la denominada tuboplastia con balón de dilatación, una intervención mínimamente invasiva de resultados satisfactorios.

Para su realización se utiliza el balón de Bielfeld, que es colocado en la trompa de Eustaquio a través de las fosas nasales por medio de técnicas endoscópicas, de manera que no hay cirugía abierta ni por tanto ninguno de sus riesgos.

Una vez que colocamos el balón en su sitio, es inflado mediante un catéter por espacio de dos minutos, tras lo cual se retira. Como esta zona de la trompa de Eustaquio es cartilaginosa, la presión del balón durante ese tiempo es suficiente para provocar una microrrotura con la que conseguimos una dilatación permanente del conducto.

Dado que se trata de una técnica mínimamente invasiva, el postoperatorio no suele presentar problemas o complicaciones, más allá de las inherentes al uso de anestesia, dolor en la zona de la intervención, sangrado leve o congestión nasal.