(I-D) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo; el secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias; y la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, escuchan la intervención del líder del PP, Pablo Casado, durante una sesión de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, a 17 de febrero de 2021. FOTO: E. Parra/POOL/Europa Press (I-D) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo; el secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias; y la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, escuchan la intervención del líder del PP, Pablo Casado, durante una sesión de Control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, a 17 de febrero de 2021. FOTO: E. Parra/POOL/Europa Press

La pandemia que lo cambió todo, excepto la política

Alexis Romero / Amanda García

10 de marzo de 2021

El 18 de marzo de 2020 el Congreso de los Diputados ofreció una imagen inédita en la historia del parlamentarismo español. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, rendía cuentas sobre el estado de alarma que el Gobierno había decretado apenas unos días antes para hacer frente a una pandemia desconocida y descontrolada que ya campaba a sus anchas por toda Europa, y lo hacía ante un hemiciclo prácticamente vacío, en presencia de apenas una veintena de diputados y varios miembros de la Mesa de la Cámara Baja.

El Congreso pareció en ese momento un fiel reflejo de las calles, que se habían vaciado a causa del confinamiento domiciliario, y la reflexión más recurrente fue que la covid-19 había venido para cambiarlo todo, incluso la política. Un año después, el escenario político actual y las conclusiones que se pueden sacar del 2020 en este ámbito hacen que esta reflexión, cuanto menos, pierda fuelle; y sitúan esa imagen del Congreso vacío como un espejismo de una política que, en realidad, no ha sufrido grandes cambios ni transformaciones a causa de la pandemia.

Hay distintos elementos que apuntan en este sentido. Uno de ellos podría basarse en la comparativa entre el escenario demoscópico anterior a la pandemia y el que existe en la actualidad. Si se lleva a cabo esta comparación, y se revisa cómo evolucionaron las tendencias en los barómetros que se publicaron en 2020, se pueden apreciar cambios coyunturales, subidas y bajadas en las tendencias de los distintos partidos en diferentes momentos de la pandemia (el confinamiento domiciliario, la desescalada, el verano, la segunda ola…).

Los cambios que se han podido producir han sido coyunturales y no han logrado cambiar el escenario que había antes del coronavirus

Sin embargo, en ningún momento se produjo un vuelco demoscópico que apuntase, por ejemplo, a un cambio en el signo de unas eventuales elecciones. Además, y aquí reside uno de los ejemplos de que, en lo que se refiere a la política, los cambios que se hayan podido producir han sido coyunturales y no han logrado cambiar el escenario que había antes del coronavirus, si se comparan los barómetros actuales con los que se hacían antes de la emergencia sanitaria, los resultados son prácticamente idénticos.

Un año después, cuando las sociedades han aprendido a convivir con el coronavirus y se ha difuminado el “efecto sorpresa” que tuvo la pandemia en marzo de 2020 y en los meses sucesivos, la imagen demoscópica de los partidos españoles es prácticamente la misma. En el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de febrero de 2020 los resultados respecto a la intención de voto fueron los siguientes: PSOE 30,9%; PP 18,9%; Vox 13,4%; Unidas Podemos 13,6% y Ciudadanos 8,1%.

El último barómetro del CIS, de febrero de 2021, arroja los siguientes resultados: PSOE 30,7%; PP 18,8%; Vox 13,6%; Unidas Podemos 11,2% y Ciudadanos 9,3%. Según las previsiones de este último barómetro, un año después de una de las peores emergencias sanitarias que ha sufrido el mundo en su historia reciente, en España los resultados electorales serían prácticamente los mismos que antes de la pandemia.

Evolución de la intención de voto.
Evolución de la intención de voto.

Según explica Ignacio Jurado, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, durante los peores meses del coronavirus “hubo una tendencia al voto refugio (hacia el PSOE y el PP), pero no fue tan marcada. Se estaba dando la paradoja de que en muchos sitios los partidos líderes de los gobiernos tenían, en un contexto de crisis que obviamente era muy difícil de manejar, una especie de empuje de popularidad. Ocurrió en Italia con Conte, ocurrió también al principio en Inglaterra con Boris Johnson, cuando enfermó. Eso aquí no ocurrió, el PSOE no se disparó”.

«Si hubiera unas elecciones mañana, probablemente el orden de los partidos sería el mismo»

“Este contexto podría haber sido una oportunidad, por ejemplo, para Vox, y no ha sucedido. Han tenido buenos resultados en Catalunya, pero es un efecto más del asunto territorial que de la pandemia”, prosigue el experto. “Respecto a Ciudadanos, que optó por una estrategia de estar un poco en medio, se podría apostar porque se hubiera convertido en un partido útil y hubiera remontado, o, al contrario, que esa estrategia los acabara de rematar; pero está en la misma situación o parecida que antes de la pandemia. Si hubiera unas elecciones mañana, probablemente el orden de los partidos sería el mismo y no creo que nadie se fuera dos puntos más allá de donde estaba”, asegura jurado.

A juicio de Marina Pla, politóloga de la Universidad Complutense de Madrid y analista política, “la situación política se ve condicionada por la forma en que se recompuso el sistema de partidos tras la crisis económica de 2008. Como el de la mayoría de los países europeos, el sistema de partidos se encuentra ahora hiperfragmentado, lo que dificulta alcanzar acuerdos entre bloques ideológicos encerrados en sí mismos. Pero, por otro lado, la fragmentación, que dificulta el consenso entre los partidos, impide que se abra una crisis de representación en la sociedad, como ya ocurriera a partir de 2011”.

