Opinión

Barcelona y las libertades

Ada ColauAlcaldesa de Barcelona

11 septiembre, 2018

Uno de los legados más importantes que nos deja la Ilustración ha sido el conjunto de derechos y libertades civiles que constituyen el fundamento de nuestra democracia: la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad de de culto. Un legado que Barcelona lleva en su sangre y que ha hecho suyo a lo largo de su historia a través de la música, la prensa, las publicaciones satíricas, el arte y la movilización ciudadana: desde las manifestaciones a favor de la libertad de prensa hasta la campaña de ‘No callarem‘, que denuncia la persecución de artistas y cantantes frente a la aprobación de la ‘Ley Mordaza’ y la reforma del Código Penal.

Desgraciadamente, estos siete años de gobierno del Partido Popular han significado una importante regresión en derechos y libertades. La aprobación de la Ley Mordaza, la aplicación del 155, los encarcelamientos de políticos independentistas, las condenas a cantantes y la criminalización de la disidencia son algunos de los ejemplos de un Gobierno que ha estado débil con los fuertes y fuertes con los débiles, que regalaba amnistías fiscales a la vez que perseguía a raperos por defender ideas republicanas o enviaba a la Policía a cargar contra ciudadanos que demandaban el derecho a ser escuchados en un referéndum. Así pues, echar al Gobierno de Rajoy era un imperativo democrático y la única manera de evitar que el país no cayera por la peligrosa pendiente del autoritarismo.

Ahora, es urgente pasar de las palabras a los hechos: es urgente derogar la Ley Mordaza, frenar la judiciliación de la política y comprometerse en conseguir una rápida liberación de los presos políticos, dado que cada día es más evidente que las imputaciones por rebelión son insostenibles. De la misma manera que exigir la libertad de los presos políticos no tendría que ser entendido como una demanda independentista sino como un clamor democrático y un paso necesario para desescalar en el conflicto, defender la necesidad de un debate sincero sobre las consecuencias de optar por la vía unilateral no tendría que ser entendido como un acto de traición sino como un ejercicio de rendición de cuentas y asunción de responsabilidades necesario en toda democracia.

Ahora bien, esta situación de regresión de derechos y libertades no ha pasado únicamente en el Estado español sino que afecta a un número creciente de países como Estados Unidos, Italia, Hungría… En todos estos países, las amenazas a los derechos y libertades nacen de la voluntad de separar un nosotros de los demás, de convertir aquellos colectivos más débiles en un chivo expiatorio de las inseguridades y los miedos generados por la crisis que aún arrastramos. Es por eso que es un motivo de orgullo que en Barcelona el racismo y la xenofobia no hayan conseguido hacerse hueco después de los atentados del 17 de agosto; que continuamos queriendo acoger, ser una ciudad refugio para todas las personas que huyen de la guerra y el terror. Porque sabemos sabemos que el terror que hemos viviendo en Barcelona, París, Berlín o Londres es también el terror que sufren diariamente las ciudades sirias, iraquíes o afganas. Pero, en ningún caso podemos bajar la guardia. Hemos de estar vigilantes ante la posibilidad del ascenso del racismo, la islamofobia o el fascismo.

Es importante separar la defensa de la libertad de expresión y la permisividad con las ideas fascistas, xenófobas o machistas. No se trata de limitar aquí la posibilidad de expresar y confrontar ideas sino evitar que los discursos de odio tengan cabida alguna en nuestra sociedad, en tanto que su objetivo no es expresar una idea u opinión sino herir o atacar a colectivos vulnerables. Nuestra primera responsabilidad tiene que ser defender a aquellos colectivos y personas que no tienen las capacidades o los medios para defenderse. Es por este motivo que desde el Ayuntamiento de Barcelona cerramos la Librería Europa, no por vender libros sino por haberse convertido en uno de los principales centros de difusión de las ideas negacionistas y de coordinación de grupos fascistas. Es por este motivo que hemos elaborado un plan contra la islamofobia, un plan contra el antigitanismo y estamos trabajando para impedir la celebración de actos fascistas en la calle. El fascismo, el machismo y la xenofobia no pueden tener espacio en nuestra ciudad.

Sin embargo, hay que tener cuidado a la hora de determinar qué es y qué no es fascismo y evitar banalizarlo. Muchas veces, como consecuencia de la tensión política que se vive en Catalunya durante estos últimos años, partidarios y contrarios de la independencia han entrecruzado acusaciones de fascistas entre ambos bandos, lo que conduce a banalizar el fascismo.Si bien es cierto que existen grupos fascistas marginales, y que hay que denunciar su presencia, tampoco podemos exagerar una centralidad que no tienen.

Europa surgió como un proyecto político para defender los derechos y libertades alcanzados y evitar que el ascenso de los fascismos y autoritarismos de entreguerras volviese a repetirse. Hoy, cuando este sistema de libertades se encuentra de nuevo amenazado, ya sea en nombre de la seguridad, la integridad territorial o el miedo a la diferencia, es más importante que nunca defender una sociedad donde quepan y sean respetadas todas las ideas y todos los proyectos democtáticos. Barcelona seguirá trabajando como una ciudad comprometida con todas las libertades y para ser una capital abierta al mundo, fomentando la reflexión plural y el intercambio de ideas con vocación de aprendizaje y empatía.