Salud, República y Memoria

Alejandro Torrús

12 de abril de 2021

Miles de mujeres combatieron contra el fascismo en España. Dicho de otro modo, miles de mujeres combatieron contra las fuerzas franquistas. Desde el mismo 18 de julio de 1936 hasta la recuperación de la democracia 40 años después. Hubo mujeres milicianas, mujeres en el Ejército Popular de la República, mujeres que formaron parte de una u otra forma en la resistencia maqui, de las luchas sindicales y de la oposición en la clandestinidad franquista. Y, por supuesto, hubo mujeres en el frente. En primera línea de batalla y en la retaguardia. Con rifles, con vendas o con lo que fuera necesario para frenar el avance fascista. A pesar de todo, que es mucho.

Sin embargo, no deja de ser chocante que cuando se habla de la participación de la mujer en la Guerra Civil siempre se haga con peros. Si sólo estuvieron unos meses, si sólo unas pocas llegaron a conseguir ascensos o si fueron muchas o pocas las que cogieron finalmente el rifle en una trinchera. Las apostillas resultan todavía más vergonzantes cuando se comprueba que la participación del hombre en la Guerra Civil nunca viene cuestionada por si el varón en cuestión cogió realmente un fusil, si cavó una trinchera, si se quedó en la retaguardia, si su papel fue el de recoger heridos o el de realizar tareas de mantenimiento, de enfermería o de mensajero. Se da por hecho que estuvo en la guerra y que fue un combatiente.

Con ellas, con las combatientes, no sucede lo mismo. La propia República, la dictadura franquista y la democracia coincidieron en relegar a un segundo plano el papel de las milicianas en la Guerra Civil. Las milicianas eran una figura incómoda para todos. Si hay algo transversal en nuestra sociedad es el machismo. De hecho, las evidencias que muestran que las mujeres combatieron de principio a fin han estado encima de la mesa durante más de 80 años. En imágenes, en documentos y en testimonios. Los datos han estado ahí todos estos años, sin embargo, el conocimiento que tenemos sobre la vida de estas miles de mujeres ha sido limitado y, además, ha estado manchado de prejuicios y tópicos: si estas milicianas que pusieron su vida a disposición de la lucha contra el franquismo eran prostitutas, balas perdidas o mujeres demasiado jóvenes como para tomar decisiones propias y que, por tanto, se dejaron llevar para cumplir con los deseos de su novio. No, no y no.

La presente revista quiere combatir todos estos tópicos desde el conocimiento de la Historia y desde la recuperación de la memoria de estas mujeres. Está basada en el proyecto del Museo Virtual de la Mujer Combatiente de los investigadores Tània Balló y Gonzalo Berger. La publicación y la presentación del proyecto llegan, además, en las proximidades de un 14 de abril en el que se cumplen 90 años de la proclamación de la II República. Así que no hay mejor fecha ni momento histórico para hacer nuestro e, incluso, atrevernos a ampliar ese saludo de ‘Salud y República’. Salud para superar una pandemia que lleva un año marcando nuestras vidas y República para democratizar una jefatura del Estado que lleva demasiado tiempo rodeada de escándalos e irregularidades y al margen de las urnas.

Al binomio me atrevo a añadir el deseo de Memoria. Memoria para que nunca olvidemos a quienes lucharon por nuestros derechos, a quienes se dejaron la vida por la defensa de la democracia y, en este caso, a esas miles de mujeres que combatieron el fascismo con lo único que tenían: su propia vida. Memoria para no olvidar a mujeres como Ángeles Flórez, más conocida como Maricuela. Flórez es la única miliciana que sobrevive. Tiene 103 años y vive en Gijón. La vida de Maricuela es un trozo de Historia de España. Vivió la proclamación de la II República; la Revolución de Asturias, donde perdió un hermano; la Guerra Civil, donde fue miliciana socialista; también pasó por las prisiones franquistas, donde vio a muchos "salir hacia la muerte"; y, finalmente, el exilio francés.

Ella aclara siempre que tiene oportunidad que nunca cogió un fusil. Una manera bastante habitual de restar importancia a su valentía o su papel en el frente. "Llevaba la comida al frente agachada, arrastrando la cacerola mientras nos tiraban bombas. Durante un permiso, una amiga me sustituyó y la mataron de un tiro. Tenía 18 años, la pobrina", cuenta.

Desde el punto de vista de esta publicación, Maricuela fue y es una combatiente, independientemente de que empuñara fusiles o rosas socialistas. Dio un paso al frente, plantó cara al fascismo y puso su vida en juego para defender los avances en derechos y libertades del período republicano. La deuda es eterna.