Craig Hodges.- CAPITÁN SWING

Craig Hodges: «Un eslogan no cambia lo que mi gente sufre bajo la bandera de EEUU»

Jose Carmona

26 de octubre de 2020

En 1992, Craig Hodges había ganado su segundo campeonato de la NBA con los Chicago Bulls de Michael Jordan y se había proclamado por tercera vez consecutiva ganador del concurso de triples, hazaña solo igualada por un tal Larry Bird. Sin embargo, en 1992, Hodges se quedó sin equipo. Además de baloncestista, era activista por los derechos civiles y nunca olvidó el gueto donde nació.

Pidió a sus compañeros no jugar la final de 1991 en protesta por el racismo en EEUU, peleó desde los sindicatos por los derechos de los jugadores, apoyó boicots a marcas como Nike y fue amigo de Louis Farrakhan, líder de la Nación del Islam. En su único viaje a Chicago, Nelson Mandela pidió expresamente conocer a Hodges, que acaparó los focos por ir vestido con un dashiki, vestimenta tradicional africana, a la visita oficial a la Casa Blanca de George Bush padre. Su compromiso político, narrado en su autobiografía Tiro de larga distancia, le pasó factura. Ahora celebra que el movimiento Black Lives Matter haya llegado hasta las camisetas de la NBA, pero advierte de que para los empresarios es solo un negocio más.

¿Ha evolucionado la NBA? ¿Craig Hodges podría decir ahora lo que quisiera?

Seguro. Sería genial, y no solo por poder hablar sin reservas, sino porque el juego ha cambiado mucho y ahora podría tirar muchos más triples. ¡Tirar desde donde quieres, decir lo que quieres e irte a casa con dos millones de dólares! [Risas]. Por una parte, me da envidia, pero por otra no. Yo pude vivir la época dorada del baloncesto. He competido contra enormes jugadores como Julius Erving, Kareem Abdul Jabbar… No cambiaría esos momentos por nada.

Han pasado treinta años desde que propuso a Jordan y Magic Johnson no jugar la final de la NBA en protesta por la paliza a Rodney King. Le tomaron por loco y extremista. Finalmente, tras las muertes de George Floyd y Breonna Taylor, en 2020 se paró la competición. Era algo impensable.

El Black Lives Matter busca justicia y ver esa energía por todo el planeta es increíble. Siempre fui parte de movimientos sociales, como la marcha a Washington de Martin Luther King, a la que me llevaron de niño. En los años sesenta había una energía que ha llegado hasta ahora. Además, con las redes sociales ya no importa de dónde seas, la gente siente dolor por lo que pasa en cualquier parte del mundo. Las nuevas generaciones no se permiten a sí mismas estar en silencio

Los jugadores ahora han conseguido lo que usted quería en 1991, aunque la huelga se desconvocó a los pocos días. ¿Era el momento de no jugar? ¿De dejar la NBA sin campeón?

Eso sería alucinante. Los dos equipos que lleguen deberían decir «no vamos a jugar». Sería digno de ver, pero no sé si harán tanta presión, ya han llegado muy lejos. La agresión a Rodney King en 1991, a pesar de su gravedad, no logró trascender tanto como lo que ha pasado ahora. La diferencia es que con las nuevas tecnologías la gente se ve más motivada a denunciar las cosas porque sabe que van a tener apoyo.

Usted apoyó las huelgas, propuso boicots a grandes marcas, criticó a la organización… Su militancia le llevó a ser desterrado del baloncesto. ¿Se cree el apoyo de la NBA al Black Lives Matter o lo ve como una forma de seguir haciendo dinero?

No. Esto es para ellos una oportunidad de hacer negocio. Te puedes subir al carro de la injusticia económica, pero ¿vas a compartir los beneficios? Cuando le den a Lebron James o a Kevin Durant propiedades legítimas dentro de la liga empezarán a cambiar las cosas. Porque el parqué esté pintado con el mensaje «Black Lives Matter» o se pongan frases en las camisetas no cambia nada. Eso no va a cambiar todo lo que sufre mi gente bajo la bandera de EEUU. Hay cosas que no solo tienen que ser cambiadas sino erradicadas. Además, veo que llaman a Jordan y a Obama para participar en las negociaciones para volver a competir y pienso que no puede ser, que eso no va a servir para nada.

