Opinión

La justicia tuerta

Virginia Pérez AlonsoDirectora de Público

5 marzo 2020

[…] Pero subía a casa y no sabía cruzaba el salón y no sabía  siempre había algo que masticar algo negro partiéndome  el aire algo que no me correspondía pero allí estaba y yo  lloraba y lloraba y me decía así no se puede vivir qué estás  haciendo piensa en tu hija […]

«Piensa en tu hija», escribe Lara Moreno en el desgarrador poema para esta publicación que nos deja el alma en cueros al leerlo. Nos desnuda y nos revela en nuestra vulnerabilidad más extrema. Por eso se nos clava. Y nos duele.

«Piensa en tu hija» en medio de tu llanto; «piensa en tu hija» cuando la vida se te escapa; «piensa en tu hija» porque en ti dejaste de pensar hace ya tanto tiempo, porque tú ya eres insalvable pero ella no.

Insalvable.

Y cuando no hay «tu hija», piensas en la hija que vendrá (o no), en tus amigas, en tus hermanas… “Por mí y por todas mis compañeras”. Porque solas casi nunca creemos ser suficientes.

En esa huida hacia adelante que significa el «piensa en tu hija» (haya o no haya hija), muchas mujeres acaban en manos de la justicia. Y aquí comienza otro viaje que en España puede ser cualquier cosa menos un camino de rosas si eres mujer y denuncias una violencia ejercida contra ti solo por el hecho de haber nacido así, es decir, igual que el 51% restante de la población: simplemente mujer.

Las carencias y consecuencias de la aplicación de esta justicia patriarcal las hemos denunciado profusamente en Público a lo largo de los últimos años. Con datos, con testimonios, con recomendaciones de expertas y expertos. ¿Por qué entonces volver a recordarlas ahora?

Porque este 8M coincide con el reciente estreno de un Gobierno de signo progresista que tiene entre sus prioridades las políticas de igualdad, los cambios legislativos que reconozcan derechos y acometer cuanto antes cambios sustanciales en pro de las mujeres.

Es por tanto un momento propicio para poner sobre la mesa y diseccionar con precisión quirúrgica las urgencias y necesidades de esta justicia injusta que durante años ha movilizado al feminismo, y que ahora sacude a una sociedad entera que repudia sentencias como la de La Manada.

Una (in)justicia y una respuesta ciudadana que han llamado la atención de otros países, vecinos y lejanos, cuyos medios de comunicación se han preguntado cómo es posible que en un país como España, en la Europa del siglo XXI, una violación no sea considerada violencia machista o que nuestro Código Penal estipule que sin intimidación –medida en términos de resistencia de la mujer violada– no es violación.

Por eso en Público creemos que ha llegado el momento. Que ya es hora de abrir este debate de una manera seria y rigurosa, abordándolo desde distintos ángulos, pero siempre centrado en hechos y análisis; con un tono propositivo, aunque impregnado de una cierta urgencia, porque no puede seguir postergándose algo que tiene –o puede tener– consecuencias tan severas para la mitad de la ciudadanía, ni más ni menos.

Las páginas que van a leer a continuación quieren alimentar un debate público que deje a un lado la banalidad y los lugares comunes. No puede ser de otra manera cuando se trata de repensar un sistema que no funciona, una maquinaria que posiblemente nunca será perfecta porque está en manos humanas, pero que puede y debe contribuir a calmar, a reparar y a eliminar de una vez por todas los muros que tienen que saltar niñas y mujeres para acercarse adonde deben recibir protección y no castigo. Es inexcusable  buscar una justicia que se equilibre a partir del desagravio y no solo de la punición. Una justicia que sea, en resumen, más justa.

Para impulsar este debate hemos recogido voces de expertas, y también de otras mujeres que, de manera accidental, han terminado convirtiéndose en especialistas tras lidiar durante años con un sistema que no las ha escuchado (a veces ni siquiera las ha oído), que las ha mirado sin querer verlas, que no las ha entendido, que no las ha reparado, y que las ha dejado, en muchas ocasiones, más rotas de lo que ya estaban.

Hoy sigue siendo el día en que demasiadas mujeres acuden a la justicia en busca de ayuda y acaban siendo maltratadas por el propio entramado judicial. Aquí leerán, por ejemplo, los casos de Itziar o de Patricia. Son solo unas pocas lágrimas dentro de este océano de dolor y sufrimiento en el que flota a duras penas el sistema que debería haber cuidado de ellas, pero en el que irremediablemente se hunden quienes acudieron a él en busca de oxígeno.

Por eso no puede valernos con una justicia tuerta, que solo mira y ve por un ojo. Por eso es el momento de avanzar, de construir y de reconstruir.

Empecemos.