Los que pierden antes de empezar a jugar

«En Barcelona se constata a diario que dos personas que no comparten la misma interpretación de los símbolos deben superar una fase de negociación»

Las diferencias culturales tienen enormes repercusiones prácticas. En Barcelona se constata a diario que dos personas que no comparten la misma interpretación de los símbolos deben superar una fase de negociación para aclarar los significados de los términos que utilizan. Si no se resuelve esta discrepancia, se pueden generar malentendidos que originen desconfianza y, en última instancia, conflictos graves entre oriundos, turistas, migrantes…

Según la teoría de juegos, la cultura es el resultado de un conjunto de coordinaciones interrelacionadas. En estos vínculos y combinaciones, los individuos obtienen los mejores resultados si hacen lo mismo que el resto de sujetos con los que conviven.

El cambio cultural es el proceso mediante el que una civilización o un pueblo coordina nuevos hábitos, que son adoptados tras una primera etapa de innovación. Hay que asumir que en las sociedades complejas se producirán cambios, pero también que no los tienen que sufrir siempre los mismos: los barceloneses en detrimento de los visitantes; las minorías desfavorecidas por el efecto del rodillo mayoritario.

Los juegos son recursos culturales muy potentes. Encarnan nuestro impulso lúdico, que, en cualquier edad o condición, es normalmente elevado. Se puede jugar sin juegos, pero, cuando estos intervienen, generan una actividad que capta todo nuestro interés y atención. Por ello constituyen una fuerza que incita cambios sociales, políticos…

Robert Bellah, autor de un exhaustivo estudio al respecto, sitúa los juegos en el centro de la cultura. Continúa de este modo una línea de pensamiento iniciada por Johan Huizinga y alimentada, entre otros, por Roger Caillois y Jean Baudrillard: cuando las personas juegan, entran en un mundo imaginario en el que todo es posible.

La fantasía es una región de la mente donde solo puede habitar un sujeto: el que lleva a cabo la fabulación. En cambio, dentro de un juego viven muchos individuos a la vez. Es este un lugar destinado a las fantasías colectivas, en el que la gente puede tomar conciencia de las potencialidades de la cultura en el mundo real.

La importancia del juego también se demuestra cuando comprobamos que en todas las modalidades de interacción social está presente la coordinación. ¿Por qué nuestros gobernantes no desarrollan juegos en los que haya más vencedores que derrotados?