Un centro de salud con unos pacientes muy animales

Más de 14.000 animales han llegado en lo que va de año al hospital de fauna salvaje de Torreferrussa
para recuperarlos y liberarlos en su hábitat natural. Ubicado en el Vallès, es el más activo de Europa

Más de 14.000 animales ingresan de media cada año en el Centro de Fauna de Torreferrussa, una de las tres sedes de acogida de animales salvajes que existen en Catalunya. Una cifra que convierte este centro del Vallès en el que más ejemplares recibe en toda Europa. ¿El objetivo? Retornarlos sanos a su hábitat natural, algo que se logra en el 60% de los casos. El equipamiento, ubicado en Santa Perpètua de Mogoda, lidera esta actividad en Catalunya. Los de Vallcalent y Aiguamolls de l’Empordà completan la atención a la fauna salvaje que necesita atención veterinaria.

El verano y el otoño son las estaciones de mayor actividad. En los meses estivales, por la concentración de nacimientos de distintas especies. Un hecho al que este año se han sumado las altas temperaturas de los últimos meses, que han multiplicado el trabajo en los tres centros. En Torreferrussa, de hecho, el personal se ha visto desbordado. «Está empezando a ser algo habitual que durante el verano se incrementen los ingresos», advierte Joan Mayné, coordinador del centro vallesano, que acusó especialmente el golpe de calor que se registró a finales de junio.

Pero, ¿por qué el calor provoca que lleguen más ejemplares? «Animales como el vencejo o las golondrinas, antes de morir quemados bajo una teja, se lanzan a tierra, y es entonces cuando la gente los recoge y nos los trae», explica Mayné. La veterinaria Elena Obón coincide en señalar que «los ingresos, por desgracia, están creciendo exponencialmente». Otra de las razones que lo explican sería la «mayor concienciación ciudadana, ya que ahora hay más avisos cuando se encuentran animales», añade Obón, que mantiene que el verano es la época más conflictiva «por la llegada de crías huérfanas que hay que alimentar a mano hasta que están preparadas para liberarlas en la naturaleza». En las jornadas más calurosas llegaron alrededor de 500 animales de diferentes especies cada día.

Esta canícula ha sido especialmente crítica. «A finales de agosto ya habíamos llegado a los 14.000 ingresos que normalmente se registran en un año», apunta Obón, quien junto con otro veterinario se encarga de atender a los pacientes que llegan. También se ocupan de la atención clínica de los programas de cría en cautividad y de la investigación forense. En este último caso practican necropsias para conocer las causas de la muerte de los animales que llegan sin vida. Es difícil hablar de cifras diarias durante el año. «Es imprevisible, ya que puede haber desde intervenciones de fauna capturada de forma ilegal a muertes de pájaros que hay que investigar», explica Obón.

Una colaboración voluntaria

El centro cuenta desde hace seis años con clínicas veterinarias que colaboran de forma altruista en la recogida. «Llegó un momento en el que era inviable desplazarnos a todos los domicilios a recoger los animales que la gente encontraba», explica Mayné, quien añade que, desde que se estableció esta colaboración con veterinarios de la provincia de Barcelona, Solsona y un centro de Reus, se registran unos 2.000 ingresos más. Los agentes rurales recogen a los animales en las clínicas y los trasladan a Torreferrussa, donde los ejemplares se someten a un examen veterinario para determinar su estado de salud. «Eso requiere de una dedicación bastante exclusiva, porque, por ejemplo, aquellos que no comen solos cuentan con una dieta a su medida», explica el coordinador del centro.

La situación durante los episodios de calor despertó la solidaridad de muchos jóvenes, que se prestaron voluntarios a colaborar con los empleados de Forestal Catalana y el departamento de Territori de la Generalitat, encargados de gestionar el centro. «No estábamos preparados para un volumen semejante de ingresos y tan concentrado. No teníamos pinzas para dar de comer a tantas crías», recuerda la veterinaria Elena Obón.

El 30 de junio una treintena de voluntarios trabajaron hasta la medianoche para atender a los animales. Una labor que alaban tanto los profesionales del centro como la Generalitat, que ha señalado que, «sin el trabajo desinteresado de muchos voluntarios, la atención prestada esos días habría sido imposible». Para ser voluntario solo se exige ser mayor de edad. No es necesario tener conocimientos de biología o veterinaria, ya que las aportaciones de las personas que deciden colaborar pueden ser muy diversas: alimentar a los pájaros, preparar instrumental, realizar labores de limpieza o dispensar medicamentos, entre otros. Todo ello después de haber sido informados previamente sobre los protocolos a seguir.

