Fiestas navideñas, al calor del hospital

Dra. María HerreraJefa del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario Infanta Elena de Valdemoro (Madrid).

27 diciembre, 2018

Muchas personas están ya pensando en las fiestas navideñas, preparando maletas para retornar a sus lugares de origen, diseñando el menú de comidas y cenas para los días señalados o ultimando las listas de deseos para Papá Noel o Reyes Magos, según las preferencias. Pero no todos podrán hacer como el protagonista de aquella marca conocida de turrones y volver a casa por Navidad. Unos porque tendrán que trabajar esos días y otros porque, por desgracia, tienen la salud renqueante y deberán pasar esos días señalados ingresados en un hospital, soñando con que el próximo año empiece mejor que como va a acabar este. Muchos de ellos son mayores, y cada vez serán más, si tenemos en cuenta el progresivo envejecimiento de la población española. En 2050 se estima que uno de cada tres habitantes tendrá más de 65 años.

Estos datos requieren un cambio de paradigma en todos los ámbitos, también en el sanitario, que de hecho ya se está adaptando para conseguir los mayores sean cada vez más activos y menos dependientes para que ganen en calidad de vida y para contribuir a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. Pero, ¿qué pasa con los que están ya ingresados? En estos casos, los hospitales trabajan para implementar nuevas herramientas que contribuyan al bienestar de este colectivo, detectando sus necesidades y trabajando de manera individual con ellos para prevenir la pérdida, mantener o mejorar su autonomía. Y aquí no hay navidades que valgan, los 365 días del año debemos velar por que esa estancia hospitalaria sean lo menos traumáticas posible.

En nuestro caso, hemos puesto en marcha recientemente un programa del Paciente Frágil que busca evitar el deterioro funcional en los pacientes mayores durante su estancia hospitalaria. Para que, al alta, al margen de la solución de la patología por la que ingresan, su situación funcional sea lo más parecida posible a la que tenían en el domicilio de forma previa a su hospitalización.

Para conseguir esos objetivos lo primero es identificar precozmente a los pacientes con más riesgo de sufrir algún tipo de deterioro, y hay varios factores que pueden servir como señal de alarma: la edad, la pérdida de peso, disminución de la marcha, sarcopenia, etc. Y, a partir de ahí, definir un programa específico para evitar el citado deterioro funcional en el paciente, con medidas como la realización de ejercicio físico durante el ingreso (adaptado a su situación clínica),. Además, en nuestro hospital todos los pacientes que cumplen los criterios cuentan con una pulsera de actividad que registra los pasos diarios que realizan para motivar la deambulación y el ejercicio físico.

Junto a estas medidas se implementan otras para promover los autocuidados (estrategias para vestirse solos, uso de espesantes en el caso de pacientes con disfagia o dificultad para la deglución, etc.) y la continencia urinaria (uso autónomo del baño…). Y para todo ello, la colaboración de familiares o cuidadores es fundamental, sobre todo en estas fechas señaladas en las que la sensación de soledad o tristeza de nuestros pacientes mayores puede acentuarse. La terapeuta ocupacional del equipo que enseña a nuestros mayores a mantenerse independientes y recuperar destrezas también instruye a los familiares y cuidadores para continuar esta terapia tras el alta… Asimismo, familiares y profesionales sanitarios no estamos solos, cada año son más las organizaciones sin ánimo de lucro que contribuyen a que los mayores pasen lo mejor posible esos días en el hospital

El objetivo final es adaptarse al paciente, en lugar de que sean ellos quienes tengan que hacer ese esfuerzo. Mejorar la funcionalidad del paciente y la relación familiar, fomentando así el cuidar bien y dejarse cuidar, tan importante en las fases avanzadas de la vida y aprender que cuidar es el mayor acto de amor.

Y cuando llegue esa deseada alta hospitalaria tenga también menos riesgo a ser derivado a residencias u hospitales de apoyo, tenga menos reingresos y un menor índice de depresión, así como una menor sobrecarga del cuidador. Y por qué no, para que cada navidad sea feliz, con independencia de dónde la celebremos.