Soledad Murillo es actualmente profesora en la Universidad de Salamanca.- ALBERTO PRIETO DE PAULA Soledad Murillo es actualmente profesora en la Universidad de Salamanca.- ALBERTO PRIETO DE PAULA

Soledad Murillo: «El negacionismo ha ganado terreno por el silencio de la izquierda»

La hasta hace poco Secretaria de Estado de Igualdad afirma en esta entrevista que hay que clarificar los delitos sexuales en el Código Penal para no dejarlos a la interpretación de los jueces. Explica que el auge del discurso negacionista tiene que ver con el silencio de la izquierda y exige medidas sancionadoras al CGPJ ante sentencias machistas.

Marisa Kohan Revsin

5 marzo 2020

Si tuviese que hacer una radiografía sobre cómo está España en materia de justicia igualitaria, ¿qué destacaría?

Desde luego que seguimos siendo una referencia en la Unión Europea en cuanto a las leyes que tenemos y también en los mecanismos dentro de las propias comunidades autónomas. No sólo somos una democracia joven, sino que tenemos 17 comunidades autónomas, lo cual supone cierta complejidad. Otros países nos piden que les expliquemos cómo hacemos para tener en todas las comunidades autónomas una subdelegación del Gobierno con una Unidad contra la Violencia de Género, las unidades de ayuda y seguimiento a las víctimas… En fin, que hay una estructura muy interesante. También tenemos un sistema como Viogén, que no lo tiene ningún país, que es importante de cara a la protección de las víctimas. Y un Pacto de Estado apoyado por todas las fuerzas políticas excepto por Podemos, que no lo hizo porque exigía todavía más medidas. No hay ningún país en nuestro entorno europeo donde todas las fuerzas políticas se hayan puesto de acuerdo en que la violencia de género es una prioridad de la agenda política y que tiene que haber todos los años un presupuesto para que las administraciones públicas puedan hacerle frente.

¿En los últimos años España y Europa en general no se están quedando un poco atrás en sus legislaciones en materia de igualdad?

No creo que se estén quedado atrás. Lo que ocurre es que como España ha impulsado leyes muy valientes, ahora se espera que lo siga haciendo. Tenemos que modificar leyes que han sido muy limitativas para las mujeres. Estoy pensando en el convenio 189 de la OIT, que se refiere a los trabajos informales. Y eso no se ha hecho todavía, pero espero que sea una de las cosas que hagan. Es un convenio cuya ratificación conlleva contraer obligaciones. Igual que nos pasa con el Convenio de Estambul. Lo hemos ratificado en 2014, pero todavía no se ha implementado. Igual que sucedió con el Pacto de Estado, que se aprobó en septiembre de 2017 pero hasta julio de 2018 no se empezó a cumplir a efectos de trasladar los fondos a las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

¿Qué queda pendiente por modificar  en el sistema de justicia?

Quedaron dos cosas pendientes: el tema de la violación, todos los temas relativos a la libertad sexual. Es preciso aclarar de manera muy explícita qué es y qué no es consentimiento para que los jueces tengan el menor margen de interpretación posible. Este es un tema fundamental. No se puede equiparar violación con abuso. Que no sepas que el pánico te impide reaccionar, es una falta de profesionalidad muy importante. Necesitamos una legislación muy ajustada a lo que significan los tipos penales, pero también necesitamos un Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que pueda indagar, sancionar o apercibir a quienes emitan sentencias que resulten lesivas para las mujeres. El CGPJ tiene esa capacidad y debería usarla. A todos los organismos les tendríamos que pedir que utilicen esa capacidad sancionadora o de apercibimiento porque ¿para qué está si no se utiliza? Está muy bien que tenga un Plan de Igualdad, un Protocolo sobre Acoso Sexual muy interesante… pero ¿qué ocurre con esta impunidad? Y no me refiero solamente a casos como el de ‘La Manada’, que es obviamente el más conocido. Además, creo que debería haber una comisión de garantías dentro del CGPJ donde las abogadas pudieran presentar sus quejas sobre sentencias que consideren lesivas para los derechos de las mujeres.

Cuando comenzamos a trabajar la Ley de Violencia de Género todo el mundo estaba escandalizado, excepto quienes entendían de estos temas, porque la coacción y la amenaza fueran delitos si los hacia un hombre y no cuando los hacía una mujer. Pero esto sale de las sesiones que habíamos tenido con médicos forenses, en las que explicaban que una mujer entra en pánico si sufre este tipo de ataques, mientras que un hombre jamás entra en pánico cuando una mujer lo amenaza.

En educación sexual no se habla nunca del consentimiento y el placer. Eso lo ha hecho Skolae en Navarra, pero no se hace en otros sitios. En las facultades de Derecho tampoco se prepara a jueces y fiscales en estos temas porque aún tenemos un gran vacío en cuanto a esta formación.

