Valle de Alcudia

Castilla-La Mancha, el encanto del mundo rural

El turismo rural nos pemite disfrutar de unas vacaciones fuera de lo convencional, de destinos acogedores sin grandes desplazamientos, y para ello Castilla-La Mancha es un destino perfecto. La región alberga rincones de ensueño, llenos de paz y sosiego para disfrutar de su naturaleza, de su luz y de un patrimonio muchas veces desconocido, no exento de grandes espacios y del sabor de una tierra única. Porque Castilla-La Mancha es turismo rural y no puedes perdértelo.

Luis M. García

3 agosto 2020

Está ahí mismo, a unos kilómetros desde cualquier parte. Castilla-La Mancha ofrece un mundo único de turismo rural y está al alcance de tus manos. La región ofrece rincones singulares en entornos incomparables, de una riqueza natural, histórica y cultural inigualables, avalados por la codialidad y la hospitalidad de sus gentes.

Muchos rincones de la geografía castellano-manchega llevan décadas siendo destinos privilegiados para los amantes de las escapadas rurales, ya que la comunidad ofrece al viajero otra forma de ver y de disfrutar de las cosas que, en ocasiones, supone una vuelta al pasado, a los orígenes.

Son rincones para dar paseos relajados, para visitar con calma, para gozar de comidas reposadas, de estancias serenas, de amenas charlas bajo las estrellas. Es imposible no sucumbir a estas tentaciones, ancladas al terruño que el turismo rural ofrece en Castilla-La Mancha.

Allí nos esperan las comarcas del sur de Albacete, el Valle de Alcudia en Ciudad Real, las sierras del norte de Guadalajara, las planicies manchegas de Toledo y Albacete o la Serranía de Cuenca. Lugares que rezuman tranquilidad y sencillez con el aliciente del encanto paisajístico o la riqueza de sus pequeños pueblos con una historia milenaria.

Castilla-La Mancha aporta la armonía de un entorno de espectacular de belleza natural y esencias culinarias sencillas y humildes, pero siempre de asombrosos sabores, descanso y placer. Por eso la región es un destino muy recomendable que ya figura entre los más apreciados de toda España por quienes se decantan por el turismo rural y lo disfrutan.

Una oferta inagotable

La oferta que la comunidad castellano-manchega ofrece al visitante es tan amplia y variada que resulta casi imposible resumirla, pero sí podemos destacar en una pocas líneas algunas de sus virtudes, su calidad y diversidad, con propuestas que van desde el turismo ecológico al enológico pasando por el cultural, el gastronómico o el de aventura.

Los entornos de los parques nacionales de Cabañeros y las Tablas de Daimiel son únicos y sorprenden por mucho que te lo cuenten. Cabañeros es el ecosistema de bosque mediterráneo mejor conservado de España, mientras que las Tablas representa el máximo exponente de la Mancha Húmeda, un lugar privilegiado catalogado como Reserva de la Biosfera por la UNESCO.

Foto del Parque Nacional de Cabañeros

Pero hay mucho más. Las Lagunas de Ruidera y sus pueblos aledaños son un espectáculo de aguas turquesas, con cascadas y chorreras, que furon inmortalizadas por Miguel de Cervantes en Don Quijote de la Mancha y que encierra rincones llenos de magia, como la famosa Cueva de Montesinos en Ossa de Montiel. Muy cerca se extiende el volcánico Campo de Calatrava, con sus manantiales termales y hervideros, y pueblos con un sabor muy rural en los que destaca la riqueza patrimonial, como Almagro o Calzada de Calatrava.

Hacia el sur se extiende el Valle de Alcudia, tradicional zona de invernada para los rebaños de ovejas trashumantes. Allí, las encinas salpican un paisaje de una belleza sinigual, salpicado con importantes vestigios del pasado, como la antigua ciudad romana de Sisapo, en las cercanías de La Bienvenida. No muy lejos aparece la silueta de Sierra Madrona, con sus famosos balnearios y su riqueza cinegética, un lugar destacado para la observación de las estrellas y calificado por ello como Destino Starlight, como lo es la Serranía de Cuenca, con sus cielos limpios y oscuros.

Otro enclave muy apreciado pos su belleza natural son las Hoces del Cabriel, en la provincia de Cuenca, e igualmente hoces y cañones similares encontramos, en otros puntos de La Manchuela, comarca repartida entre las provincias de Albacete y Cuenca, con localidades como Alcalá del Júcar o Jorquera que sirven de perfectos «centros de operaciones».

Las tierras de Hellín y Tobarra dan paso a las sierras de Alcaraz y Segura, con entrañables rincones como Ayna, apodada la «Suiza Manchega»; Alcaraz, Nerpio, Bogarra, Liétor o Elche de la Sierra. Hacia el oeste, cerca de Riópar, se encuentra el nacimiento del río Mundo, un lugar de visita obligada.

Naturaleza en estado puro

Cuenca y su Serranía son naturaleza en estado puro, con espectaculares rincones y coquetos pueblecitos donde se vive de manera sencilla, tranquila y apacible en contacto con la tierra. Villalba de la Sierra, Vega del Codorno, Poyales, Cañamares, Cañete o Villar del Humo son claros ejemplos de ello.

La visita a sus parajes singulares no puede dejar de incluir el nacimiento del río Cuervo, el Ventano del Diablo, la Ciudad Encantada, las hoces de Beteta y Solán de Cabras, los Callejones de las Majadas, el Parque Cinegético de El Hosquillo, las lagunas de Uña, el Tobar y del Marquesado, el nacimiento del río Júcar o la hoz de Tragavivos.

