Jujol, una joya modernista que brilla en el Baix Llobregat

Sant Joan Despí apura la celebración de los 140 años del nacimiento del arquitecto, autor de algunas obras emblemáticas de este movimiento arquitectónico en el ámbito metropolitano y estrecho colaborador de Gaudí

Modernidad radical. Diseños de ensueño. Caligrafías de fantasía y utopía. Policromía. Simbolismo y formas naturales. Quizá sean estas las palabras que mejor definen la obra del arquitecto Josep Maria Jujol, de quien este 2019 se conmemora el 140 aniversario de su nacimiento –y los 70 años de su muerte–. Sant Joan Despí, ciudad en la que trabajó como arquitecto municipal durante más de 20 años, lo ha celebrado por todo lo alto. El año Jujol –denominado Jujol140– terminó este fin de semana con unas jornadas internacionales que, además de reflexionar sobre su legado modernista desde una perspectiva teórica y estética, pusieron de relieve tanto su obra como sus colaboraciones con otros arquitectos, entre ellos Gaudí.

Los homenajes aún no han terminado

Durante un año y medio –Jujol140 se ha alargado de mayo de 2018 a finales de septiembre de 2019–, se han organizado presentaciones de libros, visitas guiadas orientadas a los colegios, exposiciones y actos para todos los públicos. «Hemos querido terminar la conmemoración con unas jornadas de tinte académico en uno de los epicentros de la obra de Jujol, la masía de Can Negre. Convocamos a especialistas de diferentes campos para que ofreciesen diferentes miradas, y así poder concluir el año Jujol con un discurso más rico», explica Carles Español, coordinador de Jujol140. Los actos, sin embargo, se prolongarán hasta dentro de un mes, con la exposición Jujol: l’arquitectura del color, que puede visitarse hasta el 3 de noviembre en el Palau Güell de Barcelona, ciudad en la que el arquitecto falleció en 1949.

Nacido en 1879 en Tarragona, Jujol mostró interés desde pequeño por las formas, la naturaleza, el dibujo y la pintura. Estudió en la Escola d’Arquitectura de Barcelona, que entonces tenía como director a otro ilustre modernista: Lluís Domènech i Montaner. Luego se dedicó a la docencia en la Escola d’Arquitectura y en la Escola del Treball. Sus diseños pronto destacaron. «Era una persona de una gran modernidad arquitectónica, de una modernidad radical, me atrevería a decir. Fue un arquitecto con muchísima sensibilidad y muy fiel a su manera de trabajar», explica Mireia Freixa, catedrática de Historia del Arte en la Universitat de Barcelona (UB) y especialista en arquitectura modernista.

«Tras la Guerra Civil, Jujol trabajó mucho. Era profundamente cristiano y catalanista. Y eso tras la guerra le producía una tensión interna y un dolor enorme. En eso se asemeja a Josep Puig i Cadafalch, que vivió también esa tensión. Los dos quedaron atrapados en una guerra que no querían, y todo lo que vino después», recuerda Freixa.

Una joya en el Baix Llobregat

Enamorado de la tierra que lo vio nacer y su paisaje, su obra es importante en el Camp de Tarragona, pero también en el Baix Llobregat, donde Jujol se desarrolló profesionalmente, sobre todo en Sant Joan Despí, ciudad en la que empezó a trabajar en 1913, cuando un familiar le encargó la Torre de la Creu, su carta de presentación para otros encargos, como la remodelación de Can Negre, que se convertiría en el emblema modernista de la ciudad. En 1926 empezó a ejercer de arquitecto municipal en la localidad, un cargo que ocupó hasta su muerte. A lo largo de más de dos décadas, Jujol se encargó de diseñar proyectos, supervisar licencias, redactar informes y ordenanzas y dirigir obras, de modo que su legado en esta localidad llobregatense va mucho más allá de sus edificios.

