La saturación de las rondas

«Hoy, casi 158.000 vehículos pasan por la Ronda de Dalt y unos 90.000 por la Litoral»

Hay quienes las sufren, porque los atascos en ellas son habituales, sobre todo a primera hora de la mañana. Pero, cuando no los hay, las Rondas son vías eficientes, diseñadas para cruzar la capital catalana de punta a punta en poco tiempo, evitando los constantes semáforos de la trama urbana. La Ronda de Dalt (B-20) –la de la imagen– atraviesa los barrios de montaña. En el otro extremo, la Ronda Litoral (B-10) debe su nombre a la proximidad del frente marítimo. Barcelona las construyó durante los preparativos de los Juegos Olímpicos de 1992, y en su inauguración muchos –entre ellos el movimiento vecinal– ya dijeron que nacían colapsadas. Hoy, casi 158.000 vehículos pasan por la Ronda de Dalt y unos 90.000 por la Litoral. La intensidad del tráfico es uno de los principales quebraderos de cabeza de los vecinos, que a menudo han reclamado el cubrimiento de estas infraestructuras, sobre todo en la de Dalt. Y a veces lo han logrado: las obras de cobertura de la ronda a su paso por la Vall d’Hebron y Sant Genís dels Agudells se hallan en su recta final. Aunque los vecinos ya han manifestado que seguirán reclamando que la misma medida se lleve a cabo en otras zonas. Las restricciones que se aplicarán a los vehículos más contaminantes a partir del próximo año podrían ayudar a descargarlas y también a mejorar la calidad del aire de las barriadas que las custodian. Mientras tanto, a muchos les tocará seguir atravesándolas a diario por los puentes que la sortean, para ir a hacer sus recados al barrio de al lado.