Foto del Parque Cinegico de El Hosquillo

Al norte de la región, en Guadalajara, sorprenden las parameras donde se levanta Molina de Aragón y su rico patrimonio. Y no muy lejos está ubicada la entrada al Parque Natural del Alto Tajo, un paraje de agrestes sierras y amplios pinares con el agua como hilo conductor, en el que se levantan pequeños pueblos con encanto: Peralejos de las Truchas, Poveda de la Sierra, Villar de Cobeta, Taravilla, Peñalén, Zaorejas…

Las cotas más altas de Castilla-La Mancha se localizan en la Sierra de Ayllón, en la provincia de Guadalajara. Por sus laderas se extienden los pueblos de la arquitectura negra, pequeños enclaves bucólicos, cuidados y silenciosos escenarios de un mundo rural al abrigo de la naturaleza. Tamajón, Campillo de Ranas, Majaelrayo, Campillejo, El Espinar, Roblelacasa, Robleluengo, Almiruete, Valverde de los Arroyos o Umbralejo son algunos de los pueblos y aldeas que muestran esta peculiar arquitectura popular que configura un paisaje único de enorme valor etnográfico.

Es más que recomendable pasear por el Hayedo de Tejera Negra, considerado como una reliquia botánica, puesto que es el hayedo más meridional de Europa y con la llegada del otoño la coloración de sus bosques le confiere un mágico encanto.

Las altas tierras de Sigüenza ofrecen también un bello entorno rural en el que sierras y parameras se ven surcadas de cañones como el del Barranco del Río Dulce. Pequeñas ermitas románicas, castillos en los altos cerros, aldeas y localidades con encanto austero e intenso salpican estas geografías, en las que conviene detenerse en la riqueza patrimonial de Sigüenza y en pueblecitos como Carabias, Palazuelos, Atienza, Cantalojas, Albendiego, Campisábalos, Villacadima o Galve de Sorbe.

Foto del Castillo de Sigüenza

Páramos, extensas campiñas tapizadas por fértiles vegas, valles y cerros, y un asombroso conjunto de arquitectura popular salpicada de ciudades monumentales cargadas de historia es lo que ofrece la Alcarria, descrita como nadie por Camilo José Cela en su literario Viaje a la Alcarria. Jadraque, Hita, Torija, Brihuega, Trillo, Cívica, Sacedón o Pastrana muestran un pasado histórico con una asombrosa variedad de paisajes y entornos naturales.

Viñedos y olivares entre molinos de viento

De las tierras alta del norte de la región pasamos a las grandes planicies manchegas, donde los viñedos y los olivares salpican unas tierras llenas de labor, en las que sobresalen en lo alto de los cerros las siluetas de sus quijotescos molinos de viento.

Es una tierra de pueblos ricos en arquitectura popular, marcada por sus paredes encaladas con rodapiés pintados de añil: Alcázar de San Juan, Consuegra, El Toboso, Tomelloso, Campo de Criptana, Villarrobledo, Mota del Cuervo, Manzanares, Socuéllamos, San Clemente, Belmonte, Esquivias… La lista es interminable y en todos ellos la esencia más rural está muy ligada al espíritu cervantino que se descubre en las calles, plazas y caseríos. No muy lejos, en el Campo de Montiel, se levanta su imponente caserío en la monumental Villanueva de los Infantes.

Los Montes de Toledo y la comarca de La Jara ofrecen, además, una naturaleza cuajada de jaras, encinares, robledales y todo el encanto del bosque mediterráneo, con pequeños pueblos con un encanto particular alejados de los ajetreos: Los Navalucillos, San Pablo de los Montes, Hontanar, Orgaz, Los Yébenes, Las Ventas con Peña Aguilera o Robledo del Mazo… Son tierras de ciervos, de corzos, de jabalíes, de rapaces y buitres, y hay que recorrerlas con calma, empapándose de una arraigada identidad rural.

Foto del Castillo de Bayuela

Todavía en la provincia de Toledo, lindando con Gredos, se levanta la Sierra de San Vicente. Pinos, robles y castaños se adentran en tierras de pequeños núcleos urbanos que no defraudan al visitante, como El Real de San Vicente, La Iglesuela, Castillo de Bayuela o San Román de los Montes.

La tierra que nunca defrauda

Y como postre a este viaje rural, cercano y alejado de masificaciones hay en la región castellano-manchega otros sitios dispersos, aislados, con esa magia especial de lo desconocido. Nunca defraudan y encierran una delicada riqueza patrimonial. Valgan como ejemplos la iglesia de San Juan Bautista en Alarcón (Cuenca) con sus espectaculares pinturas murales que le han valido el reconocimiento de la UNESCO; la iglesia de Santa María de Melque en San Martín de Montalbán (Toledo), un auténtico tesoro de origen visigodo; la ermita de Santa Coloma en Albendiego (Guadalajara), con su sobrio estilo románico; la ermita de Nuestra Señora de Belén en Líetor (Albacete) y sus exquisitas pinturas del siglo XVIII; o el monumental Monasterio de Uclés (Cuenca).

Foto de la iglesia de San Juan Bautista en Alarcón

Ya decía Henry Miller que «nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas». Es una frase brillante, aunque incompleta en Castilla-La Mancha. Porque en esta región de encanto natural habría que añadir, además, que hay lugares que te hacen ver las cosas de otra manera.

El viajero sabe mejor que nadie que los destinos en armonía con el entorno son aquellos que despiertan los sentimientos y nos permiten relajar cuerpo y espíritu. En esos viajes vemos la vida de otro modo, algo que hoy se nos antoja más necesario que nunca. Qué mejor que comprobarlo en una tierra que nunca defrauda, como Castilla-La Mancha.