Opinión

El mundo se confina y lo que sucedió después te sorprenderá

Ana Polo Periodista, guionista y humorista

23 junio 2020

Entre humoristas se dice que los ingredientes principales de la comedia son la tragedia y el tiempo. Que tras un tiempo prudencial, pasado el dolor, aquello trágico puede convertirse en algo cómico. Puede ser. Yo añadiría que la comedia también se da muchas veces paralela a la misma tragedia. Y menos mal. Reír es aflojar, soltar; el agujero por el que la olla a presión encuentra un respiro. Por muy mal que anden las cosas, siempre sucederán otras que nos sorprenderán y nos sacarán –como mínimo– una sonrisa. Para muestra, aquí van unos botones.

Britney Spears se ha hecho comunista, o ya lo era de antes, pero el giro apocalíptico de la realidad le ha dado el empujoncito definitivo para erigirse como camarada revelación del siglo. La realidad ha superado definitivamente la ficción: el creador de Black Mirror dice que el mundo está demasiado mal como para hacer una nueva temporada. A falta de nuevo material, hasta Whoopi Goldberg se ha enganchado a Merlos Place.

Una señora saca a pasear a su tortuga por las calles de Roma. ¿Con correa? Con correa ¿Cómo se pasea a una tortuga si no? Un vecino de Lanzarote hace lo propio con una gallina; aunque viendo las imágenes, más bien parece que la gallina le pasea a él. Si ni la amenaza de una pandemia mundial consigue que la gente se quede en casa, ¿qué lo hará? Los spoilers.

Esa fue la solución que encontró una agencia de publicidad de Miami para que la gente no se saltara el confinamiento: llenar las calles con imágenes de series de Netflix. Cualquier cosa con tal de que no me revienten una serie. Quizás con esta medida otro gallo habría cantado en Elche, donde la Policía paró 47 veces a un vecino en la calle. En una de ellas dijo que había salido a pasear al perro, pero que con los nervios se lo había olvidado. Porque si no tengo mascota me la invento. Como el iluminado que se disfrazó de perro para poder salir a pasearse él solito. Con body blanco, peluca y a cuatro patas; pero sin correa. Spoiler: sale mal. La naturaleza recuperando su espacio no era precisamente esto.

Eran más bien jabalíes a sus anchas por Barcelona y Madrid. Cebras y caballos corriendo libres por París. Corzos merodeando por el Acueducto de Segovia. Una estampida de cabras al norte de California. Y Le Le y Ying Ying, la pareja de pandas del zoo de Hong Kong que ha tenido relaciones sexuales por primera vez en 10 años gracias a la cuarentena. Sólo necesitaban un poco de calma y tranquilidad para conectar y encender la llama de la pasión. Igual que le habrá pasado a más de uno, imagino.

No todo han sido memes y vídeos de animalitos. Ojalá. El teletrabajo no es fácil, sobre todo cuando hay videollamadas de por medio. No siempre se orina con una audiencia de 24 personas, como le pasó a un concejal de Vélez-Málaga que  se dejó el micro abierto mientras iba al baño. No así la cámara, por suerte. La tecnología puede ser traicionera, y si no que se lo digan a la jefa que activó los filtros sin darse cuenta y se pasó toda una reunión con cara de patata delante de sus empleados. Reírte de tu jefe nunca fue tan fácil.

Aquí cada uno combate el abatimiento como puede. A mediados de abril, en la Pola de Gordón, León, prohibieron enfadarse durante el confinamiento. Por orden municipal, ni el desánimo, ni la tristeza y ni el aburrimiento están permitidos. Quizás esto le habría venido bien al británico que, para matar el tiempo, decidió hacerse un tatuaje por cada día de confinamiento. Parece ser que ya anda preocupado por si se queda sin espacio en la piel. Teniendo en cuenta que ya tenía más de 1.000 de inicio, igual no acabó de calcular del todo bien. Lienzo humano 0, confinamiento 1. Los cines y teatros están cerrados, pero el espectáculo no cesa. Un padre y su hija de tres años empezaron a bajar la basura disfrazados de diferentes personajes para distraer a sus vecinos. No se asuste si ve usted a Spiderman, Olaf o Son Goku reciclando en Puertollano. Son María y Jaime, que quieren alegrarle la tarde a sus vecinos.

La gente está desubicada, no es para menos. Una señora robó sin querer el datáfono del supermercado con el ansia de querer guardar las cosas rápido y volver a casa lo antes posible. Bob Dylan ha sacado una canción de 17 minutos. Ya le podía haber dado por el pan, como a todos. O por los puzles, que llevan récord de ventas. «Somos el nuevo papel higiénico», declaraba un vendedor alucinado. Los del sector del puzle cotizando más alto que el Lobo de Wall Street. Los balcones han estado más llenos que nunca. Por suerte. Si no, nadie habría grabado a un señor saliendo por el maletero porque ha aparcado el coche demasiado justo y no puede abrir ninguna de las puertas laterales. No todos los espías de balcón iban a ser malos.

La política también nos ha dejado momentos divertidos, para qué engañarnos. Fernando Simón y las almendras. Ayuso en general. Aunque podría ser peor. El presidente de Bielorrusia recomendó a sus compatriotas combatir el coronavirus con saunas y vodka. ¿A que ahora Bernarda Alba ya no parece tan mala?

Cuando una oye la palabra confinamiento, da la impresión de que el mundo se para. De que no va a pasar nada. De que la vida está afuera y no adentro. Pero es más bien al revés. La vida nunca se detiene y la realidad es que durante este tiempo extraño, lento y denso han pasado montones de cosas. Algunas muy crudas, sí, pero otras mucho más livianas, alegres y hasta esperanzadoras. Dios aprieta pero envía memes.

 

Lee el especial completo  ‘…Y llegó la pandemia’  en este enlace

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