Una mano desinteresada para quienes lo necesitan

El voluntariado gana enteros en estas fechas, si bien las necesidades sociales perviven todo el año. Aumenta el abanico de posibilidades donde colaborar, pero las entidades piden que la Administración se implique más

Hoy toca cocinar. Primera pregunta: «¿Qué necesitamos para hacer la masa?». Los alumnos y las educadoras tratan de hallar la respuesta: «Harina, sal, ¿huevo? ¡No! Pues aceite, ¡sí! Y falta algo: cerveza [sin alcohol]. ¿Por qué? Por la levadura». En el instituto escuela Rafael Alberti del barrio de Llefià, en Badalona, es día de taller extraescolar para adolescentes: lo llaman Entorn Escolar Secundària, está dirigido a jóvenes de 12 a 16 años y combina diversas actividades con el apoyo al estudio. En él se promueven los hábitos saludables, pero hoy han hecho un hueco para uno de los platos que más aman los participantes: la pizza. El taller lo organiza el Casal dels Infants del Raval, una entidad nacida en el corazón de Barcelona, pero que también se empeña en luchar contra la exclusión de niños y jóvenes en otros municipios. Atajarla es una de las principales necesidades sociales. Y su abordaje no sería posible sin la colaboración desinteresada de los voluntarios.

De la universidad al Casal

La época navideña se presta más a la solidaridad, pero el voluntariado no entiende de fechas. Eva Cuello Nebot, de 62 años, es voluntaria del Casal en Llefià tres días por semana y allí comparte lo que mejor sabe hacer: enseñar matemáticas, tras 30 años de haberlo hecho en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Eva trata de que los alumnos se entusiasmen con las mates, pero también que estas les sirvan «para empezar a confiar en ellos mismos». Muchos son de familias migrantes, a veces con dificultades para cubrir las necesidades más básicas. Pasar por eso «tiene que ser durísimo», lamenta. Y asegura que dar repaso a adolescentes de temperamento cambiante le ayuda a tener los pies en el suelo. «Me va muy bien estar con esta energía para empoderarme a mí misma», afirma.

Entretanto, el taller de pizza avanza bajo la batuta de Laura Sañé, la educadora de referencia, la profe para los alumnos. Daniel, de 15 años, opta por no ensuciarse las manos y coger la cámara, porque también graban las recetas. «En casa cocino. No hay otro remedio. En verano, casi todos los días», relata. Hace migas, paella o macarrones. Este último plato también es la especialidad de Kholoud, que es hábil amasando. Mientras lo hace, confiesa que echa de menos a una de sus amigas. «Ella tiene fútbol y solo coincidimos un día», detalla. En el taller, que trata también de fomentar las relaciones sanas, están inscritos 34 adolescentes que reciben las atenciones de la educadora, una auxiliar educativa, una alumna de educación social en prácticas, tres voluntarias y un voluntario. «Su colaboración es absolutamente necesaria», afirma Sañé. Y avisa de que hacen falta más personas voluntarias que estén dispuestas a acudir a un taller con adolescentes en Badalona, sobre todo hombres que también les sirvan de referentes. La educadora asegura que «es muy enriquecedor salir de la zona de confort y ver otras realidades».

Jordi Balot, presiente de la Federació Catalana de Voluntariat Social, mantiene que el voluntariado está muy consolidado en Catalunya. De los 510.000 voluntarios que colaboran en el ámbito social, cultural o deportivo en el territorio, 360.000 se dedican a actividades sociales. Tres de cada cuatro son mujeres, de modo que incrementar el número de hombres implicados es un reto compartido por muchas asociaciones. El perfil del voluntario cambia en función de los beneficiarios: en general son gente mayor, aunque con los niños se involucran más los jóvenes. En cuanto a las entidades, oscilan entre las 23.000 y las 25.000 –el 67,7% concentradas en el ámbito metropolitano de Barcelona–. «Es un potencial increíble», defiende Balot, quien subraya que el movimiento asociativo «tiene un peso muy importante en la construcción de una sociedad cohesionada e inclusiva».

Las entidades dan respuesta a las necesidades de la sociedad, con independencia de si estas atañen a una Administración a veces poco comprometida. Pero no se quedan ahí. «Primero debemos dar respuesta a la urgencia que se nos presenta, y luego trasladarla a las Administraciones, para apretar y que sean ellas las que asuman la tarea que les corresponde», defiende Balot. En el ámbito social, identifica «muchas necesidades desatendidas», pero considera que lo más urgente es responder a la pobreza infantil, muy vinculada a las dificultades de vivienda. Todo ello está haciendo emerger otro reto, el de mejorar la salud mental de la infancia: a menudo no se atienden las emociones, angustias y miedos de los niños que pasan por un desahucio o viven en pobreza energética. Balot apunta otros dos colectivos que requieren más atención: ancianos y personas con alguna discapacidad.

