Pequeña pintada en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011.- FERNANDO SÁNCHEZ Pequeña pintada en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011.- FERNANDO SÁNCHEZ

Dos lemas, dos cambios: una noticia buena y otra mala

Berta BarbetPolitóloga. Editora de Politikon.

12 de mayo de 2021

Cuando los jóvenes salieron a la calle el 15 de mayo de 2011, una parte muy importante de su malestar se dirigió hacia un sistema político que muchos sentían alejado, corrupto e incapaz de dar respuesta a sus problemas. La alta frustración, desafección y desconfianza hacia instituciones y representantes no era una cosa nueva, pero en 2011 la situación parecía estar llegando a extremos críticos. En encuestas del CIS los meses previos solo un 6,2% delos españoles situaba su confianza en los partidos por encima del 7, y apenas un 22,1%mostraba satisfacción con el funcionamiento de la democracia.

El problema se resumió en dos lemas conocidos por todos: "No nos representan", y "lo llaman democracia y no lo es". Los dos lemas, y sus consiguientes demandas de cambio, se mezclaron en el debate público generando un listado de posibles reformas y demandas a implementar con objetivos poco claros y, en algunos casos, contradictorios. Y es que, aunque los dos tenían que ver con el funcionamiento del sistema político, en ellos se mezclaban demandas a dos niveles. "No nos representan" parecía enfocar el problema en los representantes de los partidos políticos y sus propuestas.

Mientras que "lo llaman democracia y no lo es" enfocaba el diagnóstico hacia las instituciones y procedimientos que deben utilizar estos representantes a la hora de hacer su trabajo. Así, el primer lema ponía el foco en la necesidad de regenerar las élites políticas para que representaran mejor las ideas y reclamos de los jóvenes. Era una demanda de nuevos representantes capaces de dar voz y de llevara las instituciones propuestas dirigidas a mejorar la vida de aquellos que hasta entonces se habían sentido excluidos e ignorados por el sistema. No les faltaban motivos.

Según datos de estudios realizados por Freire, Coller y otros, la edad media de los representantes parlamentarios en 2011 se situaba cerca de los 50 años y solo el 13%tenía menos de 36 años; en la sociedad este porcentaje era cercano al 30%. También el porcentaje de diputados obreros de profesión se situaba por debajo del 5% (cuando más de la mitad de los españoles lo eran), y más del 90%de los miembros del Congreso tenía estudios universitarios, un dato muy alejado de los dela población que debían representar, donde solo el 19,6% había ido a la universidad.

Un desajuste en la representación descriptiva de algunos grupos que se traducía en importantes brechas ideológicas entre los representantes y sus representados y justificaba el grito de "nonos representan". El debate sobre la mala representación delas preferencias de la sociedad se mezcló con otro, que cuestionaba la bondad misma de los mecanismos de representación en democracia, "lo llaman democracia y no lo es".

Este segundo debate cuestionaba el poder de los órganos de representación y pedía más mecanismos de democracia directa, específicamente primarias, referéndums y consultas. El foco no era tanto cuestionar quién ejercía el poder, si no la forma en que éste se ejercía. En este sentido, muchas de las propuestas del 15-M se dirigían a alterar dos equilibrios del funcionamiento de la democracia liberal en España: la primacía de los órganos de representación sobre las votaciones directas y, con menor énfasis, los mecanismos contramayoritarios en los que los derechos de las minorías deben primar sobre la voluntad dela mayoría.

Como explican teóricos como Chantal Mouffe, estos debates respondían también a ciertas disfunciones del sistema que había llevado los equilibrios a extremos poco saludables. Además, es probable que el debate se abriera con el objetivo implícito de quitarle el poder a quien lo había dominado hasta el momento. Pero, al enfocar el debate desde este prisma, las demandas de una mayor representación y rendición de cuentas quedaban en un segundo plano, y las consecuencias de los cambios en el modelo de funcionamiento para la inclusión de voces excluidas fueron poco debatidos.