Pero la demoscopia no es el único elemento de análisis que refuerza la imagen de foto fija de una política impermeable a los cambios estructurales que la pandemia sí ha provocado en casi todos los ámbitos. Los discursos, la relación entre el Gobierno y la oposición o los debates en el mismo seno del Ejecutivo de coalición tampoco se han visto alterados de forma definitiva por el coronavirus.

Una limpiadora en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, vacío tras la entrada en vigor del estado de alarma. EFE
Una limpiadora en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, vacío tras la entrada en vigor del estado de alarma. EFE

En vez de convertirse en un eje transversal y definitorio, la pandemia pasó a ser un elemento más de la batalla política entre los distintos bloques y, sobre todo, entre Gobierno y oposición. Si para el PP, Vox o Ciudadanos en febrero de 2020 el Ejecutivo debía dimitir por ser “ilegítimo” y por su “radicalismo”; en abril o mayo de ese mismo año debía hacerlo por su gestión de la pandemia, por las compras de material fallidas o por las muertes en las residencias de mayores.

Me choca bastante lo poco que duró la unidad en España, si lo comparamos con otros países. En otros países se generó mucha más unidad alrededor del Gobierno; esto en España no ha ocurrido. También está el caso contrario; en Italia ha habido una crisis de gobierno. Pero aquí todo ha venido ocurriendo en la línea que ya venía marcada. La pandemia no ha cambiado los ejes fundamentales, ha sido más un paréntesis que un antes y un después”, explica Jurado.

La crispación política que imperaba a comienzos de 2020, lejos de desaparecer, se difuminó durante un breve periodo de tiempo y volvió con más fuerza para quedarse

En este sentido, la crispación política que imperaba en enero o febrero de 2020, lejos de desaparecer, se difuminó durante un breve periodo de tiempo (las primeras semanas tras decretarse el estado de alarma) y volvió con más fuerza para quedarse. “Hemos visto a un PP que en un primer momento colaboró con el Gobierno, pero enseguida acabó en contra del estado de alarma; un Gobierno que al principio consiguió una unidad muy grande, pero que después poco a poco se fue diluyendo; se dieron momentos en los que parecía que incluso se podía cambiar la coalición de la investidura, cuando Ciudadanos se convirtió en un posible apoyo para los Presupuestos, pero finalmente estamos en el punto donde estábamos”, insiste Jurado.

“Pienso en los Presupuestos ¿se podrían haber aprobado sin la pandemia? Obviamente el asunto de los fondos europeos ha ayudado, pero al final se han aprobado con la mayoría de la investidura, prácticamente. La pandemia ha servido para ver con realidad aumentada algunas cosas que ya venían ocurriendo, pero no ha cambiado los parámetros en los que estaban transcurriendo el debate político y la competición política”, añade el experto.

“La pandemia fue un paréntesis en la política, no un antes y un después”

En este sentido, Marina Pla explica que “la crisis actual, más que transformar el escenario político, ha propiciado una intensificación de algunas de las dinámicas que ya venimos observando en la última década: polarización, bloqueos, radicalización discursiva en la derecha, etc. Y todo inscrito en una sensación de calma tensa, a la espera de los fondos europeos y parapetados tras el frágil escudo social y el desempleo diferido por los ERTES”.

La sensación de que poco o nada se ha movido en la política no solo se da en la relación entre el Gobierno y la oposición, sino que en la misma coalición que sostiene el Ejecutivo hay un efecto parecido. La diferencia fundamental reside en que los de Pedro Sánchez tuvieron que centrarse a marchas forzadas en las medidas para frenar contagios y en hacer frente a las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la covid-19.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, a su izquierda, durante la reunión del Consejo de Ministros celebrada en el Palacio de la Moncloa, a 26 de enero de 2021. FOTO: Borja Puig De La Bellacasa/Pool Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, a su izquierda, durante la reunión del Consejo de Ministros celebrada en el Palacio de la Moncloa, a 26 de enero de 2021. FOTO: Borja Puig De La Bellacasa/Pool Moncloa

Durante buena parte del 2020, el PSOE y Unidas Podemos aparcaron sus diferencias para poner en marcha medidas del denominado escudo social, como los ERTE o los créditos para empresas. Sin embargo, las discrepancias en la coalición regresaron tras varios meses de convivencia con la pandemia y tras haber superado la primera ola, a la hora de extender y modificar medidas como la prohibición de los desahucios sin alternativa habitacional o el corte de suministros básicos cuando estuviera vigente el estado de alarma.

En esta comparativa se da, además, la misma sensación de foto fija que en el ámbito demoscópico o en las relaciones con la oposición. Si en febrero y marzo de 2020 había discrepancias en el Gobierno por el contenido y los plazos del anteproyecto de ley contra las violencias sexuales (la conocida como ley del “solo sí es sí”), en febrero y marzo de 2021 hay diferencias y conflicto respecto a la conocida como ley “trans”.

Se mantienen incluso las mismas diferencias en el seno del Gobierno. En 2020 había ya diferencias entre el PSOE y Podemos por la ley “trans”, ha habido un año en el que esto se ha aplazado y ahora volvemos a lo mismo”, apunta Jurado.

El experto concluye: “En términos de opinión pública habrá cosas en las que hemos cambiado: valoración de las libertades públicas, de la Sanidad o del Estado del bienestar… Pero, en general, en la política (la emergencia sanitaria) ha sido un paréntesis, un vuelco del foco hacia otro tema con las mismas dinámicas que existían antes de la pandemia; y ahora lo que está pasando es que volvemos a centrar el foco en temas anteriores al coronavirus”.

En la actualidad los parlamentos vuelven a estar llenos, los gritos entre bancadas y los aplausos han vuelto a los hemiciclos y el único elemento simbólico que recuerda la situación que existe de puertas del Congreso para afuera son las mascarillas que portan sus señorías.