Toxoplasmosis y embarazo, cómo evitarla

Dr. Miquel Àngel JiménezJefe del Servicio Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor de Barcelona

27 mayo, 2021

Las mujeres embarazadas que vienen al servicio de Ginecología y Obstetricia suelen consultar normalmente por la alimentación que deben llevar durante la gestación, ya que puede existir una posibilidad de contagiarse de toxoplasmosis. La toxoplasmosis es una enfermedad infecciosa originada por un parásito, el Toxoplasma gondii, un microorganismo unicelular que afecta al 30 por ciento de la población mundial. Este parásito puede vivir dentro de las células de los mamíferos y la infección se suele contraer por varios motivos: si se come carne contaminada (sobre todo de cerdo, venado o cordero); si se tiene contacto con heces de gato o tierra (verduras mal lavadas), infectadas de huevos de Toxoplasma gondii y, durante el embarazo, la madre se la trasmite al hijo.

El peligro que supone la infección de toxoplasma gondii durante el embarazo depende del momento de la gestación. El parásito es capaz de atravesar la pared placentaria e infectar al feto, si lo hace durante el primer trimestre de embarazo, los daños que sufrirá el bebé serán más graves. Esta enfermedad es difícil de detectar, no suele presentar síntomas y, si una persona se infecta, los síntomas se pueden confundir con una gripe: dolor de cabeza, muscular, fiebre, inflamación de los ganglios linfáticos. Sin embargo, si quien sufre la infección es una mujer embarazada, puede afectar al sistema nervioso, sanguíneo y ocular, del feto.

Como dato, tan solo el diez por ciento de las mujeres infectadas con el parásito tiene síntomas visibles, eso sí, una vez pasada la infección, se desarrolla inmunidad. De hecho, cerca del 20 por ciento de la población, tiene anticuerpos para la toxoplasmosis por haber estado en contacto con el protozoo en algún momento. Sin embargo, hay que tener cuidado en un primer embarazo si no se sabe si se tienen o no anticuerpos. Por eso es importante tomar una serie de precauciones, sobre todo en el primer trimestre de gestación.

Es importante que la carne que se ingiere esté bien cocinada y se debe congelar a una temperatura por debajo de los 18 grados bajo cero, durante 48 horas antes de consumirla. En la medida de lo posible, evitar los embutidos crudos y el jamón en este primer trimestre de embarazo, ya que pueden tener toxoplasmosis. Pero si se tiene “antojo” de comer chorizo, por ejemplo, basta con pasarlo por la sartén, a una temperatura superior a los 65 grados, pues el parásito muere a altas temperaturas de cocción.

Aunque es una obviedad, no está de más recordar la importancia de lavarse las manos antes y después de manejar los alimentos. Desinfectar con agua caliente y jabón los utensilios de cocina, sobre todo los cuchillos y las tablas donde solemos manipular antes de cocinar la carne o las verduras, con esto se evita la contaminación cruzada.

La leche y los derivados lacteos, deben consumirse siempre pasteurizados. Si se comen frutas y verduras frescas, lavarlas frotándolas para retirar cualquier posible contacto con el parásito. Es aconsejable, pelar la fruta después de lavarla.

Si vamos a trabajar en el jardín o a manipular la tierra de las plantas, se debe hacer con guantes y lavar bien las manos después. Si se tiene como mascota un gato, se debe evitar tener contacto con la arena y las heces del animal, que no tenga contacto con gatos callejeros y mantener una alimentación a base de pienso y comida húmeda, desechando la carne cruda

Si a pesar de todo, la madre contrae la infección durante el embarazo, su ginecólogo le pautará un tratamiento a base de antibióticos para evitar la transmisión al feto. Si éste ha sido infectado, se puede administrar otro tratamiento a la paciente combinando dos tipos de antibióticos durante un mes para reducir en la medida de lo posible cualquier daño al bebé.