La isla de Rarotonga, la más grande de las Islas Cook, vista desde el aire, el 30 de agosto de 2012.- MARTY MELVILLE / AFP

Las islas del Pacífico: el canario en la mina de carbón

Queralt Castillo Cerezuela

1 de octubre de 2021

Los terrenos se sumergen, los océanos se acidifican y los fenómenos meteorológicos adversos esquilman sus cosechas. Sequías extremas, ciclones y tsunamis están a la orden del día. Su cambio climático no se conjuga en futuro, sino en presente.

Las islas del Pacífico son el canario en la mina de carbón del cambio climático. Los que allí viven son los primeros que están notando en toda su magnitud la crisis ecológica. No hablamos de olas de calor o de inundaciones puntuales, hablamos del colapso de culturas, de islas enteras que en breve quedarán sumergidas bajo las aguas, de la pérdida de toda una región del mundo que forzará a cientos de miles de personas a emigrar.

Si bien la situación para los habitantes de las islas del Pacífico es dramática, no es nueva. El desplazamiento en el siglo XX, forzado o no, ha formado parte de la vida de los habitantes de este rincón del mundo. Durante el periodo colonial se trasladaron poblaciones enteras: en 1945, la población de Banaba, en Kiribati, fue reubicada en la isla de Rabi, en Fiyi, para que la Compañía Británica de Fosfatos (BPC) pudiera continuar explotando la isla sin la resistencia de sus habitantes. En 1946, los habitantes del atolón Bikini (que forma parte de la República de las Islas Marshall) también fueron reubicados por la fuerza en Rongerik, un atolón deshabitado en el norte de las mismas islas para que Estados Unidos pudiera usar los terrenos como campo de pruebas nucleares.

Inundaciones, ciclones tropicales, sequías, tsunamis o erupciones volcánicas han sido otros de los motivos por los que los isleños del Pacífico han tenido que desplazarse a otros territorios, tanto de manera temporal como permanente. El tsunami en 2007 en las Islas Salomón, el de 2009 en Samoa o el de 2015 en Vanuatu obligaron a centenares de isleños a abandonar sus hogares y asentarse tierra adentro. A los fenómenos meteorológicos adversos hay que sumarle la contaminación de las aguas subterráneas cuando se producen inundaciones de agua salada, la erosión que cada año se lleva metros de costa o las sequías extremas. Antes de hacer frente al desplazamiento, los habitantes del Pacífico tendrán que batallar por la escasez de agua potable y la protección de los cultivos. Con la desaparición (a causa del blanqueamiento) de los corales y la acidificación de los océanos ya están menguando muchas de las especies de peces y crustáceos que son el sustento de comunidades enteras. La seguridad alimentaria queda en entredicho. No hay tiempo para idear otros planes de resiliencia o de mitigación de los efectos que el cambio climático tendrá en estas islas.

Inundación en las Islas Marshall en marzo de 2014.- AFP

"La mitigación de los efectos del cambio climático tiene límites, así que toca adaptarse. De hecho, a menudo se pone demasiado énfasis en la mitigación, y se invierte mucho dinero, tanto como el 80% de los presupuestos, aproximadamente. Esto no es una crisis futura, esta es una crisis actual, por eso hay que invertir en adaptación y entender que la mitigación tiene límites. Pero cuidado, la adaptación tampoco lo es todo, no se puede jugar a esa carta porque hay que estudiar cuánto podemos ser capaces de adaptarnos", reflexiona al teléfono Kayly Ober, directora del programa sobre desplazamientos climáticos en Refugees International. Está especializada en el área del Pacífico.

