Fiebre-fobia: el miedo del que no se libran ni los sanitarios

Dr. Roi Piñeirojefe del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba (Madrid)

19 septiembre, 2018

En 1980, el destacado pediatra Barton D. Schmitt publicó un novedoso estudio titulado “Fiebre-fobia: conceptos erróneos de los padres sobre la fiebre”. Entre las conclusiones destacó que “la gran preocupación de los padres con respecto a la fiebre no está justificada”, y recomendó que “la educación sanitaria debería formar parte de la atención pediátrica de rutina”.

Más de tres décadas después, la fiebre-fobia no ha desaparecido. Los pediatras continúan lidiando diariamente con todas las falsas creencias, mitos y sombras que rodean a esas décimas de más. Los sanitarios tampoco se libran de sufrir estos temores injustificados, y lo peor es que lo transmiten a sus propios pacientes. Nada que no pueda resolverse con un poco de información apropiada, paciencia, empatía y respeto.

Entre septiembre y octubre de 2015, y recogiendo el guante del profesor Schmitt respecto a la responsabilidad de los profesionales de Pediatría, el Hospital General de Villalba coordinó una encuesta para determinar la vigencia de esas falsas creencias. Se difundió entre más de 4500 trabajadores de cuatro hospitales públicos madrileños, la mayoría de ellos médicos y enfermeros (81 %), muchos de los cuales también tenían hijos (61 %). Los resultados fueron publicados en 2017 en la decana de las revistas pediátricas de nuestro país: Acta Pediátrica Española.

“Remedios” tan populares como falsos

De este modo, se comprobó que la fiebre-fobia está bien instalada en la población general, incluyendo a los propios profesionales sanitarios, aunque pueda resultar sorprendente. Como fobia que es, no responde a la razón, por lo que tendremos que enfrentarnos una y otra vez a la fiebre para convencernos de que no es peligrosa.

En la encuesta se preguntó sobre diversos y populares “remedios para bajar la fiebre”. La mayoría de los encuestados los consideró eficaces, cuando la realidad es que muchos son innecesarios. Incluso, en algún caso, pueden resultar hasta nocivos. La realidad es que la fiebre constituye un mecanismo de defensa frente a las infecciones, que limita el crecimiento bacteriano y la replicación viral y, en definitiva, colabora en la resolución de los procesos infecciosos. El objetivo debe ser que los niños se encuentren bien, no bajar la fiebre. Si el termómetro marca 38º C pero nuestro retoño está feliz, corre, juega y salta, ¿qué necesidad hay de bloquear este mecanismo de defensa? A continuación, algunos ejemplos de mitos y leyendas:

Baños o paños con agua fría: El 81% admitió que empleaba estas técnicas para bajar la temperatura, pero lo cierto es que están totalmente desaconsejados en la actualidad, porque pueden provocar un aumento de la temperatura central e incluso generar un síncope febril. No es un crimen utilizar medidas físicas, pero es incómodo para el niño y, sobre todo, no es necesario.

Medicación precoz: El 60% afirmó que previene las convulsione febriles, y un 41% reconoció que era útil combinar varios medicamentos para reforzar sus efectos. Por el contrario, los antitérmicos solo sirven para tratar el malestar asociado a la fiebre, pero en ningún se ha podido demostrar que prevengan las convulsiones febriles. Y respecto a combinar varios fármacos, eso podría favorecer la aparición de efectos secundarios y generar errores de dosificación, ambos potencialmente graves.

La fiebre siempre hay que tratarla: Así lo pensaba el 56% de los encuestados. Sin embargo, si el niño tiene fiebre pero está contento y “parece que no está malo” -lo que felizmente ocurre en la mayoría de las ocasiones-, se puede esperar un tiempo razonable de 24-48 horas para ver cómo evoluciona. Hay que tratar al niño, no al termómetro.

Cuándo hay que preocuparse

La fiebre indica que algo no va bien y, generalmente, está provocada por una infección, pero no tiene por qué implicar una urgencia. No por consultar más rápido tendremos antes un diagnóstico. La clave en estos casos, no es la temperatura sino el estado general del menor.

Si el pequeño se encuentra adormilado, no tiene fuerzas o su coloración es pálida o grisácea, significa que el estado general está afectado, y entonces sí debemos solicitar atención pediátrica urgente. Como excepción a todo lo anterior, en el caso de los lactantes menores de tres meses, sí es aconsejable acudir al pediatra con cierta urgencia cuando tenga fiebre, aunque su estado general parezca bueno.

Para más información, pueden consultar el folleto sobre fiebre y fiebre-fobia disponible de forma gratuita en la página web del Hospital General de Villalba.