Memoria de una pandemia

Público

4 de marzo de 2021

Ocho fotógrafos, un virus. Con ese lema se propusieron documentar la pandemia y sus efectos desde todos los ángulos posibles. Lo lograron con creces. Manu Brabo, Anna Surinyach, Javier Fergo, Judith Prat, José Colón, Isabel Permuy,  Olmo Calvo y Susana Girón, fotoperiodistas españoles con reconocimiento internacional, se marcaron el difícil reto de inmortalizar lo desconocido, lo que sembró el miedo y vació las calles; cada uno desde su entorno más cercano. Lo hicieron a modo de un diario que arrancó en Instagram y que terminó siendo uno de los archivos más completos sobre la vida y la muerte en unos tiempos de psicosis e incertidumbre. Llamaron Covid Photo Diaries a este proyecto de largo recorrido que ha pasado por las residencias de ancianos, los hospitales, los barrios, los pueblos y los campos de España. Un año después de que se decretara el estado de alarma que nos encerró en casa, les hemos pedido que rescataran una imagen de sus archivos, una fotografía inédita que quisieran recuperar del olvido. Y además nos han explicado en qué circunstancias tomaron la imagen. Este es el resultado.

Jose Colón

Una mujer yace en su cama a la espera de que una de las cuidadoras de la residencia asistida Gure Etxea, en el Eixample barcelonés, le ayude a levantarse. Barcelona, 6 de junio de 2020.

La forma en la que los profesionales de geriatría cuidan a nuestros mayores siempre me ha sorprendido. Puede ser una experiencia muy difícil de gestionar, con sensaciones encontradas; gratificante y frustrante a la vez. En esta residencia murieron al menos ocho personas durante la primera ola de la pandemia. La mayoría de sus residentes sufren alzheimer o algún tipo de demencia. La covid se llevó por delante las numerosas actividades que mantenían su mente activa para combatir el deterioro cognitivo. Esta mujer, por ejemplo, no era muy consciente de todo lo que la envolvía en ese momento, ni a ella ni al mundo entero.

 

Manu Brabo

Pablo, técnico de ambulancias, se quita el EPI después de trasladar a un positivo por coronavirus al Hospital de Jove. Gijón (Asturias), 4 de noviembre de 2020.

Conocí a Pablo en mi segundo ‘embed’ con el servicio de ambulancias Covid del Principado. Fue el primero de unos cuantos. Podría deshacerme en elogios, pero ninguno lo definiría completamente. Yo no lo conocía mucho, pero en los oficios de primera línea, a la gente se le cala rápido. Las situaciones extremas nos desnudan irremediablemente y nos permiten juzgarnos muy deprisa, cagando leches. Pablo era un buen hombre, de esos que tienen algo que hace que quieras conocerle a fondo. Autenticidad, pureza, honor, integridad, sacrificio… Una fría noche de enero, cubriendo el turno de un compañero, la vida (otra puta vez) decidió hacerle la puñeta a uno de los buenos. Pablo murió en un accidente de tráfico mientras iba a atender una urgencia por coronavirus. Otro héroe que se va sin rostro y sin aplauso. Hoy hay un hombre bueno menos en el mundo, y no vamos sobrados de ellos.

 

Susa Girón

José Antonio Aguilera, gerente de un complejo de turismo rural, espera en la puerta de su restaurante la llegada de los empleados para la firma del ERTE.  Castillo de las Guardas (Sevilla), 19 de marzo de 2020.

Ese día había tristeza, confusión y miedo. Pero también vi un apoyo muy grande entre los trabajadores y el dueño del negocio. Casi toda su plantilla lleva trabajando con José Antonio más de 15 años. Él ya ha agotado todos los ahorros y los prestamos ICO que le concedieron al inicio de la pandemia. Dice sentirse completamente desamparado, sin una sola ayuda directa en un año. Solo espera un milagro, y aguanta, dice, para no dejar a 15 personas que son como su familia en el paro, en una zona económicamente deprimida de la provincia. Hoy, el local sigue cerrado debido a un rebrote en la localidad. Lleva sin apenas facturar desde el cierre por la segunda ola de la covid.

 

Judith Prat

Joaquín acaba de salir de la UCI, tras más de dos meses, y realiza ejercicios de fisioterapia en el Hospital Clínico. Zaragoza, 27 de noviembre de 2020.

¿Qué ocurre con las personas que superan la covid tras haber estado en situación crítica? En muchos momentos, Joaquín creyó que iba a morir. Fueron 73 día en cuidados intensivos. Los fisioterapeutas Beatriz y Ernesto, le realizan a diario ejercicios respiratorios, de equilibro, de fuerza o circulatorios. Los efectos a largo plazo de la covid-19 son todavía desconocidos, y los pacientes que han estado al borde de la muerte se enfrentan a un duro proceso de rehabilitación antes de la vuelta a casa. Problemas pulmonares y deficiencias musculoesqueléticas son algunas de las secuelas. En este hospital, los fisioterapeutas inician el proceso de rehabilitación de los enfermos en la propia UCI y se prolongan después de su alta hospitalaria, si es necesario. He preguntado en el hospital por Joaquín, pero no he vuelto a saber de él. Tampoco he podido localizar a su fisioterapeuta.