Un patrimonio poco conocido

«Es impresionante la obra modernista que hay en Sant Joan Despí. Cualquier ciudad del mundo pagaría por tenerla. No somos conscientes de lo que tenemos, no se conoce lo suficiente», asevera Freixa, y lamenta que, por culpa de la especulación de los años 70, 80 y 90, se perdieran algunas de las obras. «El Baix Llobregat es riquísimo en obra modernista: hay fábricas, edificios públicos, religiosos, particulares…», insiste Freixa. Según la catedrática, los Ayuntamientos deberían trabajar con más ahínco en la protección de estos edificios y hacer más pedagogía: «Hay que dar a conocer el patrimonio y sensibilizar a la población. Más que promocionar el turismo, lo que hay que hacer es que la ciudadanía conozca y ame el patrimonio de sus ciudades. Y así también protegerlo».

Carles Español, coordinador de Jujol140, también destaca el legado de Jujol en la comarca: «Diseñó la Casa Camprubí, en Cornellà de Llobregat; empezó algunos proyectos que quedaron inacabados en Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat; y también colaboró en la Cripta de la Colonia Güell, de Gaudí, en Santa Coloma de Cervelló».

Colaborador de Gaudí, pero no discípulo

Si bien no se puede afirmar que Jujol fuese discípulo de Gaudí, ya que desarrolló su propia obra arquitectónica con independencia del creador de la Sagrada Família, sí que hay evidencias de que ambos arquitectos colaboraron estrechamente. «Jujol participó en las barandillas de La Pedrera y en los trencadissos y los bancos del Park Güell», recuerda Español. Y también destaca su papel en la construcción de la catedral de Mallorca.

Para poder hacer estas afirmaciones, han hecho falta años de estudio de la documentación existente en diferentes archivos municipales. «Jujol trabajaba con artesanos de varios pueblos y hay documentación de los encargos que les hacía, pero tampoco demasiada. La autoría de los edificios es fácil de saber, pero es complicado conocer hasta dónde llega el trabajo de los colaboradores», agrega Español. En ese sentido, tampoco ayuda que Jujol fuese colaborador de uno de los arquitectos con más fama y prestigio del mundo. «Decir que algo no es de Gaudí no es sencillo, sobre todo entre el sector gaudiniano de los historiadores del arte», asegura Español.

También Freixa cree que la figura de Jujol ha quedado desdibujada por su proximidad al maestro. «Es cierto que Jujol es un arquitecto poco conocido: la figura de Gaudí hace sombra a todo lo que le rodea», constata la catedrática, quien, no obstante, invita a no pasar por alto las colaboraciones de Jujol en la obra de Gaudí. Este, recuerda la experta, no sólo inspiró a decenas de colaboradores y seguidores: creó una estela, sobre todo en el ámbito formal. «Arquitectos como Francesc Berenguer o Rafael Masó fueron apasionados de Gaudí. Yo prefiero llamarlos colaboradores, no discípulos. Ellos, como Jujol, aprendieron, pero, sobre todo, colaboraron con el maestro», remata Freixa.

DAR A CONOCER EL ARQUITECTO

Durante año y medio se han llevado a cabo en Sant Joan Despí y otras localidades del Baix Llobregat y Catalunya decenas de actividades para dar a conocer la figura del arquitecto: visitas guiadas por Sant Joan Despí y Tarragona; pedaladas y caminatas populares hasta la Colonia Güell; actividades infantiles para acercarlo a los más jóvenes; exposiciones y conferencias. También se ha presentado el libro Jujol & Gaudí, de la mano de Josep Maria Jujol Jr. La obra retrata la relación personal y artística de los dos arquitectos a lo largo de 20 años de colaboración. También se ha otorgado el X Premio Jujol de Dansa Jove, organizado por la Associación Dandasdespí. Una de las actividades más vistosas fue la proyección de un mapping en la fachada de Can Negre, un espectáculo de luz, imagen y sonido.