Arquitectura fabril de ayer para los vecinos de hoy

Antiguas fábricas del área metropolitana han sobrevivido acogiendo nuevos usos. Algunas, como la de Can Ricart en Barcelona o Can Trinxet en L’Hospitalet de Llobregat, llevan años en estado de degradación, a pesar de las luchas vecinales que las reclaman para los barrios

El pasado industrial catalán está todavía muy presente en Barcelona y su ámbito metropolitano, donde se puede encontrar un rico patrimonio arquitectónico fabril en forma de talleres, obradores, naves o complejos industriales del siglo XIX y principios del XX. La movilización vecinal ha apostado a menudo por recuperar esta arquitectura del pasado para un presente y un futuro comunitario. Por eso son muchos los espacios industriales de la capital catalana que se han rehabilitado o que están en proceso de hacerlo y que, además de mantener la memoria industrial y obrera, aspiran a convertirse en puntos de encuentro, dinamización y vida asociativa de los barrios. Can Batlló, la Nau Bostik, la Nau Ivanow, la Fabra i Coats, Ca l’Alier o l’Ateneu Popular 9 Barris son algunos de los espacios que han sabido reinventarse, la mayoría de las veces a petición ciudadana.

En otros casos, como el de Can Ricart, la lucha por conservar y recuperar un espacio histórico para el barrio sigue más viva que nunca. Este recinto industrial del barrio del Poblenou, extenso como cuatro manzanas del Eixample, es uno de los tres grandes conjuntos fabriles que quedan en pie de la etapa industrial del siglo XIX en Barcelona –junto a la Escola Industrial y el ya citado Can Batlló–. Pese a haber sido declarado Bien Cultural de Interés Nacional y con valor histórico y patrimonial, Can Ricart se halla desde hace 15 años en estado de abandono y degradación. El tejido vecinal reclama que se rehabilite con urgencia y que se materialicen cuanto antes los proyectos que aspiran a llenarlo de vida.

Levantado entre los años 1853 y 1865, este complejo industrial poblenovino es una construcción neoclásica única en Catalunya. Obra de los arquitectos Josep Oriol Bernadet y Josep Fontseré, fue la lógica consecuencia de la transformación urbana de Barcelona con el Eixample de Cerdà y del desplazamiento de las grandes fábricas del Raval a las afueras.

Las primeras movilizaciones

Los vecinos y vecinas del Poblenou empezaron a movilizarse para salvar Can Ricart en 2004. Entonces el recinto estaba afectado por el plan urbanístico del 22@, que había sentenciado al complejo histórico al derribo. «Fueron los trabajadores y pequeños empresarios de Can Ricart quienes dieron la primera voz de alarma, cuando el marqués de Santa Isabel, de la familia Ricart, entonces propietaria del terreno, comenzó a rescindirles los contratos de alquiler», recuerda Joan Maria Soler, miembro de la Associació de Veïns i Veïnes del Poblenou e implicado en la lucha por la recuperación del recinto. En la segunda mitad del siglo XX, Can Ricart se había reinventado y lo ocupaban 34 pequeñas empresas y talleres, que daban trabajo a unos 240 trabajadores. «Fue entonces [en 2004] cuando el movimiento vecinal y varios grupos de artistas que ocupaban algunas naves en desuso se unieron a la lucha y creamos la plataforma Salvem Can Ricart», recuerda Soler.

La primera batalla se perdió, ya que aquellas pequeñas empresas acabaron siendo desalojadas o reubicadas en 2005. Pero los vecinos explican que la movilización para proteger el conjunto patrimonial siguió y, aunque larga y dura, fue capaz de unir a todo el barrio. «Teníamos un protocolo de vigilancia con una webcam que retransmitía en directo, por si llegaba la Policía, y un protocolo de reacción, si eso sucedía. Contemplaba, incluso, que algunos párrocos afines a la causa hicieran sonar las campanas de las iglesias del Poblenou para alertar al barrio», explica.

En 2008, tras la tenaz resistencia vecinal –que se plasmó en actividades, barricadas y ocupaciones– y gracias al apoyo del grupo de expertos en patrimonio industrial del Fòrum de la Ribera del Besòs –que realizó varias investigaciones y propuestas para preservar el patrimonio arquitectónico de Can Ricart–, se logró que las naves más antiguas del complejo fabril fueran declaradas Bien Cultural de Interés Nacional, la máxima protección patrimonial posible. «De ese combate nació el Plan especial de protección del patrimonio histórico-artístico del Poblenou, que lleva más de 13 años en funcionamiento», recuerda Joan Roca, uno de los miembros de aquel grupo y en la actualidad director del Museu d’Història de Barcelona (Muhba). «Ahora lo importante es pensar en el futuro de Can Ricart. Al haber tantos agentes implicados, se hace difícil una intervención unitaria sobre el espacio, pero ojalá se pueda hacer y pueda tener un gran futuro», añade Roca.