Diez años más tarde, estas dos destacadas reivindicaciones del 15-M han provocado dos pequeñas grandes revoluciones políticas. En primer lugar, tenemos un nuevo sistema departidos en el que los tradicionales necesitan alcanzar acuerdos con los nuevos para gobernar. Nuevos partidos que, además, han servido para cambiar el perfil de los representantes públicos de las instituciones españolas en términos de edad, con más de un 25% de representantes por debajo de los 35 años. Aunque este cambio no ha ido acompañado de una transformación de similar magnitud en la representación de otros grupos. A pesar de que entre los representantes de Unidas Podemos el 8% viene de profesiones obreras, el porcentaje queda aún muy lejos del de la sociedad, y el 90% de los parlamentarios sigue teniendo estudios superiores.

Además, a pesar de los avances, y de los mayores incentivos de los nuevos partidos a la hora de tener en cuenta las condiciones de vida de los jóvenes, las políticas impulsadas en favor de la juventud aún son insuficientes como demuestra el hecho de los jóvenes han sufrido el impacto de la crisis económica derivada de la covid-19 mucho más que otros colectivos. En segundo lugar, el 15-M también nos ha dejado la consolidación de las primarias como mecanismo de elección de líderes y como una forma de tener debates internos mucho más pública que la que había definido a los partidos hasta el momento. Los sistemas de validación de las propuestas y pactos de gobierno en votaciones abiertas a toda la militancia se han vuelto muy comunes .

Sin embargo, este cambio no siempre ha generado un poder más repartido dentro delos partidos. En parte, porque las consultas han limitado el debate a votaciones convocadas por la cúpula del partido, por lo tanto, con sus contenidos y tiempos, a diferencia de otros mecanismos donde las voces plurales tienen un poder orgánico fuerte. En parte porque, a pesar de las visibles excepciones de Iglesias y Errejón en Podemos, Sánchez y Díaz en el PSOE, o Casado y Sáez de Santamaría en el PP, muchas de las primarias se han celebrado con pocas o ninguna alternativa a la lista de la dirección. Dando como resultado, en muchos casos, cúpulas menos plurales que las que se habrían generado por los antiguos mecanismos ,e incluso provocando cambios de candidato en el último momento. Más importante quizá, las primarias no siempre han servido para revolucionar el perfil de los nuevos líderes, como demuestran los datos presentados en el anterior párrafo o el hecho de que ninguno de los candidatos delos partidos de ámbito estatal a la presidencia del Gobierno de las últimas elecciones fuera mujer o no tuviera estudios universitarios. Las primarias podrían incluso estar perjudicando ciertos perfiles.

Viendo los desiguales resultados de los cambios no es sorprendente que, diez años después, las percepciones de los españoles sobre el sistema político sigan siendo preocupantes. Tanto los datos de la encuesta social europea como los del CIS muestran que, aunque en un primer momento las percepciones sobre el funcionamiento de la democracia y la confianza en los políticos y los partidos subieron ligeramente, en 2018 estas valoraciones eran iguales o peores que en 2010.Sin embargo, el 15-M sí nos deja un cambio muy positivo en el aumento del porcentaje de españoles que se sienten cercanos a algún partido del sistema (del 43% en 2010 a casi el 60% en 2018, según datos de la misma encuesta social europea). Un cambio especialmente visible entre los menores de 30 años (del 30% a más del 60%). Además, aunque la brecha entre jóvenes con estudios universitarios y jóvenes sin estudios ha persistido (solo un 50,1% delos no universitarios se sienten cercanos a algún partido mientras que cerca del 70% de los universitarios lo hacen), el aumento es transversal a todos, y la brecha de género que existía en 2010 casi se había cerrado en 2018. Por tanto, la representación parece funcionar mejor hoy de lo que lo hacía en 2010, aunque el sistema nos siga pareciendo disfuncional y frustrante.