¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos?

Dr. Miguel Ángel Sánchez GonzálezEspecialista en Psiquiatría del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

7 diciembre, 2018

El sueño ha interesado al hombre desde hace siglos. Poetas, filósofos, antropólogos y, más recientemente, científicos, se han preguntado para qué sirve que estemos una tercera parte de nuestro tiempo en un estado de (relativa) inconsciencia, desconectados del mundo, a merced de sus peligros. Esta pregunta es especialmente relevante actualmente, en una sociedad que cada vez valora más su tiempo y que cada vez tiene más cosas que hacer.

La invención de la luz eléctrica supuso un importantísimo avance tecnológico y de bienestar para la humanidad, pero fue al mismo tiempo el primer varapalo histórico al sueño. El propio Edison alardeaba de que apenas dormía unas horas y consideraba el sueño una pérdida de tiempo. Aunque es difícil calcularlo con exactitud, la pérdida de horas de sueño se estima en varias horas diarias por persona desde el advenimiento de la luz artificial. El desarrollo de internet en las últimas décadas, y el actual y creciente estado de hiper-conectividad conllevan, nuevamente, extraordinarios avances y oportunidades, pero también suponen una nueva amenaza al sueño y, a través de ello a la salud.

Si no sabemos para qué sirve dormir, si pensamos que nuestro organismo simplemente está sin hacer nada, es difícil que estemos dispuestos a cuidar el sueño, especialmente en una sociedad que nos ofrece tantas alternativas. Antes se pensaba que el sueño era algo así como el cese de toda actividad. Incluso en círculos científicos se creía que dormir suponía parar máquinas. A principio del siglo XIX Robert Macnish, miembro de la Facultad de Medicina y Cirugía de Glasgow, publicó un libro titulado La filosofía del sueño, que decía en su primera página: «El sueño es un estado intermedio entre la vigilia y la muerte, siendo la vigilia considerada como el estado activo de todas las funciones animales e intelectuales, y la muerte como su total suspensión». Hoy sabemos que el sueño, lejos de esto, supone una intensa actividad cerebral, frenética a veces.

 

Las dos caras del sueño: REM y no REM

El descubrimiento del sueño REM en 1953 en el laboratorio del Profesor Nathaniel Kleitman, padre de la Medicina del sueño, supuso el primer gran hito en el descubrimiento científico del sueño. El invento del electroencefalograma por Hans Berger en 1928 había facilitado un método para registrar la actividad cerebral sin molestar a los sujetos mientras dormían. Los registros electroencefalográficos habituales en aquella primera época eran muy cortos, entre otras razones porque se pensaba que durante el sueño la actividad cerebral era todo el tiempo similar. El descubrimiento del sueño REM fue una revolución, pues evidenció que existían dos estados totalmente distintos entre sí durante el sueño, que pasaron a llamarse sueño no REM y sueño REM.

Como cuento en mi libro ‘La naturaleza del sueño. ¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos?’, el sueño se inicia en condiciones normales a través del sueño no REM, que tiene tres fases de creciente profundidad. En estas fases la corteza cerebral (la parte más externa del cerebro, donde asientan las ideas más complejas) entra progresivamente en un estado ondulante de activación e inactivación sincrónica y lenta, más cuanto más profunda es la fase. Toda la corteza se activa y se inactiva rítmica y sincrónicamente, cada vez más lentamente. Por eso la fase 3 de sueño no REM se conoce también como sueño de ondas lentas. En este estado la actividad mental consciente va disminuyendo hasta desaparecer. Es el momento del sueño en el que perdemos por completo la conciencia, y en el que estamos más profundamente dormidos y es más difícil que nos despierten. En las primeras horas de sueño es cuando más sueño profundo hay. Por eso las primeras horas de sueño son las de un sueño más continuo y profundo, por eso es más difícil que nos despierten a las 2 ó las 3 de la mañana que a las 5 ó las 6.

 

La actividad mental bulle

 

Durante el sueño REM la corteza cerebral funciona de manera intensa y des-sincronizada, de manera similar a como lo hace en vigilia. De hecho el electroencefalograma durante el sueño REM es prácticamente indistinguible del que obtendríamos de un sujeto despierto y activo. En este estado sí que tenemos actividad mental consciente, aunque desconectada del mundo exterior, los sueños. Mientras la actividad mental bulle, el cuerpo está paralizado, sin tono muscular, a excepción de la musculatura para la respiración y la musculatura que mueve los ojos, que lo hacen rápidamente y como en salvas (de ahí el nombre REM, rapideyemovement en inglés). Por coexistir un estado de intensa actividad mental (aunque desconectada del mundo externo) con un cuerpo paralizado el científico francés Michel Jouvet, otro de los grandes del sueño y que falleció en 2017, llamó al sueño REM sueño paradójico.

Durante la noche se suceden las distintas fases de sueño no REM con un período de sueño REM, y este ciclo de sueño se repite, normalmente, 4 ó 5 veces.

El sueño no REM, con su machacona y rítmica actividad, es fundamental para asentar lo que hemos aprendido durante la vigilia. Es como si el cerebro re-ensayara una y otra vez los aspectos más importantes de la experiencia. El sueño no REM también es fundamental para la reparación fisiológica del cerebro y de todo el cuerpo. El sueño REM permite que el cerebro imagine nuevos escenarios y proyecte al individuo hacia el futuro, además de servir para sanar las heridas emocionales del pasado.

En 2015 la American Academy of Sleep Medicine recomendó que un adulto sano debería dormir, al menos, 7 horas cada noche de manera regular. Esta recomendación se basa en la evidencia científica, hoy firme, de que dormir menos de ese tiempo está en relación con el desarrollo de dolencias como la diabetes, la obesidad, la depresión, los accidentes cerebrovasculares, las dolencias cardíacas, y la disfunción del sistema inmunitario, y también se asocia a mayores tasas de mortalidad. Nótese que para dormir 7 horas hay que estar en la cama unas 8, ya que no estamos durmiendo todo el tiempo que estamos en la cama.

En las últimas décadas se ha avanzado mucho en el descifrado del funcionamiento del cerebro durante el sueño y en el conocimiento de cómo esta actividad modula el estado cognitivo y emocional y repara el organismo. Por fin hemos iniciado el camino para comprender los detalles de estos procesos y quién sabe si, tal vez, poder manipularlos a nuestro favor.