Unión vecinal para salir del infierno de Venus

Docenas de familias de un edificio de la Mina batallan para ser realojadas. El derribo del inmueble, degradado física y socialmente, se aprobó hace más de 15 años, pero a día de hoy sigue paralizado

Fría mañana de noviembre y las cámaras empiezan a amontonarse en la calle trasera del San Martiño de la Mina, conocido como el bar de la Paqui, cuya entrada principal da al bloque Venus, uno de los degradados mastodontes blancos de este barrio de Sant Adrià de Besòs y en el que viven –o malviven– docenas de familias. Una de ellas es, precisamente, la de Francisca Jiménez, la Paqui, quien lleva la voz cantante en un edificio que espera soluciones desde hace 20 años y que se siente desatendido por las Administraciones que gestionan –o que deberían gestionar– el barrio. Las cámaras no suelen entrar en la Mina y, cuando lo hacen, suele ser para buscar el morbo de la droga o de algún altercado. Esta vez, en cambio, observan cómo el movimiento vecinal se ha unido para reclamar el derribo de un bloque sentenciado y moribundo, para el que no parece llegar el final, así como el realojo de más de una cincuentena de familias.

Construido, como gran parte del barrio, en la década de los setenta, Venus es un enorme edificio con 240 viviendas repartidas en cinco porterías y que, con el paso de los años, se ha ido degradando y convirtiendo en un foco de problemas, tanto de convivencia como de seguridad. Todo un exponente del barraquismo vertical, como lo denominan algunos de los activistas del barrio, como el pedagogo Josep Maria Monferrer. En el marco del Plan Específico de Reordenación y Mejora (PERM) de la zona, elaborado en 2002, el Consorci de la Mina –integrado por la Generalitat, los Ayuntamientos de Sant Adrià y Barcelona y la Diputación de Barcelona– aprobó derribar el inmueble, muy marcado por el tráfico de drogas y el incivismo.

La Administración había trazado un plan de realojos que acabó resultando inasumible para la mayoría de las familias de Venus: para trasladarse a las nuevas viviendas, construidas a pocas calles, en la llamada Mina Nueva, tenían que pagar 34.000 euros con condiciones de préstamo privado. Una cincuentena de familias aceptaron y fueron realojadas. «Las 190 familias restantes seguimos atrapadas en Venus», lamenta Paqui. Desde entonces, una plataforma de vecinos afectados reclama una tasación más justa y un intercambio de piso por piso, y lo hacen a través de todos los medios y altavoces de que disponen. También ante el Síndic de Greuges y de la Justicia. Y es precisamente para esta última vía para la que, en la actualidad, piden ayuda mediante un crowfunding, acompañados por el movimiento asociativo del barrio.

Campaña para costear la causa judicial

Bajo el nombre de Objetivo Venus, los vecinos de Venus y varias entidades de la Mina han lanzado una campaña de micromecenazgo a través de internet para conseguir un mínimo de 12.000 euros que les permitan seguir costeando una causa judicial que abrieron en 2016 ante el Contencioso Administrativo, pero que fue desestimada en el verano de 2018 por inactividad administrativa. «Necesitamos ese dinero para defendernos, porque nos están haciendo malvivir desde hace años. Las porterías dan miedo, hemos sufrido y sufrimos cortes de luz, tenemos campamentos llenos de basura en los tejados, los ascensores están rotos, hay falta de calefacción o de estufas en invierno… Son situaciones psicológicamente muy malas», lamenta Paqui. Un total de 57 familias están inmiscuidas en la causa judicial y reclaman al Consorci 100.000 euros de indemnización para cada una de ellas, por los perjuicios de la paralización del derribo y el realojo, argumentan. En suma, 5,7 millones de euros.

Paco Hernández, vinculado desde hace años a la Associació de Veïns i Veïnes de la Mina, muestra una portería oscura, con la mayoría de los buzones rotos, las paredes llenas de humedad, desconchados y varias pintadas. «Esto hay que derribarlo, ya no se arregla prácticamente nada. Pagamos derramas, pero hay mucha morosidad e incivismo y no sirve para nada hacerlo; no hay mantenimiento. Algunas escaleras están casi permanentemente sin luz», ilustra el vecino del bloque. En los patios interiores de Venus se agolpan por quilos la basura y los residuos. También en los tejados, donde, desde hace algunos meses, se cuelan drogodependientes para consumir y se han creado pequeños campamentos en cuyas inmediaciones también se amontonan los desperdicios.