Vida asociativa contra el abandono

Solo una pequeña parte de la zona protegida de Can Ricart –cuyo recinto se halla en la actualidad en manos del Consistorio barcelonés– se está utilizando. La ocupan el Hangar –un centro de investigación artística que ha sobrevivido 23 años– y dos proyectos comunitarios: el Casal de Joves de Can Ricart y la Taula Eix Pere IV, que disponen de varios locales en una de les naves anexas. El Ayuntamiento de Barcelona cedió un espacio de 6.800 m2 de las naves centrales en 2015 a la Universitat de Barcelona (UB), que tiene previsto construir ahí el Campus de las Arts, con 19 escuelas públicas y privadas en las que se impartirán estudios superiores de danza, cine, teatro y otras modalidades artísticas. Un proyecto que, sin embargo, no ha arrancado, en parte por la dificultad para lograr la financiación necesaria para rehabilitar las naves, estimada en 14,2 millones de euros.

Después de algunas iniciativas fallidas, como la Casa de les Llengües –impulsada por Ayuntamiento y Generalitat– o el Parc de les Humanitats i les Ciències Socials –en el marco de la iniciativa de la UB–, los vecinos se impacientan y alertan de que la rehabilitación del complejo es urgente. «Nos preocupa que, por la falta de recursos, cada día que pasa este conjunto patrimonial esté más decrépito, estropeado y sin vida», lamenta Maribel Rosselló, miembro de la Taula Eix Pere IV, una plataforma vecinal que reivindica un barrio respetuoso con su pasado industrial y cuyas transformaciones urbanísticas tengan en cuenta a la ciudadanía y al tejido asociativo. Rosselló, además, recuerda que el edificio quedó muy dañado por un incendio que se sospecha que fue provocado justo el día en que el Ayuntamiento presentaba la propuesta para preservar los inmuebles, en abril de 2006.

Proteger sus valores patrimoniales

La Taula Eix Pere IV muestra también su preocupación por la construcción de edificios de hasta 12 plantas en los solares que hay alrededor de la zona protegida del complejo, que forman parte del plan del 22@. «El conjunto quedará envuelto por grandes torres y parecerá un interior de manzana. No se verá desde la calle Marroc o desde la Diagonal, y eso convertirá a Can Ricart en una zona aislada o incluso en un parque temático artificial. Me parece una banalización del patrimonio y de los valores de la ciudad», afirma Rosselló.

Viendo que los proyectos pendientes no se materializan, los vecinos han impulsado la campaña Can Ricart cau, que reclama que se sigan recuperando espacios abandonados del recinto para iniciativas sociales. «A través de esta plataforma, nos hemos organizado el Casal de Joves de Can Ricart, el Agrupament Escolta l’Avenc y la Taula Eix Pere IV para reclamar que se amplíe el local del casal con un espacio para el grupo scout, en el que participan unos 70 niños y niñas, y que se reabra la antigua cantina, que puede ser un lugar de encuentro y atraer a más personas al recinto», explica Rosselló. La rehabilitación de las antiguas cocheras y la casa del guardia, donde se alojarían estos proyectos, tenía una partida presupuestaria asignada por parte del Ayuntamiento de 1,5 millones de euros en 2017, pero no se ha llegado a ejecutar. Fuentes del distrito de Sant Martí del Consistorio afirman que «en unas semanas iniciarán la rehabilitación del cuerpo transversal» de esta nave.

La plataforma activó en diciembre una encuesta dirigida a entidades y vecinos del Poblenou para que estos opinen sobre proyectos alternativos para el espacio que ocuparía el Campus de les Arts. «No estamos en contra del campus, pero lleva años sin iniciarse y queremos darle salida al espacio con algún equipamiento que necesite el barrio y también la ciudad, como un instituto o un centro de salud», afirma la activista de la Taula. Las mismas fuentes del Ayuntamiento afirman que el convenio con la UB está vigente y no se plantean esta demanda vecinal.

Habrá que esperar para ver si, 167 años después, Can Ricart renace de sus escombros, vuelve a llenarse de vida y recupera un espacio central en el barrio y en la ciudad misma.