En el Casal dels Infants del Raval, que atiende a unos 7.000 niños con la ayuda de un millar de voluntarios, tratan de hacer prevención, que los niños vivan modelos diferentes de relacionarse y que puedan hacer aquello que les motiva. Para Anna Oró, que está al frente del área de voluntariado del Casal, «la ciudadanía organizada hace posible muchas cosas, y esto es un valor positivo. La Administración debe implicarse en todo ello».

Cruz Roja interpela a la Administración

Una opinión que comparten en la Cruz Roja, organización que está a punto de cumplir 150 años en Catalunya y que, aunque las necesidades hayan cambiado –ahora ya no construye hospitales como antes–, sigue ocupando espacios a los que aún no llega la Administración. «No tiene sentido que demos alimentación y productos básicos a 150.000 catalanes. Esto debería garantizarlo la Administración pública. Hay gente que trabaja y que no tiene nada en la nevera», advierte Enric Morist, coordinador de Cruz Roja en Catalunya, quien recuerda que durante la crisis llegaron a ser 300.000 los atendidos. Además de la pobreza cronificada, sitúa como prioridades la atención a migrantes y refugiados, y, otra en auge, la soledad no deseada de personas que pasan por dificultades.

Cruz Roja cuenta con 1.400 trabajadores, pero es una de las entidades que más voluntarios mueve: 17.000 en toda Catalunya, de los cuales 11.000 actúan en la provincia de Barcelona y 3.000 de ellos en la capital catalana. Unas cifras que este año han vuelto a crecer tras una época de retroceso. «Somos una organización de voluntarios. Sin ellos no existiríamos», recalca Morist. Una de ellas es Berta Álvarez, maestra de 64 años ya jubilada. Da clases de castellano a migrantes que huyen de guerras o que llegan en busca de una vida mejor. Su tarea es compleja: «Cada semana o diez días llega gente nueva. Y hay gente que no ha ido nunca a clase», relata. Berta se hizo voluntaria por solidaridad. «Toda la gente que llega tiene problemas muy graves. Los hay que se pasan cuatro años atravesando África para coger una patera en Nador, y allí les quitan todo lo que llevan. Todos deberíamos ir a África para conocer su realidad. No existiría el racismo», reflexiona. Ella ha estado y aquí trata de hacerles la vida un poco más agradable.

Tener compañía por Navidad

«Hay algo más angustiante que recibir a 12 invitados por Navidad: no tener ninguno». Es el mensaje que lanza Amics de la Gent Gran en estas fechas, con un vídeo en el que se ve a una mujer mayor cocinando y comiendo sola la tradicional escudella navideña. El Día Internacional del Voluntariado es el 5 de diciembre, semanas antes de las fiestas, una época especialmente sensible, y más todavía para colectivos como el de la gente mayor. «A algunos les genera un sentimiento de frustración. En teoría deberías estar feliz, pero no lo estás; estás solo y recuerdas los momentos en que sí que lo has sido», describe Anna Gris, coordinadora de Barcelona de Amics de la Gent Gran, que cada año lanza una campaña para ayudar a financiar comidas navideñas en compañía. Solo en la capital catalana han participado más de 800 personas mayores, la mayoría de ellas de 80 a 90 años.

El voluntariado principal de la entidad, no obstante, es el acompañamiento semanal en sus tareas cotidianas de 900 ancianos, lo que mueve a unos 1.000 voluntarios. Gris pide que quien quiera ayudar «debe entender que se trata de una población vulnerable» y que se debe ser empático y respetuoso con los beneficiarios. La soledad de los ancianos se está convirtiendo en un problema creciente en una sociedad cada vez más envejecida. Según el último informe anual de la Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB), cerca de una quinta parte de las personas que viven en la ciudad tienen más de 64 años, alcanzándose un récord histórico, con las casi 350.000 contabilizadas en el año 2018. De ellas, unas 90.000 viven solas. El fenómeno afecta sobre todo a las mujeres y aumenta con la edad.

En Arrels Fundació, entidad especializada en la atención a personas sin techo en Barcelona, celebran también comidas navideñas. Entre las voluntarias está Esther Cantillon, de 37 años. Trabaja de administrativa, pero ayuda cuando puede. «En la vida puede que lo tengas todo, y por A o por B de repente no tengas nada», resume. Vive en el Poble-sec, veía a mucha gente durmiendo en la calle y decidió colaborar. «Terminas teniendo una especie de relación de amistad» con ellos, indica Esther, y en Navidad los usuarios están más sensibles. «Los voluntarios ayudamos a preparar las mesas y les servimos la comida. Normalmente acabamos sentándonos con ellos, ponemos música y a lo mejor acabamos bailando», explica. Conxi Cueto, que trabaja en el equipo de apoyo de Arrels y que también es voluntaria, está satisfecha de su tarea: «A mí me ayuda mucho más de lo que yo creo que he podido ayudar a nadie. He podido aprender mucho y abrir la mente».