Relocalizaciones masivas planificadas, una solución compleja

Con el cronómetro en marcha y en tiempo de descuento, los diferentes gobiernos trabajan para encontrar soluciones duraderas viables y herramientas que les permitan abordar los diferentes retos a los que tienen que hacer frente. Los planes de resiliencia ya no sirven y hay que dar con soluciones a largo plazo. En Fiyi, la División de Cambio Climático del Ministerio de Relaciones Exteriores ya trabaja en esa línea (según el Banco Mundial, el número de fiyianos en situación de pobreza podría aumentar de 25.700 personas por año a 32.400 por año para 2050 debido al cambio climático); en Vanuatu, el Ministerio de Adaptación al Cambio Climático ya ha preparado una Política Nacional sobre Cambio Climático y Desplazamiento por Desastres. En 2014, el gobierno de Kiribati, una de las islas sometida a más presión climática, inició la compra de tierras en la segunda isla más grande de Fiyi para garantizar la seguridad alimentaria de sus habitantes y poder ofrecer un destino en caso de reubicaciones forzadas. El Programa de Adaptación del Pacífico al Cambio Climático (PACC, iniciado en 2009 y que trabaja en 14 países y territorios insulares del Pacífico) tiene como objetivo dar una respuesta regional a todas estas predicciones desde un enfoque integrado; sin embargo, el cambio climático avanza de manera tan veloz en esta región oceánica, que la planificación no parece ser una opción.

Para hacer frente a la situación que se avecina, los diferentes gobiernos de la zona hace tiempo que buscan soluciones. Una de ellas es la de programar relocalizaciones masivas, para que, llegado el momento, sus habitantes tengan un sitio en el que asentarse. En algunos estados, como Fiyi, esto se podrá hacer tierra adentro. En otros, como en el caso de Kiribati, esta opción
no es posible. Se prevé que toda la isla quede sumergida en un período relativamente corto de tiempo, entre 2030 y 2050.

"El reto que la comunidad internacional tiene planteado es conseguir relocalizaciones planificadas, porque, en caso contrario, comunidades enteras acabaran viviendo situaciones dramáticas. Para afrontar este reto, hay que implementar las ayudas necesarias, hay que ofrecer los territorios adecuados y hay que crear el marco legal que proteja los derechos de las personas relocalizadas", escribe Miguel Pajares en Refugiados Climáticos. Un gran reto del siglo XXI (Rayo Verde, 2020). Pajares es antropólogo social y presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado.

A día de hoy, y mirando hacia la Convención de Ginebra de 1951, que aborda la situación de refugiados y refugiadas, estas personas no pueden ser consideradas refugiadas, porque no encajan dentro de la definición jurídica actual. Beatriz Felipe, ambientóloga, doctora en Derecho e investigadora en migraciones climáticas, tiene dudas de que los procesos de reubicación internacional permitan ese estatus. "Se ha llegado a proponer que puedan mantener la nacionalidad incluso aunque todo el territorio del Estado de origen permanezca inhabitable, es decir, sumergido por la elevación del nivel del mar. Lo llaman las naciones 'ex situ'", explica.

Ignasi Calbó, ex subdirector de país de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Myanmar y trabajador humanitario, se muestra crítico: "Se van pasando la pelota la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la ACNUR, y al final no se da respuesta legal de ningún tipo. Tenemos que asumir que aumentarán los flujos de personas desplazadas por motivos climáticos". Esto no es una predicción, sino una realidad. "Del conjunto de Estados-isla del Pacífico ha emigrado un 17,5% de la población, y este porcentaje es mucho más alto para Samoa, Tonga, Fiyi y la Federación de Estados de la micronesia", cuenta Pajares en su libro. Los países receptores de esos procesos son y serán, principalmente, Australia y Nueva Zelanda. Calbó insiste: "Es un problema muy grande que se podría haber previsto. No puede ser que a día de hoy no haya una agencia de Naciones Unidas especializada en esto".

Esta fotografía tomada el 28 de agosto de 2012 muestra un pedazo de coral muerto en una playa en Avarua en Rarotonga, la más grande de las Islas Cook.- MARTY MELVILLE / AFP

Pérdida del hábitat, pérdida de la identidad

Otra de las dificultades que tendrán que enfrentar estas personas es la posible pérdida cultural y de identidad. "El nivel de pérdida de identidad al que tengan que enfrentarse estas personas dependerá de cómo se lleve a cabo el proceso de reubicación, pues si se realiza de una manera cuidadosa, poniendo las voces y las necesidades de la comunidad en el centro, las pérdidas serán mucho menores que si se realiza de manera no planificada y poco democrática", explica Beatriz Felipe. La experta apuesta por un acompañamiento psicosocial, así como económico, por parte de las instituciones y de las organizaciones de la sociedad civil, para que las reubicaciones no supongan un camino traumático y de pérdida cultural y de identidad, sino una transición hacia una vida diferente, no necesariamente peor.

