Opinión

La Diada post 1-O: Tiempo de resistencia

Anaïs Franquesa Abogada penalista y Directora de Litigio de Iridia (Centro para la Defensa de los Derechos Humanos)

11 septiembre, 2018

Hablar de Diada histórica es reiterativo, demasiado días y Diadas históricas en los últimos años. Es la Diada de las ausencias, ausencias históricas, sin duda. Nueve personas encerradas en la prisión y seis exiliadas que no pueden asistir ni participar en la organización. ¿Los motivos? Haber participado en movilizaciones pacíficas, haber intentado desarrollar un programa electoral y llevar a cabo su actividad parlamentaria. Se intenta vestir de argumentos jurídicos lo que en realidad es pura política. Y Derecho Penal de autor: no te proceso por lo que has hecho, sino por lo que eres y lo que piensas. No te libero porque en el ‘fuero psicológico interno’ sigues pensando lo mismo, porque es la ideología lo que no me gusta. Y si los elementos del delito no se han producido, busco otro que encaje más o menos, o me invento los hechos. Me invento el nombre de los pueblos si hace falta.

Si por el camino se trituran los principios básicas del Derecho penal y el sistema de garantías, es un mal menor a asumir, un daño colateral para hacer frente a los que previamente he construido mediáticamente como el indeseable, el violento, el separatista. Contra el que todo vale, porque pone en peligro mi sistema de valores y creencias, tanto si estos son compartidos o no, tantos si estos pueden ser o no democráticos. Derecho Penal del enemigo que desgraciadamente  no comenzó con el encarcelamiento de los ‘Jordis’ el 16 de octubre, ni con los encarcelamientos posteriores. La construcción del enemigo y su deshumanización es un mecanismo recurrente de los poderes públicos como un paso previo necesario para su persecución y criminalización. Es necesario que la sociedad perciba que aquella persona que es criminalizada y perseguida no es como yo, no es como nosotros. Es alguien ajeno, que algo habrá hecho, que de alguna manera merece lo que le está pasando. Eso es la propaganda. Mecanismo que se repite una y otra vez: «Manteros que forman parte de una mafia organizada», «diez personas detenidas por saltar la valla de Ceuta como miembros de una organización criminal», «grupo terrorista anarquista», «activistas violentos que se infiltran en las manifestaciones», «golpistas separatistas». Cada uno tendría que hacer el ejercicio de pensar cuantas veces ha escuchado estos términos, y cuando veces se los ha creído.

Pero sin embargo, si por criminalizar y perseguir primero es necesario que la sociedad lo perciba como justo y necesario, quiere decir que tenemos mucho que decir, una capacidad de incidencia mayúscula en lo que pasa dentro y fuera de las instituciones, incluso en la esfera judicial. Vale de ejemplo el feminismo, que está consiguiendo entrar con fuerzas en más y más espacios (¡y los que nos quedan!), las movilizaciones para prohibir las balas de goma en Catalunya , o una ciudadanía despierta que grita que «queremos acoger», que de momento ha evitado –no sabemos por cuanto tiempo– que los discursos xenófobos y racistas que recorren Europa calen aquí de forma mayoritaria.

Y he aquí que llega el 1 de octubre. Esta también es la Diada Post 1-O. Violencia policial generalizada por parte de un Estado fuera de sí. 1066 personas atendidas por el Instituto Catalán de la Salud, entre ellos Roger Español, que pierde la visión de un ojo por el uso de las balas de gomas. Otra vez las malditas bolas de goma. El dolor, la rabia y la impotencia ante unas situaciones dantescas: golpes y disparos para defender una escuela, un vecino o vecina, una urna. Pero al mismo tiempo, un vecindario que se mantiene en pie, en pie de paz, que ayuda a la persona que tiene al lado y protege al que tiene detrás, que en realidad ni siquiera sabe quién es.

La solidaridad, el apoyo mutuo, llorar y reír juntos, este es el único antídoto contra el miedo que provoca la represión. Porque la represión nos quiere solas, aisladas y calladas. Vivimos tiempo de resistencia, de «mañana puedes ser tú» y de «no callarem». La situación no es fácil, en ningún nivel. Por una parte, tenemos un número de personas procesadas en costosos procesos judiciales por el 1 o el 3 de octubre, o el 8 de noviembre. La represión también nos quiere arruinadas.

Por otra parte, hemos tenido que impulsar procedimiento para conseguir que la violencia del 1 de octubre no sea impune, para ganar un proceso real de verdad, justicia y reparación. Lo han tenido que hacer las personas afectadas y las entidades, la Fiscalía no está ni tampoco se le espera. El trabajo colectivo permitió reunir mucho material probatorio, que está siendo utilizado en los procedimientos penales por la violencia policial del 1 de octubre. No obstante, tenemos un obstáculo difícil de salvar: parte de las denuncias del 1 de octubre se están archivando por la dificultad para identificar al agente concreto de los golpes. Si los agentes fueran identificados con su número de identificación policial por delante y por detrás, la situación sería completamente diferente. Una policía democrática tiene que rendir cuentaspor sus actos, en especial por actos como estos. Vale decir, que esta ausencia de indetificación la tienen en común tanto la Policía Nacional como los Mossos d’Esquadra, por lo que trabajaremos para generar cambios en este sentido. El otro gran reto es conseguir la prohibición de las balas de goma, porque lo que le ha pasado a Roger no se puede repetir, ni aquí ni en cualquier otro sitio, contra nadie.

El motor, como siempre, es la gente, las personas afectadas, las entidades de derechos humanos y movimientos sociales, y finalmente las instituciones. En momentos como estos es necesario recordar que los derechos y las libertades no se han regalado nunca, han estado fruto de luchas sociales continuas, donde la paciencia, la perseverancia, la generosidad, la gestión comunitaria de los conflictos y las emociones, la inteligencia colectiva y la estrategia son la llave. No hay soluciones mágicas ni atajos. El trabajo en red, desde la perspectiva internacional de los derechos humanos y el rigor son la base del trabajo bien hecho.