Hígado graso: cuando nuestro hígado acaba siendo foie

Dra. Sonia García VizueteJefa de Servicio de Medicina del Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Sur en Alcorcón (Madrid)

9 enero, 2020

El hígado de cerdo, que vemos en la carnicería para hacer filetes, que es de un color rojo vinoso, brillante, es un hígado sano. Pero cuando compramos la delicatesen del foie de pato o de oca, lo que nos encontramos es un tejido amarillento, duro y consistente, que, al cocinarlo, se deshace prácticamente en grasa.

Pues bien, cuando a una persona se le diagnostica «hígado graso» (o, técnicamente, esteatosis hepática), lo que le ocurre a su hígado es que se está empezando a convertir en foie.

Para producir esa acumulación anormal de grasa en los animales, lo que se hace es cebarlos y sobrealimentarlos, y algo de eso hay también en el hígado graso de las personas.

Todos los bebedores de alcohol en exceso tienen hígado graso, pero la mayoría de las esteatosis que diagnosticamos no están asociadas al alcohol. Se ven en personas con algo de sobrepeso, o directamente obesas, debido, en la mayoría de los casos, a una vida sedentaria y a unos mejorables hábitos de alimentación. Además, estos pacientes suelen tener diabetes del adulto o, al menos, lo que llamamos resistencia periférica a la insulina. También suelen tener altos los niveles de triglicéridos y colesterol.

Hasta hace poco tiempo, los médicos creíamos que este hígado graso, llamémosle «metabólico», era poco importante para el hígado y nos preocupaban sobre todo los factores causales porque son muy perjudiciales para la salud en general, ya que constituyen lo que llamamos «síndrome metabólico», asociado a enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, se ha visto que hasta la mitad de las personas con esteatosis tienen cambios importantes en su hígado, que pueden derivar en una enfermedad inflamatoria llamada «esteatohepatitis no alcohólica», e incluso en cirrosis o cáncer hepático. El problema es que esta degeneración es silenciosa, y, en muchos casos, ni siquiera produce alteración en los análisis del hígado, porque las transaminasas de estas personas son normales. A veces, encontramos este problema incluso en niños, debido a la obesidad infantil.

No tenemos ningún medicamento para tratar el hígado graso no alcohólico, no hay ningún fármaco, suplemento, depurativo o producto de herbolario capaz de «limpiar» el hígado como quien quita la grasa de una sartén poniendo mucho detergente. La única manera es el método lento y sacrificado de corregir las causas que lo producen, es decir, comer mejor y menos, de modo que se pueda perder peso y bajar el colesterol y los triglicéridos y controlar la diabetes. A veces, puede ser necesario también tomar medicamentos que ayuden a disminuir las cifras de glucosa o de grasas en la sangre.

Para estas personas no hay una cantidad saludable de alcohol, no deben consumirlo nunca. Y, como siempre, lo recomendable, es una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, con carnes y pescados poco grasos, y no tomar, en lo posible, alimentos procesados, harinas o azúcares refinados, ni grasas perjudiciales. Además, es imprescindible ser lo más activo posible, haciendo deporte y, si la edad y condiciones del paciente lo permiten, un ejercicio lo más intenso que se pueda. Si no se puede hacer deporte, al menos, caminar cuanto más mejor, usar las escaleras, hacer ejercicios como pilates o yoga, que son poco intensos, o cultivar un huerto, el caso es moverse.