El verano con salud, sabe mejor: principales enfermedades de los niños en época estival

Dr. Fernando CabañasJefe del Servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y el Hospital Quirónsalud San José

8 agosto, 2019

Si hay alguien que espera con ganas la llegada del verano son los niños. Supone el fin de las clases, el inicio de los chapuzones en playas o piscinas, anochece más tarde y, por tanto, hay más tiempo para jugar en la calle. Y como colofón, también es el momento de disfrutar unos días en familia en el destino elegido por los más mayores de la casa. Ante este panorama, habría que hacer todo lo posible para no descuidar la salud y evitar caer enfermo pero, por desgracia, no siempre sucede así y las consultas de Pediatría nunca pueden cerrar por vacaciones. Y es que, aunque el verano y las vacaciones invitan a relajarse, con la salud nunca hay que bajar la guardia, y por eso es importante remarcar los principales problemas de salud que acechan a nuestros pequeños durante los meses de verano:

  1. Deshidratación. Una de las grandes amenazas del verano, especialmente los días de mayor calor, es la pérdida excesiva de líquidos del cuerpo. La deshidratación se produce cuando la salida de agua y sales (a través del sudor, la micción o las heces,) es superior a la entrada de éstas en el cuerpo. Esto puede provocar golpes de calor, vómitos e incluso fiebre. El principal síntoma es la sed, pero también puede servir como señal de alerta no orinar mucho, dolor de cabeza, piel y boca secas o latidos cardiacos más rápidos de lo habitual. Además, los bebés son especialmente vulnerables dado que el porcentaje de agua en su cuerpo es mayor y su equilibrio es más débil. Y son demasiado pequeños para pedir agua cuando tienen sed, lo que obliga a los padres a estar pendientes de hidratarles de forma continuada.
  2. Infecciones fúngicas. Se suelen adquirir al caminar descalzo por zonas húmedas y cálidas, y las piscinas son uno de los principales focos. La más habitual es el denominado pie de atleta, que tiene una duración breve o prolongada según el tipo de hongo. Para prevenirlos lo más recomendable es utilizar chanclas para caminar por el borde de las piscinas, y también en las duchas, donde más proliferan. Y tras el baño, secarse bien los pies y no compartir toalla ni calzado. En caso de que aparezcan el tratamiento es sencillo, mediante cremas antimicóicas o antifúngicos.
  3. El exceso de humedad en una cavidad normalmente seca, así como la falta de higiene, constituyen el caldo de cultivo más favorable para la proliferación de los casos de infección del conducto auditivo externo. Provocada por la colonización de bacterias patógenas presentes en el agua de playas y piscinas, el síntoma fundamental suele ser el dolor a la manipulación del cartílago que forma el pabellón auditivo. En ocasiones puede aparecer una secreción purulenta, a veces también maloliente, que rellena en mayor o menor medida el propio conducto auditivo. Pese a todo, la lista de medidas preventivas es reducida, más allá de un buen secado de la zona en cuestión.
  4. Picaduras de insectos. Una de las consultas más frecuentes en verano dado que es cuando hay más insectos. Suelen provocar reacciones locales, edemas, enrojecimiento y picor intenso. Y cuando se producen lo importante es lavar bien la zona afectada, con agua y jabón, y desinfectar bien la herida y aplicar frío en caso de que la hinchazón sea considerable (sobre todo si la picadura es de abeja o avispa). Si hay fiebre es aconsejable ir al pediatra, ya que puede haber infección. Además, en un número pequeño de niños puede haber una alergia a una picadura y, en ese caso, es necesario un tratamiento lo antes posible.
  5. Intoxicaciones alimentarias. En esta época del año suelen producirse al comer algo en mal estado por efecto del calor, aunque también por la falta de higiene, y puede provocar cuadros estomacales como gastroenteritis, con diarreas o vómitos. Dado que es más habitual comer fuera de casa, hay que estar atentos a una adecuada conservación y preparación de los alimentos, y el principal tratamiento es la hidratación abundante con suero oral que venden específicamente en las farmacias, sostiene el pediatra, ya que ayuda a reponer lo que se pierde en las deposiciones, y tomar una dieta adecuada a la edad evitando periodos de ayuno, grasas y azúcares. Si las pérdidas siguen siendo mayores que la ingesta (por ejemplo por diarrea abundante, o vómitos) hay que acudir a un servicio de Urgencias.
  6. Infecciones urinarias. Más frecuentes en niñas, suelen tener el mismo origen que las fúngicas o las otitis: exceso de humedad, en este caso por llevar el bañador mojado. Además, el agua demasiado fría también influye ya que la zona urinaria en verano queda desprotegida y es más vulnerable. Los principales síntomas son escozor al miccionar, un color turbio en la orina y dolor en el costado. Lo recomendable es tener recambio preparado para que los pequeños no pasen mucho tiempo con el bañador mojado y, una vez contraída la infección, beber mucho líquido para orinar más y conseguir expulsar el virus o bacteria causante de la misma.
  7. Faringitis y bronquitis. Aunque son muy comunes durante todo el año, en verano están causadas por los cambios bruscos de temperatura a los que nos enfrentamos cuando pasamos de un espacio con aire acondicionado demasiado frío al calor intenso de la calle. O por abusar de bebidas frías, helados, etc. Los síntomas más frecuentes son tos, rinorrea clara y dolor de garganta. Para prevenirlas o tratarlas hay que hidratarse bien y, en caso de asociarse una fiebre elevada o dificultad para tragar, es preciso que sea evaluado por un especialista.
  8. Corte de digestión. También provocado por un cambio brusco de temperatura, cuando pasamos de estar mucho tiempo al sol a entrar en contacto con agua muy fría, los síntomas más frecuentes son mareos, visión borrosa, sensación de náuseas o dolor de cabeza. Para prevenirlo no hay que apelar a la clásica advertencia de esperar dos horas para bañarse después de comer, pero sí a la conveniencia de no realizar una inmersión brusca en el primer remojón sino progresiva, para adaptarse a la temperatura del agua de forma paulatina.