La Torre de Collserola: una conexión de altura

«Su diseñador, Norman Foster, la definió como «un nuevo símbolo para la ciudad, una torre constante en su lugar y a la vez cambiante según el momento y la perspectiva»»

La Torre de Collserola, inaugurada en 1992 en el Turó de la Vilana, nació para concentrar los servicios de telecomunicaciones dispersos por el área metropolitana a las puertas de los Juegos Olímpicos. Con sus 288 metros, 20 de ellos excavados, se convertiría en uno de los primeros edificios del skyline de aquella Barcelona renacida. Su diseñador, Norman Foster, la definió como «un nuevo símbolo para la ciudad, una torre constante en su lugar y a la vez cambiante según el momento y la perspectiva». Una descripción que, en su momento, no compartió el movimiento vecinal, que a menudo ha recordado que se erigió en un parque forestal a conservar. Aunque la pronta irrupción de la telefonía móvil y la televisión digital la obligó a adaptarse, desde su cota de 445 metros sobre el nivel del mar sigue siendo la principal torre de telecomunicaciones de Catalunya. Torre de Collserola –la empresa constituida en 1987 para levantar y explotar el complejo– está participada en la actualidad por Cellnex, Telefónica, la Generalitat y Àrea Metropolitana de Barcelona, y tiene permiso para usar el terreno durante 50 años. Alquila espacios y presta servicio a empresas que requieren altura para recibir o transmitir señales radioeléctricas. En la planta diez, un mirador público –gestionado por el parque de atracciones del Tibidabo y en el que también se organizan eventos privados– permite ver a 70 kilómetros a la redonda, hasta la montaña de Montserrat o la sierra del Cadí-Moixeró. Eso si el tiempo lo permite y la contaminación es benévola.