Fotografía: una miliciana en moto durante la Guerra Civil.- Centro Documental de la Memoria Histórica/CG FOTOGRAFÍAS C1547 EXP001 356A © MCD Fotografía: una miliciana en moto durante la Guerra Civil.- Centro Documental de la Memoria Histórica/CG FOTOGRAFÍAS C1547 EXP001 356A © MCD

Pioneras sin páginas en la Historia

Queralt Castillo Cerezuela

12 de abril de 2021

Cuando en 1936 estalló la Guerra Civil, muchas mujeres decidieron coger el montante e ir al frente. A combatir o a ayudar en lo que fuera necesario. Eran conscientes de lo que estaba en juego. Sin embargo, no se puede decir que el compromiso de la gran mayoría de las combatientes que acudió al frente naciera aquel 18 de julio 1936. No. Ni mucho menos. La llegada de miles de mujeres al frente fue fruto y consecuencia de una militancia feminista, de izquierdas y organizada que llevaba mucho tiempo batallando por sus derechos. El trabajo de años, de décadas, por una emancipación femenina real que ahora truncaba el golpe de Estado franquista. Fueron mujeres valientes, luchadoras, férreas defensoras de la igualdad y de la libertad.

"Lo fundamental es entender que la figura de la miliciana no es fruto de una época, sino de un desarrollo de la consciencia feminista. Es más, durante el golpe de Estado, fueron las mujeres las primeras en reconocer que el triunfo del fascismo terminaría por arrasar los avances que se habían hecho y que las devolvería a la casilla inicial. Eran muy conscientes", sentencia Tània Balló, coautora junto con Gonzalo Berger del proyecto del Museo Virtual de la Mujer Combatiente y codirectora del documental Las Sinsombrero (2015).

El primer punto clave en este proceso fueron las modificaciones legislativas que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX fueron abriendo tanto los estudios secundarios como los superiores a las mujeres. Hasta 1872, de hecho, no accedió por primera una mujer a la Universidad. Se trataba de María Elena Maseras Ribera y comenzaba a estudiar Medicina en Barcelona.

La consecuencia directa del acceso de la mujer a estudios superiores fue una mayor participación de mujeres en círculos intelectuales, periodísticos o literarios. Querían contar el mundo según su propia visión y el acceso a la educación les permitió tener herramientas propias para poder hacerlo. Sin embargo, tampoco puede considerarse un camino fácil. Uno de los escollos a los que tuvieron que hacer frente estas mujeres cuando empezaron a asistir a centros culturales y a involucrarse en el movimiento obrero fue la hostilidad de los militantes masculinos, “que con su actitud machista contradecían completamente el apoyo retórico y nominal que expresaban en relación con la educación y la emancipación de las mujeres”, tal y como explica Balló.

Podemos remontarnos hasta 1888, por ejemplo, para ver cómo Amalia Domingo Soler (Sevilla, 1835 - Barcelona, 1909) y Rosario de Acuña firmaban un manifiesto en el que exigían el derecho a un trabajo digno y el acceso a una educación completa. O a la imprescindible labor de figuras como Ángeles López Ayala (Sevilla, 1856 - Barcelona, 1926) o Teresa Claramunt (Sabadell, 1862 - Barcelona, 1931), fundadoras, en 1891, de la Sociedad Autónoma de Mujeres; sustituida en 1888 por la Sociedad Progresiva Femenina.

Las milicianas, por tanto, no aparecieron de la noche a la mañana. Fueron hijas de su tiempo. De una evolución histórica fruto de unas mujeres que reivindicaron la igualdad entre hombres y mujeres. En el Lyceum Club Femenino, por ejemplo, inaugurado en 1926, muchas mujeres se reunían para debatir sobre temas tan fundamentales como el derecho a voto o la ocupación del espacio público en condiciones de igualdad.

Otro de los nombres destacados es el de Teresa Mañé i Miravet (Cubelles-Vilanova i la Geltrú, 1865 - Perpiñán, 1939), quien fuera la creadora de la primera escuela laica del Estado en 1886 en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) junto con Bartomeu Gabarró. Mañé fue una figura clave del feminismo y el anarquismo en Catalunya. En 1897 se tuvo que exiliar a Londres a causa del Procés de Montjuïc, después del atentado que tuvo lugar en Barcelona el 7 de junio de 1896 durante la procesión del Corpus y que ocasionó 12 muertos y 35 heridos. Fueron detenidas unas 400 personas. Cuando volvió a España, un año más tarde, dio a luz a Federica Montseny (Madrid, 1905 - Tolosa, 1994), que durante la Segunda República llegó a ser ministra de Sanidad y Consumo y puso sobre la mesa la primera ley sobre el derecho al aborto.

