Los conejillos de indias: a debate

Sato Díaz

9 julio, 2019

Cobaya humana: persona que es objeto de pruebas, poniendo en riesgo su salud, su bienestar o su vida, a cambio, normalmente, de dinero. Las cobayas, según la RAE, son conejillos de indias, a su vez, en su segunda acepción: “Animal o persona sometido a observación experimentación”. Cobaya y experimentación, dos palabras que están indisolublemente unidas.

Los laboratorios científicos utilizan animales para conocer los efectos de distintos productos en las personas. El objetivo es intentar predecir qué consecuencias tendrán en el uso humano antes de sacarlas al mercado o usarse en hospitales con fines médicos. El dilema está sobre la mesa: sufrimiento animal o avance de la ciencia. Otro dilema: avance de la ciencia o fines lucrativos privados. Las distintas posturas políticas sobre el asunto entran en disputa en el tablero de juego.

Una distinción es necesaria para el debate. La legislación europea diferencia entre la experimentación animal con fines médicos y con fines de producción de cosméticos y otros productos de higiene con fines comerciales. Hablamos de ello con Sergio García, del Círculo de Podemos Animalista, y con Eva Ramos, asesora jurídica del Pacma. Dos visiones que, en ocasiones se complementan y, en otras, confrontan.

El primero recuerda que “la legislación prohíbe en la Unión Europea la experimentación con animales para la industria de cosméticos”. “Esto es un logro de las entidades animalistas, pero hay una trampa”, advierte: “Los laboratorios han llevado la experimentación a terceros países y los productos, luego, se fabrican en Europa”. Por ello, lo que distintas ONG y partidos políticos reclaman es “que no se permita la experimentación animal para productos que se vendan en Europa, aunque la experimentación se lleve a cabo fuera de la Unión”. Ahora, uno de los estados en los que más se desarrolla esta práctica es China.

Ramos, por su parte, califica de “enorme avance” la prohibición de la experimentación con animales para productos cosméticos, que se hizo ley en 2013. “Antes, para salir al mercado esto era necesario”. También se incluyó en aquella normativa a los productos que contienen ingredientes testados en animales. El Pacma va más allá: “Nos gustaría que los productos de higiene personal no contuvieran ingredientes de origen animal, hay gente que no sabe que algunos ingredientes de estos productos provienen de animales”.

Por otro lado, la experimentación con fines científicos y médicos sí que está permitida en la Unión Europea, con sus distintas regulaciones estatales. Algo que, desde los entornos animalistas, creen que habría que regular de una forma más estricta. “Actualmente, en la Unión Europea se están usando más de 12 millones de animales en experimentos”, informa esta jurista del partido animalista, desde el que piden el “fin de la experimentación con animales”.

Desde Podemos, no apuestan directamente por poner fin a esta práctica, pero sí por “una regulación mucho más estricta”. “La decisión ahora se deja en manos de unos comités éticos que, para nosotros, no son objetivos, pues hay empresas con intereses comerciales que forman parte de ellos”, explica García.

“Planteamos el estudio de alternativas para evitar la experimentación animal. Por ejemplo, se siguen haciendo estudios sobre los efectos del tabaco en los pulmones, hay temas que ya están estudiados como para no necesitar este tipo de experimentación”, ejemplifica el de Podemos, que diferencia entre la experimentación en hospitales y los laboratorios de las empresas farmacéuticas.

“Las investigaciones en los hospitales son necesarias”, considera. Aun así, García cree que hay que estudiar qué experimentación animal en hospitales es necesaria y cuál no. “Un 60% es innecesaria”, considera al respecto. “Uno de los hospitales en los que más se investiga con animales para fines médicos es en el universitario de Getafe, en la Comunidad de Madrid, en materia de modificación de ADN y crecimiento de células tumorales”, describe. Otra reclamación de este activista es tener más información al respecto, porque “no se sabe el número de animales sacrificados”. La mayoría son pequeños mamíferos, como los ratones.

Desde el Pacma, por su parte, para lograr el fin de la experimentación animal, ponen algunas propuestas sobre la mesa. Reclaman métodos que sustituyan a esta práctica, y recuerdan que hay laboratorios que ya usan sustitutivos de tejidos humanos, que estudian cómo los medicamentos afectan a los genes y proteínas en el cuerpo humano a través de la biología molecular, microquímica y farmacología analítica. “Se hace directamente sobre tejidos exactamente iguales a los humanos”, asegura Ramos, que desea que “si la tecnología lo permite, el resto de los laboratorios tendrían que invertir en esto”.

El partido animalista cree que los estados miembros de la Unión Europea deben aumentar la financiación para investigación con este tipo de métodos sustitutivos. También quieren que se fomente el uso compartido del big data, pues “se están haciendo experimentos similares simultáneos en distintos laboratorios y países, repetidos, con una mejor coordinación, se eliminarían muchos sacrificios”. Quieren que estas alternativas a la experimentación animal “se promocionen en los distintos planes nacionales de investigación”, explica esta jurista.