"Las reubicaciones, por las dificultades que plantean y por las probables consecuencias negativas, deben ser la última opción. Antes de instar a una reubicación masiva deben explorarse todas las alternativas y soluciones in situ, a no ser que las propias comunidades, por sí mismas, hayan identificado la reubicación planificada como una opción viable. La reubicación de toda una comunidad, especialmente en el ámbito internacional, debería ser considerada como una de las formas más radicales de adaptación al cambio climático", explica Felipe. Kayly Ober, de Refugees International, augura una crisis existencial de las diferentes comunidades: "La gente del Pacífico está muy arraigada a su tierra. Ven la pérdida de esta como un evento dramático y que quieren prevenir a toda costa".

Nueva Zelanda, líder en la estrategia de reubicación

En 2017, año en que Jacinda Adern asumió el cargo de primera ministra de Nueva Zelanda, se puso en marcha un proyecto piloto: la posibilidad de ofrecer un número limitado (se calculaba que 100 al año) de visas humanitarias. Ante la falta de protección legal de estos migrantes, Nueva Zelanda optó por esta opción. No salió adelante: "Fueron los mismos isleños lo que dieron un paso atrás. En general, ellos no quieren el estatus de refugiados climáticos. El problema es que se tiende a pensar en la gente del Pacífico como un grupo monolítico de personas, cuando en realidad no es así. Algunos quieren visas, otros no. Algunos ya tienen familia en Australia o Nueva Zelanda, otros no", explica Ober. Ella apuesta por una 'migración con dignidad'. "Los gobiernos de acogida tienen que invertir en formación, en desarrollo de capacidades, etc. La gente no puede llegar sin más: tiene que llegar con garantías. En qué términos se migra es importante. Y mucho". Beatriz Felipe, que también apuesta por esta corriente, pone el ejemplo de Kiribati: "La estrategia de reubicación de Kiribati, basada en la idea de 'migrar con dignidad', tiene dos componentes clave: en primer lugar, se deben crear oportunidades para quienes quieren migrar ahora; uno de los aspectos positivos es que las remesas ayudarán a quienes permanecen y, en segundo lugar, se debe mejorar la educación de las y los habitantes de las islas para que sean más atractivos en países de destino, como Australia o Nueva Zelanda". Y añade: "El impacto sobre las comunidades locales en el lugar donde se reubica a quienes migran a veces se olvida. Si la reubicación no está planeada correctamente, estas personas podrían sentirse excluidas, discriminadas o incluso invadidas, es lo que se denomina mala adaptación".

En 2021, Nueva Zelanda ha puesto en marcha la Pacific Access Category Resident Visa que permite migrar cada año a un número determinado de personas de 18 a 45 años de Fiyi (250), Tuvalu (75), Kiribati (75) y Tonga (250) a Nueva Zelanda. Se les otorga un permiso de residencia de duración indefinida. "Aunque este acuerdo solo es válido para personas cualificadas con unas determinadas características de edad, conocimientos, etc., se trata un ejemplo de cooperación internacional en el que las personas migran desde Estados menos responsables de la crisis climática, pero más vulnerables, a otros con mayor peso en esta crisis, y lo hacen de manera digna y relativamente segura. Sin embargo, no es útil para muchas personas migrantes climáticas, como niñas y niños o personas mayores", explica Beatriz Felipe.

El tiempo se agota y los gobiernos de la zona trabajan contrarreloj para buscar soluciones duraderas. En Europa, mientas tanto, se continúa pensando que el cambio climático es algo del futuro, algo que está por llegar. Hay que mirar al Pacífico.

Un vecino de Majuro, en las islas Marshall, camina a través del agua.- HILARY HOSIA / AFP