REVISTA DE PRENSA. Coronavirus, sinofobia y eurochovinismo

La primera reacción mediática al Covid-19 tenía dosis de sinofobia. Cuando llegó a Italia, algunos dirigentes y medios europeos recibieron el mismo trato que habían dispensado a los orientales

Cuando se estrenó China está cerca (Marco Bellochio, 1967), poco podía imaginarse su director que el título de la película se convertiría, andando el tiempo, en un titular recurrente a la hora de informar del auge económico del país asiático. China está cerca, desde luego: nos la ha acercado la globalización. Y con su consolidación industrial y económica vino el primer brote de sinofobia: las ilustraciones de la prensa se llenaron de amenazadores osos panda y dragones rojos proyectando su sombra sobre algunos países, cuando no el planeta entero. El segundo ha venido con la epidemia de coronavirus, o Covid-19. La BBC se ha hecho eco de varios casos de discriminación e incluso agresiones a ciudadanos chinos, reducidos a «virus» andantes, y un diario francés, Le Courrier Picard, hasta llegó a titular un editorial como «¿El peligro amarillo?». ¿Cuántos medios no hablaron de un Chernóbil chino? Lo hicieron desde el diario The Guardian a la revista Newsweek y, diligentemente, en España la ocurrencia se repitió en diarios como el ABC y todos los telediarios. Foreign Policy habló de «cómo la incompetencia de China ha puesto en riesgo al mundo».

Pero mientras los comentaristas se complacían con este tipo de críticas, el director ejecutivo de la OMS para brotes epidémicos y emergencias sanitarias, Bruce Aylward, elogiaba en rueda de prensa la eficacia de la respuesta china, la capacidad de su Administración para movilizar y organizar recursos y el rigor de sus equipos médicos. Aylward juzgó que el resto de países no están preparados, «pero pueden estar listos rápidamente si hay un cambio de mentalidad sobre cómo vamos a manejar la enfermedad». En otras palabras: seguir el ejemplo de China.

Todo esto sucedía mientras el Covid-19 aún parecía estar lejos. Pero China está cerca y pronto apareció el primer brote en Italia. Aquí el discurso cambió y algunos de los dirigentes y medios europeos se encontraron con el mismo trato que habían dispensado pocos días atrás a sus colegas chinos. El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Luigi Di Maio, acusó a la CNN de «distorsionar la realidad» al sugerir que Italia era un foco emisor del virus en un mapa en el que 12 flechas rojas partían desde la península al resto del mundo. En un artículo poco habitual para la prensa económica, el Financial Times imploraba a la Unión Europea que relajase las medidas de austeridad: «Italia necesita margen para enfrentarse a lo que supone un desafío para toda Europa, si eso supone incrementar su déficit presupuestario, que así sea». En el Reino Unido, el diputado laborista John McDonnell alertó de la pérdida de 17.000 camas en hospitales públicos como resultado de los recortes de austeridad. ¿No existe para esto ninguna serie de televisión reciente a la que puedan recurrir los periodistas perezosos?

El Covid-19 ya ha cruzado el Atlántico y existe el «temor en Estados Unidos a que la expansión del coronavirus sea mayor que la que indican los datos oficiales», informaba El País. La epidemia se encuentra en su fase de inicio en EE. UU., faro del mundo libre y hogar de 28 millones de personas sin seguro médico. Según The New York Times, las enfermeras se han quejado de la falta de equipos en los hospitales, y desde The Atlantic se exponía que la cifra de infectados podría ser mayor a la oficial. «En otros contextos, lo llamaríamos por lo que es: una sutil forma de desinformación», apostillaba. J.P. Sottile resumía bien la situación en Counterpunch: «Trump ha estado privando de oxígeno a las agencias federales, reduciendo sus recursos y personal». En este sentido, Donald Trump es «el omega al alfa de Ronald Reagan», adalid del programa económico de privatizaciones que hoy conocemos como neoliberalismo. «Cualquier incompetencia relacionada con el coronavirus que veáis en las noticias», denunciaba Sottile, «es una característica de ello, no un error».

Un neoliberal que elogia a China 

Lo que nos lleva a las páginas de El Confidencial. Allí Juan Ramón Rallo, apóstol del neoliberalismo, se sumó a la OMS en sus elogios a las medidas adoptadas por China. Sí, han leído bien: el hombre cuya columna se titula nada menos que Laissez faire y que todo lo fía a la «mano invisible» del mercado, alabando al Partido Comunista Chino (PCCh) y no a Washington o Bruselas. Y eso que poco antes Rallo se mostraba extremadamente preocupado por «la extralimitación liberticida» del presidente de Francia, el liberal –aunque demasiado poco para Rallo– Emmanuel Macron, quien, para poner fin a la especulación con bienes médicos, dio luz verde a la decisión de requisar mascarillas. ¿Habrá aprendido estos días el camarada Rallo algo de todo esto? «¿De dónde vienen las ideas correctas? ¿Caen del cielo? No. ¿Son innatas a la mente? No. Vienen de la práctica social y solo de la práctica social». Esto último era de Mao, por cierto.