Mañé i Miravet, quién participó en los hechos que tuvieron lugar durante la Semana Trágica (1909), escribió en varios periódicos y revistas bajo el pseudónimo de Soledad Gustavo y fundó Revista Blanca y Tierra y Libertad. Su militancia fue extensa: estuvo implicada en la creación de la CNT y la FAI y se la considera una figura clave e imprescindible sin la que no se puede entender el movimiento anarcofeminista en España.

También Libertad Ródenas (Chera, 1892 - Ciudad de México, 1970), valenciana de nacimiento y militante del Sindicat del Tèxtil de Barcelona y portavoz de la CNT, fue muy conocida en el ámbito sindicalista por su oratoria revolucionaria e incómoda para las autoridades. Destacó por su fehaciente lucha por la emancipación femenina desde el movimiento obrero y fue una de las militantes más destacadas de la Federación Anarquista Ibérica.

Su figura es icónica y muy necesaria para entender la lucha de las feministas en este tiempo histórico. Luchó por los derechos de la mujer durante la Restauración borbónica, durante la dictadura de Primo de Rivera y continuó haciéndolo durante la II República. El 18 de julio de 1936, con 44 años, se presentó voluntaria para luchar contra los militares golpistas en Barcelona. Y ganaron. Pero el golpe sí triunfó en otras partes del país. Ródenas se presentó voluntaria para combatir en la columna liderada por Buenaventura Durruti. El 24 de julio de 1936 marchó al frente de Aragón, donde combatió hasta finales de 1936.

La importancia de Libertad Ródenas es comparable a la de otra mujer cuya trayectoria es casi tan desconocida como espectacular. Hablamos de Natividad Yarza (Valladolid, 1872 - Francia, 1960), maestra y activista afiliada al Partido Radical Socialista, y, posteriormente, la primera alcaldesa de España elegida democráticamente bajo las siglas de Esquerra Republicana de Catalunya en Bellprat. Era el año 1934. “Yarza fue, durante las elecciones, el candidato de esas gentes humildes que, al amanecer van a inclinarse sobre un pedazo de huerta... y la de todas las mujeres”, escribía la revista Estampa durante aquellos meses.

La misma revista, en su edición de marzo de 1934, entrevistaba a la histórica alcaldesa: “Mucho antes del advenimiento de la República, yo sentía los mismos deseos que ahora de  intervenir activamente en la política y de redimir a la mujer. Pero aquel régimen no me permitía llevar a cabo proyectos. Cuando la Constitución republicana declaró a la mujer igual al hombre, entonces decidí luchar”.

Pero si la trayectoria de Yarza fue espectacular, tampoco podemos dejar de mencionar a la que fue la primera mujer alcaldesa de la II República. Hablamos de la también maestra María Domínguez, que lideró el Ayuntamiento de Gallur (Aragón) tras la proclamación de la II República. Domínguez, de hecho, fue fusilada por el franquismo y exhumada recientemente.

La Historia está repleta de nombres de mujeres olvidadas que sentaron las bases del feminismo en nuestro país

La Historia está repleta de nombres de mujeres olvidadas que sentaron las bases del feminismo en nuestro país. Como la abogada y escritora Mercedes Comaposada (Barcelona, 1901 - París, 1994) cuyo nombre está ligado al de todo un emblema del feminismo español, Mujeres Libres, una organización de talante humanista y anarquista que llegó a tener hasta 20.000 afiliadas (organizadas en 147 agrupaciones locales). Con el anarcofeminismo como bandera, Mujeres Libres siempre apostó por una emancipación de la mujer desde el obrerismo y, sobre todo, por la capacitación colectiva de las mujeres.

Todas estas mujeres llegaron a la Guerra Civil totalmente politizadas, a favor de una verdadera emancipación, el acceso a trabajos liberales y defendiendo el derecho al divorcio y el aborto. Entender el papel de las mujeres antes de la Guerra Civil y la dictadura es fundamental para poder asimilar todo lo que vino después y comprender los esfuerzos por parte del régimen de devolverlas a un estado de sumisión. Estaban listas para transformar un país que se había quedado atrás, para llevarlo a la primera línea de la modernidad, pero el golpe de Estado las envió de vuelta a la casilla de salida.

Por todas ellas, las que lucharon en el frente, las que no y las que las precedieron, hay que reescribir la Historia. "Ya no nos vale que las mujeres sean un anexo en los libros de texto escolares, al final de la unidad. Tenemos que trabajar la bibliografía con disciplina y de manera solemne, ir abriendo grietas y buscar las herramientas para que haya un cambio. También hay que contar la historia de aquellas que se quedaron en casa. La idea de construir el relato histórico solo con lo público es un error, porque lo privado y lo cotidiano también forman parte de nuestra memoria", sentencia Balló.