 

Olmo Calvo

Entierro de Aziz, de 55 años y originario de Senegal, fallecido por coronavirus, en el cementerio musulmán de Griñón (Madrid), 10 de abril de 2020.

Estábamos en pleno confinamiento y el miedo se respiraba en las calles desiertas de todo el país. Los muertos aumentaban de forma imparable, y yo quería documentar esos entierros sin apenas deudos por el alto riesgo de contagio. Un amigo de una asociación de Lavapiés me dijo que al día siguiente enterrarían a un senegalés que había muerto por coronavirus. Sería en el cementerio musulmán de Griñón, a unos 35 kilómetros de Madrid. Me levanté temprano y cogí el coche. Las carreteras estaban completamente vacías. Conduje rápido, con una sensación extraña. Parecía que el virus estuviera en todos lados: en el aire, en el surtidor de la gasolinera, en el datáfono. Cuando llegué al cementerio aún no había nadie. Poco después llegaron los familiares de una mujer, les pregunté y me dejaron hacer fotos. Después llegaron los amigos de Aziz y también les pregunté. El lugar estaba lleno de tumbas recién excavadas, en previsión de los nuevos cadáveres que estaban por llegar. La visión era impactante. Tras una breve ceremonia, introdujeron el ataúd en su hueco y comenzaron a taparlo con tierra. Ahí fue cuando hice la foto.

Anna Surinyach

Un equipo de sanitarios realiza una supinación a un paciente ingresado en la UCI del hospital Germans Trias y Pujol. Badalona (Cataluña), diciembre de 2020. 

Desde el inicio de la pandemia he estado fotografiando a los trabajadores de las Unidades de Curas Intensivas de este hospital de Badalona. El cansancio físico y psicológico ha ido en aumento a medida que pasaban los meses. En diciembre, tras el puente de la Constitución, la presión hospitalaria aumentó y los sanitarios se mostraban muy preocupados por las consecuencias que tendría la Navidad. No se equivocaban… un año después todavía estamos saliendo de la tercera ola.

 

Javier Fergo

Un migrante se apoya en su bicicleta en el asentamiento chabolista en el que vive y pasó el confinamiento, en el  Cortijo Don Domingo. Níjar (Almería), noviembre de 2020.

Durante confinamiento total impuesto por el Gobierno, visité varias comunidades de personas migrantes indocumentadas en Andalucía. Encontré a cientos de personas sin posibilidad de trabajar, viviendo en chabolas sin agua corriente o electricidad, y con comida escasa. En el asentamiento de Atochares hay un núcleo llamado Cortijo Don Domingo. En él habitan unas 600 personas procedentes de distintos países africanos. Son temporeros, empleados sin contrato en los invernaderos que abastecen de verdura fresca a toda Europa. Casi un año después, el pasado 13 de febrero, más de 300 personas perdieron lo poco que tenían durante un incendio que arrasó el poblado. Esta realidad lleva dos décadas instalada en Almería, y no hay gobierno ni pandemia que ponga fin a un drama que sigue empeorando.

 

Isabel Permuy

Durante los aplausos de las ocho de la tarde, María Jesús celebra su 80 cumpleaños en el balcón de su casa, en Lavapiés. Madrid, 25 de abril de 2020.

Mi vecina María Jesús de la Vieja salió al balcón como cada tarde a las ocho desde que se decretara el Estado de alarma. Sus aplausos eran para los sanitarios, pero ese día, los de sus vecinos eran para ella. Cumplía 80 años, y en cada balcón de la calle de la Rosa sonó muy alto el cumpleaños feliz. Echó de menos a su hermana y a sus sobrinas. Emocionada, agradeció el calor vecinal y pidió un único deseo: que la covid se fuese pronto. Todos estamos saliendo afectados de alguna manera, el paisaje social no es el mismo desde marzo. El sistema está lleno de agujeros por los que caerse. María Jesús detectó un pequeño bulto cerca de su ombligo durante los primeros días del confinamiento. Su centro de salud le recomendó que no fuera al hospital, desbordado por casos de coronavirus. No fue hasta junio cuando le diagnostican un cáncer que ha terminado por llevársela hace solo unas semanas. Tras un año de convivencia más estrecha y de redes tejidas de apoyo mutuo, la pérdida se ha sentido mucho más. Era la tía de Susana, pero también era un poco nuestra tía.