Su relación con Jordan es complicada. Dice que no cedió a sus presiones y las de su agente para liderar el sindicato de jugadores, que según escribe, le quería usar para su batalla particular e impedir un boicot contra Nike, la marca que vestía a Michael. Usted temió por las consecuencias y pensó: «Van a echarme de la liga». Además, durante las finales de 1992 dijo que Jordan era un «rajado»por no liderar las protestas que pedían más entrenadores de raza negra en la liga. ¿Michael Jordan le echó de la NBA?

En cierto sentido, creo que Jordan podría haberme defendido un poco más y hablar en mi defensa. Eso me habría dado una oportunidad, pero Michael no dijo nada. No es que fuera mala persona, es que no sabía qué decir.

¿Por qué no aparece usted en el documental The Last Dance ni hay ninguna mención a sus aportaciones en el equipo?

No tengo ni idea, hermano. Vi los diez episodios y son entretenidos, pero veo a toda la gente que sale en el documental y pienso: «¿Por qué no me entrevistaron a mí?». Luego ya me fijé en el enfoque, no querían caras polémicas, quisieron hacer que a Michael le gustara el resultado final y yo no iba a callarme nada. Me lo tomo como un elogio, agradezco no salir, porque yo sé lo que aporté para ganar esas dos finales, yo estaba ahí cuando Michael hizo su famoso tiro en Cleveland. Lo más loco de todo es que no salir en el documental me ha hecho más conocido.

En su libro dice que en algún momento se arrepintió de su activismo. Llegó a tener que vender sus anillos de campeón y todos sus trofeos para poder sobrevivir.

Sí, pero ahora estoy bien. Estoy orgulloso. Estuvo bien vivir toda la locura que viví en la élite. Fui bendecido con una gran red de apoyo: mi familia y mis amigos han sido mi salvavidas. Fui bendecido, porque encontré mi pasión muy pronto: el baloncesto, leer y escribir. Ese soy yo. Cuando me quitaron el baloncesto, seguía yendo a la cancha con mi hijo a jugar. Estoy seguro de que no sería quien soy sin ellos. Se me dieron un montón de opciones y siempre tuve la oportunidad de elegir, y la mayoría de las veces he elegido lo que, moralmente, es lo correcto para mí. Hay elecciones que podrían haberme hecho ganar más dinero, pero… ¡Podría venderme y convertirme en republicano y tener para comer! [Risas]. Pero esa fue siempre mi cuestión: dejar el planeta mejor de lo que lo encontraste.

¿Se considera a sí mismo un pionero? Se adelantó en dos sentidos a la actual NBA: en tirar muchos triples y en ser activista.

Yo no tuve línea de triple hasta llegar a la NBA, antes no existía. No la tuve ni en el instituto ni en la universidad. Cuando la pusieron fue como «ah, vale, pues vamos». El activismo surgió gracias al deporte, por haber tenido la oportunidad de ir a la universidad –gracias a una beca– y estudiar Estudios Afroamericanos. Ese atletismo estudiantil me llevó al activismo. Y así ha sido hasta ahora, aunque ya no corro como antes, sigo haciendo sesiones de tiro.

¿Qué opina de LeBron James? No oculta su activismo y es el mejor jugador de la liga.

Aprecio el trabajo que ha hecho en la cancha y fuera de ella, apoyando a la gente joven, haciendo escuelas para chavales, defendiendo los derechos humanos… Me gustan las decisiones que está tomando. Hace lo que puede, porque camina en la cuerda floja. Tal vez, ojalá, algún día sea dueño de un equipo. Ha tomado el relevo de Muhammad Ali y de Kareem, ha recogido su testigo y lo ha transmitido a esta generación. Eso es muy bonito.