¿Una mascota como regalo? Cuidado con las alergias inesperadas

Doctoras Lourdes Arochena y Mar Fernández NietoDel Servicio de Alergología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

3 enero, 2019

Las nuevas tecnologías han ganado presencia en las cartas a los Reyes Magos de los últimos años. Videojuegos, tabletas, móviles u ordenadores se abren hueco entre muñecos, construcciones y bicicletas. Pero junto a ellos, inertes todos, a veces también quienes quieren empezar más acompañados el año y piden una mascota a sus majestades. En España es bastante habitual. Según la Fundación Affinity, el 43 por ciento de los hogares tiene al menos  una mascota, lo que equivale a unos 20 millones de animales domésticos.

El problema es que su presencia, siempre cargada de buenas intenciones, en ocasiones lleva aparejadas alergias hasta el momento desconocidas. Las más frecuentes son a perros o gatos, y son cada vez más frecuentes.

Los síntomas son similares a los causados por cualquier otro alérgeno y van desde estornudos, congestión nasal, picazón en ojos y nariz, tos a dificultad para respirar o dolor u opresión en el pecho. Y la intensidad es mucho mayor por la noche, lo que hace que muchos afectados puedan olvidarse de ellos durante algunas horas. Durante el día solemos estar trabajando o fuera de casa, lejos de nuestras mascotas, pero por la noche es cuando se suelen alcanzar los valores ambientales de alérgenos más altos, de ahí que aparezcan con más frecuencia ataques de asma.

El diagnóstico se hace mediante una prueba en la piel, con un simple análisis de sangre que permite determinar qué alérgeno o proteína causa la alergia. De hecho, el diagnóstico molecular ha permitido describir una proteína muy importante en el desarrollo de la alergia al perro macho, procedente de su próstata.

Con dejar de tocar al animal no basta

Y una vez confirmado, no basta con dejar de tocar al animal. Los alérgenos que causan la alergia a los mamíferos no sólo están en su epitelio, pelos. De hecho, están en mayor concentración en su saliva, orina, etcétera. Además, el lugar de exposición no sólo es tu casa, dado que los alérgenos pueden viajar en el pelo o ropa de los dueños y causarte síntomas cuando menos te lo esperas.

El sentido común indica que evitar la exposición debería ser la principal medida de tratamiento. Pero, como sabemos, el ser humano no siempre se guía por el sentido común y lucha por imponer sus deseos. Además, existen casos de pacientes que no pueden evitarlo, bien por motivos profesionales (veterinarios o investigadores, por ejemplo) o personales (personas invidentes que necesiten perro-guía).

Para todos estos casos, tanto para el que no puede alejarse de ellos como para el que no quiere, existe la posibilidad de la inmunoterapia (vacunas) pero siempre teniendo en cuenta que su indicación es individual. No todas las vacunas para la alergia a animales son iguales, existiendo muy buenos productos en el mercado para la alergia al perro, gato o caballo, pero otros sin ninguna eficacia. Por ello, es preciso consultar siempre a un alergólogo de confianza que, además, pueda pautar también un tratamiento sintomático en caso de rinitis o asma. Lo que haga falta para que tu fiel compañero no se acabe convirtiendo en tu peor enemigo.