Comida desechada.

Cómo generar menos residuos

Público

30 de diciembre de 2022

En nuestro día a día, cada elección que hacemos tiene una consecuencia a nivel medioambiental aunque no nos demos cuenta: cuando elegimos una manzana recubierta de plástico, cuando preferimos una camiseta de tres euros de una gran marca que nos llega por avión en vez de elegir ropa de segunda mano o de una marca de fabricación local, o cuando nos da pereza separar los residuos después de una fiesta de cumpleaños y tiramos todo lo generado en ese buen rato al contenedor de rechazo. Estos pequeños gestos son acciones que podríamos evitar para así generar menos huella ecológica y, a su vez, menos residuos.

Según la Agència de Residus de Catalunya, cada persona en Catalunya produce 1,4 kg de basura al día, lo que al final de año supone 518,3 kg por persona y un total de 4.027.028 toneladas en todo el territorio. De estos cuatro millones de residuos, en 2021 un 47% fueron recogidos de manera selectiva, mientras que en 2011 esta cifra se situaba en el 40,6%. Aunque es una mejora gradual, no llega a los mínimos establecidos por la Comisión Europea (CE). La CE sitúa el objetivo de reciclaje de los residuos municipales en un 55% en 2025, un 60% en 2030 y un 65% en 2035. Por lo que sí: nos queda trabajo por hacer.

Vinculada a esta meta, nos encontramos la apuesta de la Unión Europea por la economía circular, un sistema que mantiene el valor de los productos, materiales y recursos en la economía durante el mayor tiempo posible y minimiza la generación de residuos. Esto significa un sistema en el que los productos se reutilizan, reparan, transforman o reciclan.

Estos dos conceptos, la economía circular y la recogida selectiva, son también partes fundamentales de la campaña que lanza l’Agència de Residus de Catalunya “10 anys després, reciclem més!”, que anima a la ciudadanía a comprometerse aún más con el medio ambiente a través de una buena gestión de los residuos. ¿Y cómo podemos generar menos residuos?

Evitar el despilfarro alimentario

El despilfarro alimentario es una de las preocupaciones medioambientales más emergentes. En el caso de Catalunya, la Generalitat calcula que se lanzan año más de 260.000 toneladas y que el 58% se producen en los hogares. Además, según el informe Circularity Gap Report 2021, del Forum Económico Mundial, el 70% de los gases de efecto invernadero (GEI) son generados por la extracción, procesamiento y fabricación de bienes. Este documento puntualiza que hay tres necesidades sociales que son responsables de casi el 70% de estas emisiones: la edificación, el transporte y la alimentación.

Así pues, para evitar este despilfarro alimentario que ya ha generado una contaminación previa antes de convertirse en residuo, la Agència de Residus de Catalunya propone estos consejos: revisar la nevera, planificar la compra, aprovechar las sobras, coger la comida sobrante en los restaurantes y fijarse en las fechas de caducidad.

Prevención, reutilización y reparación

La prevención es un concepto clave. Su principal función es evitar la generación de residuos y, en el caso que sea inevitable, procurar que su gestión contamine lo menos posible. Por ejemplo: si tengo pensado hacer un picnic y comer fuera, es mejor que me lleve el tenedor de casa. Ahora bien, si me lo he dejado, es preferible que me compre uno de papel o de material reciclado que no uno de plástico.

La reutilización está muy ligada a la prevención, ya que su finalidad es darle un nuevo uso al residuo. ¿Cómo podemos reutilizar un objeto? Todo es usar nuestra creatividad: podemos convertir una botella de vino en un bonito jarrón de flores, o el recipiente de vidrio de los garbanzos es un buen almacenaje para cualquier otro alimento.

Por último, la reparación la usaremos en aquellos productos que tengan una parte que se pueda arreglar, alargando así su vida útil y evitando generar un residuo más. Un ejemplo clásico son la batería de los teléfonos y los portátiles: sólo cambiándolas ya podemos, como mínimo, alargar un año más la utilidad de ese producto.

Separación de residuos

Una vez la vida útil del bien o recurso ya ha llegado a su fin, este se convierte en residuo, pero eso no quiere decir que su ciclo acabe aquí. Siguiendo el ejemplo de la economía circular, una buena separación puede hacer que el producto o el material del que está hecho sirva para generar otros bienes. Por ejemplo, en el caso del reciclaje de envases de plástico se puede utilizar para fabricar bolsas de plástico, mobiliario urbano, señalización, o para la obtención de nuevos envases de uso no alimentario. Si hablamos de los residuos orgánicos, su buena separación contribuye a tener un aire y agua más limpios, a mejorar la calidad de la tierra, a generar electricidad y a multiplicar el reciclaje, ya que si los separamos directamente en la bolsa orgánica permite que otros elementos reciclables, como el papel o el cartón, no se manchen y puedan ser reciclados.