Vecinos de L’Hospitalet piden la rehabilitación de Can Trinxet

VECINOS DE L’HOSPITALET PIDEN LA REHABILITACIÓN DE CAN TRINXET

Lejos de Can Ricart y el Poblenou, en el otro extremo de Barcelona, la antigua fábrica de Can Batlló –en el distrito de Sants-Montjuïc– constituye un buen ejemplo de recuperación, gracias a la lucha vecinal, de un conjunto fabril en decadencia. Y es también el caso en el que se inspiran un grupo de ciudadanos de la vecina población de L’Hospitalet de Llobregat. Can Trinxet Viu es su declaración de intenciones, además de ser el nombre de esta plataforma que defiende la rehabilitación del recinto industrial, uno de los más importantes de L’Hospitalet. Nacida en 2018, cuenta con la adhesión de más de 30 entidades, organizaciones y asociaciones. Y tiene unos objetivos muy claros: que la antigua fábrica de Can Trinxet se rehabilite y se abra después como centro social bajo gestión ciudadana.

Can Trinxet –cuyo solar es en la actualidad propiedad del Ayuntamiento– fue una de las principales fábricas textiles de la zona. Levantada a principios del siglo XX, estaba integrada por un conjunto de edificaciones de arquitectura modernista, que en su día acogieron a la empresa textil Avenilo Trinxet e Hijos –que fabricaba hilados y tejidos de algodón, y que acabaría dando nombre al recinto– y Can Gras –que elaboraba sábanas y panas–. Esta última es, de hecho, la única que queda en pie, si bien muy deteriorada.

Siguiendo la estela de Can Batlló

El espejo en el que se mira Can Trinxet Viu, Can Batlló, se halla a pocas calles de distancia, en el barrio de la Bordeta, ya en Barcelona. Los 81.000 m2 de este recinto industrial fueron recalificados en 1976 para destinarlos a equipamientos y zonas verdes. Desde entonces, y ante la pasividad de las instituciones, el tejido vecinal de los barrios de Sants y la Bordeta se vio obligado a batallar para devolverle la vida, organizándose en asambleas y comisiones de trabajo. Tras ocuparlo, en 2011, adecentaron algunas de las naves para darles usos sociales. La rehabilitación de Can Batlló ha contado en los últimos años con la complicidad del Ayuntamiento de Barcelona. Una recuperación que ha ido acompañada de una importante transformación urbanística de la zona, que incluye la construcción en el solar de viviendas de protección oficial. También se cedió un espacio para construir las 28 viviendas cooperativas de La Borda. La idea es que todos los trabajos de rehabilitación de los edificios del recinto de Can Batlló mantengan la arquitectura industrial del complejo y que se mantenga la participación directa del tejido vecinal en la toma de decisiones y en los trabajos colectivos.

Recuperar Can Batlló para el barrio de la Bordeta ha sido una carrera de fondo. Y Can Trinxet amenaza con ir por el mismo camino. «La nuestra ha sido una reivindicación histórica, porque Can Trinxet está incluido en el Plan de patrimonio arquitectónico de la ciudad y porque está directamente relacionado con la recuperación de la memoria histórica de L’Hospitalet. Por desgracia, el presupuesto del Ayuntamiento para la rehabilitación del espacio es cero», lamenta Ignasi Escudero, miembro de Can Trinxet Viu. Después de varias reuniones con el Consistorio –que no ha atendido a las preguntas de El Quinze–, la plataforma ha podido poner en marcha un huerto comunitario en un solar que no está vallado. «El Área Metropolitana de Barcelona puede pagar una reforma estructural, pero no la parte de dentro del recinto. Y eso no sirve de nada, porque significa que no se puede hacer ninguna actividad en su interior», añade.

El recinto de Can Trinxet está cerrado desde el 10 de junio de 2018, fecha en que se derrumbó uno de los porches de la nave, pocas horas después de que se celebrase allí una reunión en la que, precisamente, se habló de cómo recuperar el espacio para dar a conocer la memoria histórica de la ciudad. «Además de recuperarlo para actividades y jornadas, nos gustaría que hubiese un punto de encuentro, como en Can Batlló [donde funciona una cantina], una serie de huertos comunitarios y una biblioteca especializada en literatura del movimiento obrero femenino», explica Escudero. Y es que en Can Trinxet –como en tantas otras fábricas del sector– la gran mayoría de trabajadoras eran mujeres. Varias entidades de L’Hospitalet están tratando de localizar a algunas de ellas para que participen en un libro de memoria histórica del municipio. «Es necesario para esta ciudad», afirma Escudero.

Can Trinxet Viu mantiene que el deterioro del espacio es evidente y que se precisa una intervención urgente. La plataforma, además, destaca la importancia de la recuperación de este tipo de espacios como mecanismo para fortalecer el tejido vecinal y asociativo.