La droga, un mal endémico del bloque

El tráfico y el consumo de drogas son dos de los principales problemas del barrio de la Mina. El bloque Venus ha sido epicentro de distribución, y en su currículo se han ido acumulando con el paso de los años las redadas y operaciones policiales, aunque aparentemente sin un éxito sostenido en el tiempo, ya que el menudeo sigue siendo una actividad permanente en Venus, lo que aleja a los grupos mafiosos del interés de los vecinos por el derribo. A la venta se le han unido en los últimos dos o tres años otras ramificaciones del problema. Por un lado, las plantaciones de marihuana: pisos enteros dedicados a los cultivos artificiales, generalmente con la luz pinchada, que han provocado numerosos episodios de cortes de luz por sobrecarga. Algunos de ellos, durante el invierno, lo que ha llegado a condenar a la oscuridad a los habitantes de toda una escalera durante varios días. Otro de los nuevos problemas es el consumo de drogas dentro mismo de los muros chapados del bloque, no solo en las inmediaciones, como era habitual hasta hace unos años.

«Los tejados se han limpiado algunas veces estas últimas semanas, pero las escaleras van a peor. Nos encontramos a personas pinchándose y restos de consumo y jeringuillas en los rellanos», denuncia Paco, que ríe con ironía ante la pregunta de un periodista acerca de las patrullas especiales que los Mossos d’Esquadra establecieron en el barrio de la Mina este verano, con la finalidad de disuadir el tráfico de drogas y la delincuencia. «Los furgones están plantados en la calle. ¿Tú te crees que entran aquí dentro?», espeta.

La campaña de recaudación de fondos, que se canaliza a través de la plataforma Goteo.org, consta de una planificada programación de actividades. Entre ellas, la proyección, hace unos días, del documental 15 años en Venus, en la Biblioteca Font de la Mina, que contó con la presencia de vecinos, protagonistas y autores del film. Desdelamina.net es la plataforma de activismo del barrio que ha apoyado y asesorado tecnológicamente a los vecinos de Venus, que propusieron iniciar esta campaña de micromecenazgo, aunque para ello necesitasen ayuda digital. «En el momento en el que se necesitan ordenadores e internet, entramos nosotros», bromea el educador David Picó, uno de los principales implicados en este espacio web, que funciona como difusor de contenidos y actividades.

Picó valora positivamente el inicio de la campaña, que al cierre de esta edición había alcanzado el 43% de su objetivo, pero admite que aún hace falta mucho para llegar al mínimo necesario. El 14 de diciembre es la fecha límite. Para entonces se deberían haber alcanzado los 12.800 euros. Hasta ese día hay más actividades programadas, como una mesa redonda sobre conflictos urbanos, con la participación de la Universitat de Barcelona y Oasis Urbà, del Raval, este 28 de noviembre; o el acto de cierre de campaña, el día 13 de diciembre. Si el día 14 se ha conseguido el objetivo mínimo, la campaña seguirá 40 días más, para intentar llegar a los 17.800 euros, una cantidad que permitiría, además de costear la defensa en la causa judicial, pagar también un informe pericial arquitectónico sobre el edificio Venus, que sería una herramienta importante durante el juicio.

La voz de las Administraciones

El Ayuntamiento de Sant Adrià admite que la Administración no ha sabido lidiar con este problema enquistado y que, sin la implicación directa de Barcelona y la Generalitat, la solución seguirá encallada. Lo que sí que parece estar claro a estas alturas es que la única salida pasa por el derribo del edificio, cuyo coste rondaría los 20 millones de euros, según fuentes del entorno del Consorci de la Mina. A principios del pasado mes de octubre, el pleno del Parlament aprobó por unanimidad secundar el derribo del bloque, así como convocar una mesa de seguimiento del caso. La semana pasada, el alcalde de Sant Adrià, Joan Callau, ya se reunió con el secretario de Afers Socials i Famílies de la Generalitat, Francesc Iglesias, y abordaron el asunto.

De momento está previsto que se celebre una reunión en la que han de participar todas las «Administraciones consorciadas, a principios de diciembre». La Comisión Ejecutiva del Consorci de la Mina del mes de diciembre tomará «decisiones al respecto», según explican fuentes del departamento de la Generalitat. «En la actualidad, el Departament de Treball, Afers Socials i Famílies y el Ayuntamiento estamos multiplicando las reuniones para abordar el cumplimiento del mandato del Parlament del mes de octubre. En este sentido, el Consorci está preparando el Plan de actuaciones sociales de la Mina 2020, para el período 2020-2022», explica el departamento.

No obstante, de momento sigue sin haber calendarios, fechas o presupuestos aprobados para movimiento alguno. Sea como sea y termine como termine el crowfunding, Paqui Jiménez y los vecinos tienen algo claro: «No podemos estar paralizados 20 años más».