Alba Caballoll es licenciada en biología, tiene un máster en gestión de fauna salvaje y dedica sus horas libres al centro de Torreferrussa. «Vine como estudiante en prácticas y después seguí vinculada al equipo como voluntaria. Pese a haber pasado tiempo fuera, trabajando en el extranjero, siempre vuelvo aquí», explica. Reconoce que se trata de una dedicación vocacional: «Me encanta trabajar en el centro. Necesitan mucha ayuda y te permite hacer muchas cosas diferentes». Alba colabora un día a la semana en invierno y todos los días que no trabaja en verano. Su labor varía en función de las necesidades de cada momento. «Ahora estoy en la nurse, preparando papillas, y también ayudo a desparasitar y a medicar, y miro cómo vuelan aquellos pájaros que se quieren liberar», añade.

Su experiencia le demuestra que la figura del voluntario es «esencial», porque «no hay suficiente personal». El coordinador del centro subraya también la importancia de contar con todas estas personas que les ayudan de forma desinteresada: «En verano su aportación es indispensable; los voluntarios y los estudiantes en prácticas nos ayudan mucho». La plantilla está compuesta por 14 personas, de las cuales solo seis son rehabilitadoras. Es por eso que, «con la llegada de hasta 150 animales al día de media, es importante contar con colaboradores», sostiene Mayné.

Las causas de los ingresos

Los ingresos de animales se habían mantenido más o menos estables en los últimos diez años en Torreferrussa. La mitad de los que llegan son crías y huérfanos caídos del nido. También se acogen ejemplares que llegan heridos con traumatismos provocados por golpes contra vehículos, debilitados por las migraciones o, en menor medida, aquellos que han sufrido heridas de bala. También recalan en el centro animales que han sido envenenados.

«Ahora empieza la temporada de media veda de caza y, por desgracia, todavía nos encontramos con casos de disparos a especies protegidas, que llegan heridas», lamenta Obón. La veterinaria apunta que, «dentro del colectivo de cazadores, hay personas muy concienciadas, pero aún hay gente que piensa que las aves rapaces son una competencia para ellos». No son disparos que alcanzan a los animales de forma fortuita, sino que son intencionados, porque «difícilmente puedes confundir un halcón o un flamenco con una torcaz. Por eso hay que hacer mucho trabajo de concienciación, para que entiendan que no suponen ninguna competencia. Forman parte del ecosistema y cumplen su función».

Las especies diana de algunos cazadores son el halcón peregrino, el azor o el águila perdicera, esta última una de las más amenazadas en Catalunya. Pese a las campañas de sensibilización y las acciones de protección de estas especies, aún queda camino por recorrer. «Los animales se someten cada día a una yincana, porque tienen que superar muchas pruebas diferentes para sobrevivir. Pero la mayoría de las muertes de animales son a causa de la acción humana», explica Obón, que, sin embargo, es optimista: «Con el paso del tiempo todo esto podrá solucionarse».

El centro se prepara para acoger a las aves damnificadas por las migraciones otoñales, sobre todo aves jóvenes que físicamente no están preparadas para afrontar un viaje tan largo y que, cuando recalan en el centro, son rehabilitadas hasta que se encuentran fuertes para ser liberadas. También reciben cigüeñas que se electrocutan en las torres eléctricas, si estas estructuras no están protegidas. «Estos días recibimos muchos ejemplares vivos y muertos por este tema», lamenta Obón, mientras se dispone a examinar a una de estas aves. El trabajo en Torreferrussa no cesa.

UN PROYECTO PARA SALVAR ESPECIES

En Torreferrussa hay una unidad de cría en cautividad para especies en extinción, como el cernícalo primilla, el quebrantahuesos y el tritón del Montseny. El primero se dio por extinguido en Catalunya a finales de los 80, y ahora hay 97 parejas entre Lleida y Girona, zonas óptimas para su supervivencia. «Hasta ahora no se ha logrado mantener poblaciones estables y viables en otras áreas. Necesitan zonas de secano, campos de cultivo y áreas en las que encontrar insectos», dice Raquel Arias, bióloga rehabilitadora de la unidad. Torreferrussa se sumó en 2006 a la creación de una reserva genética de quebrantahuesos del Pirineo. Tiene una pareja: Cazorla, de origen asiático, y Guali, del Pirineo. Por último, del tritón del Montseny, una especie endémica de Catalunya, hay unos 1.500 ejemplares en tramos pequeños del parque natural, y está en peligro de extinción. Hasta ahora se han liberado unos 600 ejemplares.