¿A qué se debe el auge del discurso negacionista de la violencia de género?

Creo que la derecha y la ultraderecha han cogido un discurso negacionista y contrario a los derechos porque la izquierda no ha hablado de violencia sexual ni de violencia de género, ni el Gobierno tampoco.

Cuando al principio de los años 2000 estábamos elaborando la Ley contra la Violencia de Género y la de Igualdad, hacíamos pedagogía permanentemente en los medios de comunicación para que la gente entendiera cuáles eran las motivaciones. Mientras hacíamos la ley tuvimos que explicar constantemente por qué el hecho de un hombre amenazara a una mujer era delito y al revés no, explicar las teorías del pánico y el trauma, explicar la dificultad de las mujeres para denunciar, explicar por qué una víctima de violencia sexual o de género tiene vergüenza cuando la sufre, lo que no les pasa a las víctimas de otras violencias. Y a base de explicarlo se entendía.

Durante la época de Rajoy hemos estado sin hablar de violencia de género en los medios de comunicación con la suficiente extensión para que se entendiera y eso ha provocado un vacío de discurso. En esas ha llegado un partido que ha dicho que las mujeres son unas ventajistas y mienten y ha vuelto otra vez el tema de las denuncias falsas.

Es decir, ha vuelto un discurso de derechas porque no había un discurso de izquierdas que pudiera poner el acento permanentemente en cómo se produce y se desarrolla la violencia de género. Porque en este último año y medio no hemos sido capaces de explicar con suficiente claridad qué significaba la aprobación del Pacto de Estado, cuáles son sus medidas. Ni lo hemos hecho nosotros como Gobierno, ni lo han hecho los diferentes parlamentos autonómicos.

Vox aparece porque hay un silencio. En el año 2006, 2007 o 2008 habría sido un escándalo que un partido político hubiese hablado como lo hace Vox. Luego ha venido un Partido Popular que no ha hablado sobre este tema, que incluso cambió el nombre al Instituto de la Mujer y lo llamó de Igualdad de Oportunidades. Después nosotros hemos estado más en la aplicación que en la difusión de lo que debería ser el Pacto de Estado.

Las leyes de algunos países de América Latina han incorporado el concepto de feminicidio. ¿Deberíamos ir hacia una figura como esta?

El concepto feminicidio es el concepto violencia de género llevado al extremo de genocidio.

Cuando se extermina a una parte de la población por una cuestión de odio. Me daría igual que fuese violencia de género en los términos que contemplan las Naciones Unidas, que son todos los tipos de violencia que sufre la mujer por el hecho de serlo, o como lo plantean en Latinoamérica.

El concepto de feminicidio me parece interesante, pero creo que el tema no es tanto cómo se denomina sino cómo se le hace frente. Cómo se coordinan los sistemas judiciales, policiales, penitenciarios… y el seguimiento a las víctimas. Y sobre todo si esta violencia se tolera o no se tolera, cómo se convive con ella. Yo todavía recuerdo como una de las mejores propuestas que se han hecho, y que no se realizó, la planteada por Montserrat Comas, la persona que creó el Observatorio del CGPJ, cuando habló de introducir el machismo como un agravante. Eso sí que sería un cambio.

A mí las palabras no me dicen nada si no veo cómo se traducen en la aplicación de la ley. Creo que “feminicidio” es una palabra mucho más potente que la expresión violencia de género, pero violencia de género existe en todos los organismos internacionales.

A mí en Latinoamérica lo que me preocupa es que exista el concepto de ideología de género y además que la Iglesia esté implicada en los Estados, y con una presencia cada vez más nítida a la hora de fiscalizar el comportamiento de las mujeres.

¿En España también?

En España tenemos a obispos que todavía no condenan la violencia de género y que están constantemente haciendo gala de su misoginia. Lo importante es que haya una contestación por parte del Gobierno central, de los Gobiernos autonómicos y sobre todo de las asociaciones de mujeres, que responden constantemente a las manifestaciones que hacen estos obispos en el ámbito público. Cualquier poder debe tener un contrapoder. Mientras exista ese contrapoder, vamos bien. El problema es que no hubiera una réplica. Esto sería terrible.

¿Estamos volviendo hacia atrás en materia de igualdad?

Hacia atrás no, porque la base es buena. La base es muy buena. Ahora bien, estamos sin réplica. Simplemente decimos ‘no se puede cuestionar la violencia de género’. Pero tenemos a la ultraderecha dentro de las instituciones. Yo he vivido el franquismo y no pensé que lo volvería a ver. Pues bien, aquí están. Son franquistas.