Imagen cedida a PÚblico por ANIMA NATURALIS

Cuando el animal se convierte en un espectáculo

Laura Safont

9 julio, 2019

España es uno de los países con más espacios y espectáculos que utilizan animales salvajes y en cautividad para el entretenimiento humano de toda Europa. Pese a que no existe un registro público de las instalaciones fijas que contienen animales de este tipo para su exhibición, como los parques zoológicos o los delfinarios, las asociaciones animalistas calculan que existen más de 130 parques zoológicos y 12 delfinarios, lo que coloca a España a la cabeza de la UE en ambos casos. Además, España sigue permitiendo las actuaciones de circos con animales, a diferencia de otros muchos estados europeos que han prohibido los circos con animales salvajes (y/o domésticos), como son Suecia, Austria, Finlandia, Grecia, entre otros.

Sin embargo, en los últimos años, iniciativas promovidas por asociaciones de protección animal, como InfoCircos, InfoZoos o ZooXXI, están impulsando cambios normativos a nivel municipal y autonómico para acabar con el uso de animales salvajes con fines de entretenimiento en parques zoológicos, circos y delfinarios (acuarios o espectáculos de cetáceos). Estas iniciativas entienden que el maltrato animal en estos espacios ya no está invisibilizado y que las instituciones locales son las primeras que deben actuar para redefinir el modelo de entretenimiento con animales, al mismo tiempo que aumenta la conciencia social sobre la situación de cautiverio de estos animales.

En el caso de los circos que usan animales, la batalla contra el maltrato animal está por ganarse. La plataforma InfoCircos, una coalición formada por cinco entidades de protección animal, lleva más de una década instando a las instituciones locales y autonómicas de los diferentes territorios del país a declararse ciudades libres de circos con animales y a promulgar leyes de bienestar animal que contemplen esta prohibición, ya que no existe una ley estatal que regule los circos y las competencias están transferidas a las Comunidades Autónomas. “Hemos conseguido que a día de hoy 10 comunidades autónomas hayan modificado sus legislaciones para prohibir la utilización de animales salvajes en circos y que cerca de 500 municipios hayan dejado de permitir estos espectáculos”, explica Marta Merchán, coordinadora de InfoCircos.

Este año, Madrid ha sido la última ciudad en sumarse a la lista y la comunidad de Navarra, la última en aprobar una nueva ley de protección animal que incluye la prohibición de los circos con animales. Además, el Ministerio de Cultura ha decidido retirar, en un plazo de tres años, las subvenciones públicas a los circos que utilizan animales salvajes en España.

Esto supone que el 75% de la ciudadanía española ya vive en un territorio libre de circos con animales salvajes y que solo seis empresas circenses continúan utilizando animales (Circo Roma Dola, Circ de Nadal, Circo Quirós, Circo Alaska, Circo Holiday y el Circo Gottani). Merchán afirma que en la UE solo quedan cuatro países donde no exista ninguna prohibición nacional o regional que prohíba los circos con animales, que son Italia, Francia, Alemania y Lituania.

“Hemos llegado a un punto en el que hay razones, no solo éticas, sino científicas que demuestran que los circos son espacios no aptos para cubrir las necesidades básicas de los animales”, argumenta. Se refiere a la posición adoptada en junio de 2015 por la Federación de Veterinarios de Europa, en la que se reconoce que no pueden satisfacerse las necesidades básicas de los mamíferos salvajes en circos  itinerantes. Otra de las alternativas es la que ha inaugurado este año el Circus Roncalli, en Alemania, que utiliza tecnología 3D para recrear animales a través de grandes hologramas y que, según su fundador, ha sido ampliamente aplaudida por el público.

Los parques zoológicos, sin embargo, no generan el mismo consenso social en favor de su prohibición ni tampoco entre la propia comunidad de defensa del bienestar animal. Partidos como Pacma se decantan por la eliminación de los zoológicos, aunque la mayoría de asociaciones defienden una reconversión de estos espacios, ya que consideran que podrían ejercer funciones de conservación de especies. Esto se da porque, a diferencia de los circos, existe una ley estatal (Ley 31/2003) que debería asegurar que estos lugares cumplen funciones de conservación, educación e investigación de las especies exóticas. Aïda Gascón, directora en España de Anima Naturalis, añade que “el tipo de sufrimiento de los animales en los zoos no es un maltrato visible como en los circos”, por lo que el rechazo social a los zoológicos no es el mismo que hay con los circos, aunque considera que el maltrato existe por el hecho de estar en cautividad.

Alberto Díez, coordinador de InfoZoos, coalición de entidades animalistas que vela por el cumplimiento de la normativa sobre zoológicos, reconoce que solo “una minoría cumplen con la función de conservación y recuperación de especies, ya que priman la parte comercial y de espectáculos artificiales con animales”. Según FAADA, solo una mínima parte ha llegado a reintroducir especies y tan solo el 8% de los animales de todos los zoos de Europa forman parte de proyectos de conservación. Pero, explica Díez, “el problema es que no se está cumpliendo con la ley de parques zoológicos, pues en ese caso todos los espectáculos con animales, como los delfines, tendrían que salir de estos espacios y se debería de primar la función educativa por encima del entretenimiento”.

Las asociaciones de protección animal llevan años documentando el sufrimiento de los animales cautivos en los zoológicos y la falta de implicación de las administraciones públicas –que pueden llevar la gestión de los parques– para controlar que se cumpla la normativa de protección animal. La mayoría de los animales, como explica Gascón, desarrollan “zoocosis”, es decir, que sufren daños mentales asociados a la cautividad,  provocándose automutilaciones, padeciendo estrés o incluso muertes. Además, en la mayoría de zoológicos se permite el ‘culling’, que consiste en matar animales sanos por temas de gestión.

Uno de los casos que más indignación social suscitó al conocerse esta práctica fue en el zoo de Barcelona, en el año 2016, cuando se mataron a tres crías de nilgo (dos de ellas sanas) por falta de espacio. Tal y como reconoció la directora ejecutiva de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), Lesley Dickie, se estima que entre 3.000 y 5.000 animales son sacrificados en los zoológicos europeos a través de esta técnica.

Ante esto, la mayoría de asociaciones animalistas defienden que habría que avanzar hacia la reconversión de los zoológicos, y no hacia su prohibición. Gascón explica que los zoos mueven un flujo de dinero muy superior a los circos, están respaldados por la administración y, sobre todo, “no hay suficientes centros de rescate para trasladar a los animales” si se cerraran el centenar de zoos del país.

El Ayuntamiento de Barcelona, en el último pleno de la alcaldesa Colau, aprobó la Iniciativa Ciudadana ZooXXI, que propone que el zoológico de la ciudad se convierta en una herramienta más de protección animal, reformulándolo como espacio de conservación de especies para su posterior reintroducción en la naturaleza y eliminando el lucro comercial con los animales. “Es una herramienta revolucionaria”, declara el impulsor de la iniciativa, Leonardo Anselmi, ya que es la primera ciudad de toda Europa en impulsar una iniciativa de este tipo. Anselmi asegura que Barcelona se va a convertir en la punta de lanza de la reconversión de los zoos a nivel europeo y que “no habrá menos de 50 zoológicos que en pocos años estarán como Barcelona”.