Opinión

Periodismo, memoria, decencia

Ana Pardo de VeraDirectora Corporativa y de Relaciones Institucionales

23 diciembre, 2019

Conocimos a las pocas horas de firmarse un preacuerdo de coalición entre los partidos progresistas PSOE y Unidas Podemos, que Patrimonio Nacional daba luz verde a la exhumación de las víctimas de la Guerra Civil y asesinadas durante la dictadura de Franco enterradas en el Valle de los Caídos y cuyas familias han solicitado sus cuerpos para reparar su memoria.

Entre estas víctimas están –como ha recogido en Público puntualmente Alejandro Torrús desde el inicio de su desatendida reivindicación- los hermanos Lapeña, de cuyos cuerpos autorizó la exhumación un juez hace más de tres años. Entonces, en 2016, gobernaba el PP, a quien solo la idea de cumplir la Ley de Memoria Histórica, sacar a Franco de su homenaje perpetuo y reparar a sus víctimas allí enterradas le producía urticaria en el fondo de su alma católica.

Varias veces he leído y escuchado en la radio últimamente (en boca de familiares de asesinados/as por Franco) la necesidad clamorosa que había en España de que la izquierda gobernara para devolver la decencia a un país que encontraba su principal escollo para construir su Memoria Histórica en el Gobierno de todos. La salida de Franco del Valle –en sí misma y obviando las particularidades del momento y la controversia en las formas- y el anuncio reciente sobre el resto de cuerpos del Valle dan la razón a estas sufridas familias.

Y eso que solo había un preacuerdo, un pacto por tejer para lograr un Gobierno progresista, y que se basó únicamente en un texto que incluía, en su punto 5, una escueta referencia a la “memoria”. Concretamente, decía “… y asegurar España como país de memoria y dignidad”. No se entienden, de hecho, la una sin la otra.

Hace poco menos de una década, programas como El Intermedio hacían humor (muy bueno; al César lo que es del César) con la insistencia de Público en la denuncia del franquismo diluido en las instituciones del siglo XXI y en la reivindicación de la justicia y la reparación de las víctimas de la dictadura. Les parecía algo excéntrico que, sin tener la amenaza de Vox encima; de la ultraderecha desacomplejada que elogia la figura de Franco y denigra la de mujeres (niñas) fusiladas como las Trece Rosas, entre otras barbaridades, fuésemos tan perseverantes con este asunto. Hoy –desgraciadamente y por falta de soluciones, indiferencia o intereses de todo tipo-, la reclamación de la Memoria Histórica sigue de plena actualidad.

Un país que no abre su pasado en canal –que no lo asume, reprueba o repara, según el caso– está condenado a repetir su Historia. En España, vamos camino de que ocurra si no hay una asunción clara y contundente de responsabilidades por parte del Gobierno incipiente, que pese a ser débil en su configuración (suman pocos escaños en la coalición PSOE-Unidas Podemos del Ejecutivo y muchos y muy variados en la variable geometría de la investidura y la gobernanza), cuenta con una férrea convicción de que es necesario superar la Ley de Memoria Histórica con su obligado cumplimiento, en primer lugar, y con una labor complementaria de fondo que incluya, entre otras acciones, la revisión de los libros de texto escolares y universitarios, donde la Guerra Civil y la dictadura son apenas una pelea de bar en fin de semana.

Educación y cultura son los cimientos del edificio de la Memoria Histórica, de la construcción de una democracia plena para que no se olvide, para que no se repitan los errores y, sobre todo, para que no se pervierta, distorsione y convierta en munición del fascismo para atraerse el voto. Porque el voto democrático es la herramienta democrática de la que reniegan partidos como Vox, pero que utilizan hasta que logran sus objetivos.

Para evitar que salgan de sus cavernas (haberlos siempre hailos) o, en el caso de este sufrido país, para frenar su ascenso fulgurante, necesitamos un compromiso serio de los partidos democráticos y su unidad, pero también un periodismo dispuesto a no dejarse en el tintero ni el más mínimo atisbo de injusticia criminal cometida durante la Guerra Civil y el franquismo: buscar a los responsables vivos, a sus cómplices por acción u omisión, a quienes traicionaron, torturaron o asesinaron o a quienes dieron órdenes para hacerlo.

Localizar a las víctimas de Franco y a sus descendientes, en su caso; recobrar y recomponer las historias investigando o localizando a quienes lo hacen… Ir dando forma, en definitiva, al puzzle de millones de piezas, grandes y pequeñas, que configuran nuestra Memoria, la base de un país civilizado que contribuya, con otros países, naciones y/o estados civilizados a condenar las dictaduras, evitarlas o hacer acopio de los mejores instrumentos para devolverlas a las tinieblas en cuanto asomen la cabeza. Lo dijo Galeano: “Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las crónicas de cacerías seguirán glorificando al cazador”. Qué oportuna, además, la cita con lo que tenemos encima los demócratas españoles. Historia. Memoria. Decencia.