La necesidad de ser cuidadoso

Por norma general, no hay requisitos concretos para ser voluntario, pero sí que existen condiciones a cumplir cuando se atiende a determinados colectivos. Por ejemplo, todo aquel que quiera ejercer en el Casal dels Infants del Raval debe presentar antes el certificado de penales. Otro caso delicado es cuando se trabaja con mujeres y menores que han sido víctimas de la violencia de género. A ello se dedica la asociación sin ánimo de lucro In Via, también de Barcelona, que gestiona La Casa de la Jove, una vivienda con 24 plazas. «Es un servicio de protección en el que es mucho más difícil la acción voluntaria que en otros», admite Annabel Pallás, encargada del voluntariado en la entidad. Las colaboraciones desinteresadas en el servicio se han limitado a algún apoyo de traducción o algún taller. «Debemos tener mucho cuidado», insiste. Incluso con las mujeres que habían sido víctimas de violencia de género antes y que ahora quieren colaborar. Puede que el mejor sitio para ellas no siempre sea estar en contacto con las nuevas víctimas, sino en otras actividades, como las de difusión.

Existen muchas opciones para realizar un voluntariado, en función de las capacidades y disponibilidades de cada uno. Lo importante es, según Jordi Balot, de la Federació Catalana de Voluntariat Social, adecuar las expectativas del voluntario con las necesidades del puesto que se le asigne. En los últimos 15 años se ha apostado mucho por la formación. «No vale solo el compromiso gratis, sino que hay que hacer las cosas bien», afirma Balot, que subraya la aparición de nuevas formas de implicarse más allá de la acción directa habitual. Lo ejemplifica con el caso de Open Arms, la ONG que salva vidas de migrantes en el Mediterráneo, cuando esta ha hecho una petición de mantas; el Banc dels Aliments, con su Gran Recapte de alimentos antes de Navidad; o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), cuando ha llamado a paralizar un desahucio. Enric Morist, de Cruz Roja, añade que también «hay programas que permiten un voluntariado a distancia», como el acompañamiento jurídico a migrantes y refugiados o el que persigue el éxito escolar de los niños, que contactan con maestros por teléfono o internet.

LA CRUZ ROJA RECOGE JUGUETES

Los Reyes Magos o Papá Noel pueden necesitar alguna ayuda para llegar a todas las casas, y es por ello que la Cruz Roja organiza hasta el 4 de enero una campaña de recogida de juguetes que este año celebra su edición número 27. Según la vicedirectora autonómica de Cruz Roja Juventut en Catalunya, Sandra Serra, de ella se benefician unos 25.000 niños de entre 0 y 14 años de toda Catalunya, con la colaboración de más de un millar de voluntarios. En la entidad llaman a no olvidar a los que tienen entre 10 y 14 años, cuyos juguetes son los más difíciles de reunir. Se organizan varias  actividades, como el concierto del Cor Masculí de Barcelona, este viernes 27 de diciembre a las 21.30 en la sala Luz de Gas. La entrada no es otra que llevar un juguete nuevo no bélico ni sexista.

LOS BARRIOS DONDE CUESTA HALLAR VOLUNTARIOS

En la actualidad existen muchas necesidades por cubrir, y entre ellas está la de llegar a todos los barrios que lo precisen. Lo cierto es que no resulta fácil encontrar voluntarios dispuestos a acudir a los sitios que quedan más alejados del centro de las ciudades. En el Casal dels Infants del Raval, por ejemplo, admiten que necesitan más implicados para sus proyectos en los barrios de Llefià y Sant Roc, de Badalona, y en los de Fondo y Raval, en Santa Coloma de Gramenet. En cuanto a Amics de la Gent Gran, la coordinadora de Barcelona, Anna Gris, reconoce que «hay determinadas zonas en las que es más difícil cubrir las necesidades». Se refiere a Nou Barris, pero también al mismo Eixample, que es donde la entidad tiene su sede, lo que motiva que muchos vecinos mayores –el envejecimiento de la población es uno de los grandes problemas de este distrito– acudan en busca de ayuda. En las delegaciones de L’Hospitalet, Badalona y Santa Coloma también necesitan voluntarios.

NECESIDADES CONTADAS EN PRIMERA PERSONA

En Barcelona hay 1.200 personas que pernoctan en la calle, cuya vida se complica todavía más con la llegada del frío. Para paliar sus efectos, el Ayuntamiento activa la denominada Operación Frío: abre 75 plazas fijas adicionales de alojamiento para este colectivo durante cuatro meses y, si la temperatura baja de los cero grados, se activan otras 325. Quienes no tienen un techo, sin embargo, creen que se trata de «un parche». Lo han expresado a través de la cuenta de Twitter @Placido_Mo, que recoge la opinión de algunas de ellas. Reciben la ayuda de Arrels Fundació, que les atiende. «La Operación Frío no da derecho a todas las personas que duermen en la calle a tener un sitio caliente», advierten. Y también lanzan una pregunta recurrente: «¿Por qué no se intenta cambiar el sistema y resolver el problema de todas?».