El mNACTEC de Terrassa: el hilo de la historia

«El actual mNACTEC tiene 22.200 m2 de superficie, de los cuales la mitad corresponden a la antigua nave de producción, un enorme espacio diáfano que se encarga de acoger las principales exposiciones»

La llamaban mule-jenny. Era una máquina para hilar, pero no totalmente automática: un operario tenía que empujar su carro móvil. Podía manejar hasta 120 husos. Creada hacia 1770 por el inglés Samuel Crompton, su introducción en Catalunya fue lenta. En la década de 1840 solía sustituir a otras máquinas autóctonas, las denominadas berguedanes. Ahora, casi dos siglos más tarde, esta mule-jenny puede verse de cerca en el Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica de Catalunya (mNACTEC), en Terrassa. Un museo que tiene también su historia. En los setenta, la Associació d’Enginyers Industrials de Catalunya recuperó una iniciativa de los años de la Generalitat republicana y que el franquismo había congelado: dedicar un museo a la ciencia y la técnica. El objetivo era preservar la memoria de una actividad vital para la economía catalana y, en concreto, para la zona del Vallès: la industria. El Departament de Cultura aceptó el reto y en 1983 compró la fábrica Aymerich, Amat i Jover, un antiguo vapor textil lanero, diseñado a principios del siglo XX por Lluís Muncunill, quien reinterpretó el tradicional techo fabril de dientes de sierra utilizando la nostrada volta catalana. El recinto abrió de nuevo en 1984 convertido en museo. El actual mNACTEC tiene 22.200 m2 de superficie, de los cuales la mitad corresponden a la antigua nave de producción, un enorme espacio diáfano que se encarga de acoger las principales exposiciones.