Mapa de los ayuntamientos del cambio.- CÉSAR MEDINA Mapa de los ayuntamientos del cambio.- CÉSAR MEDINA

El asalto municipalista y la necesidad de aprender de las derrotas

Guillermo ZapataEscritor, guionista y exconcejal de Ahora Madrid en el Ayuntamiento de Madrid

12 de mayo de 2021

El municipalismo apareció como una posibilidad política ligada al ciclo 15-M en torno a 2013, en medio de lo que entonces llamamos "el impasse". El ciclo movilizador de los años anteriores parecía decaer y las iniciativas políticas como Podemos aún no se habían hecho públicas ni desarrollado su potencia. En ese contexto nace la idea de traducir la potencia de lo que habíamos vivido en las plazas a herramientas nuevas que pudieran atacar también el plano institucional.

Parecía lógico que ese 15-M que se había distribuido de forma descentralizada por barrios en forma de asambleas territoriales e iniciativas de defensa de los servicios públicos se arraigara en candidaturas lo más pegadas al territorio de vida. ¿No era el 15-M un ciclo de politización de la vida al completo? Pues quizás el municipio sería un buen lugar para que dicha potencia cogiera cuerpo. Con intuiciones muy mínimas y, en los meses siguientes, espoleadas por la potencia del fenómeno Podemos y orbitando en su estela aunque con fuertes diferencias, nacieron muchas iniciativas municipalistas.

Se propagaron muy rápido, compartiendo un ADN sencillo y replicable: candidaturas de confluencia, con programas construidos de forma participada, primarias abiertas, identidades nuevas, cartas éticas y financieras para controlar a los cargos electos... Poco más y nada menos.

Entonces el objetivo era doble. Quizás complementario, quizás contradictorio. Se trataba de ser capaces de impulsar procesos  ciudadanos que pudieran a la vez desalojar del poder a los partidos del régimen del 78 y desarrollar una dinámica movimentista superadora de los límites e inercias de la política institucional. El primer asalto institucional se saldó con la victoria electoral de candidaturas municipalistas de cambio en las principales capitales de provincia incluidas Zaragoza, A Coruña, Oviedo, Cádiz, Madrid y Barcelona y la puesta en marcha de los programas políticos de las distintas iniciativas, con más o menos tensión, más o menos acierto y más o menos ambición.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, tras recibir el bastón de mando de la capital catalana.- LLUÍS GENÉ / AFP
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, tras recibir el
bastón de mando de la capital catalana.- LLUÍS GENÉ / AFP

Dicha fase del asalto, que se desarrolla entre 2015 y 2019 termina con la mayor parte de estas ciudades perdiendo las alcaldías conquistadas en 2015 (con la excepción de Cádiz y Barcelona) y varias de las candidaturas, con los sujetos que las pusieron en marcha, disueltas o divididas en varias iniciativas, como es el caso de Madrid o Zaragoza. Es imposible hablar o pensar sobre la cuestión municipalista sin tener en cuenta dicho panorama, al que se unen algunos elementos propios del presente.

Por un lado, la covid-19, que supone un auténtico antes y después en la experiencia vital y política de la vida en los entornos urbanos donde las candidaturas municipalistas han tenido éxito. La vida ya se marca en "antes y después de la pandemia", no "antes y después del municipalismo" o "antes y después del 15-M". Otro elemento fundamental es la experiencia inédita del Gobierno progresista de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, que supone al menos tres elementos clave. La vuelta del PSOE como elemento central de la política española, la puesta en marcha de las primeras políticas de redistribución tras una larguísima década de austeridad y la centralidad del Gobierno del Estado por encima de otros territorios en el centro de la política. En tercer lugar, habría que identificar la crisis política en el interior de las fuerzas de la derecha con –también– tres elementos.

La descomposición del espacio político de Ciudadanos, la regionalización del PP como fuerza que cada vez se separa más de la posibilidad de gobernar el país y se atrinchera en territorios como Galicia o Madrid y, finalmente, la irrupción de una extrema derecha encarnada en Vox con capacidad para hegemonizar las posiciones políticas del resto. Todos esos elementos de alguna forma colocan el asunto municipal en un plano distinto al que  tenía en 2015, pero lo cierto es que su impronta sigue existiendo, sus planteamientos no están caducados y hay elementos que vuelven a emerger y que suponen una suerte de nueva politización ligada al territorio.

Voy a intentar identificar algunos de ellos que pueden servir de pistas o jalones en torno a los cuales se organiza el presente inmediato y cómo, quizás, hay mimbres en ellos para seguir impulsando la cuestión municipalista.

  La España vaciada

La España vaciada no es una expresión municipalista, pero sí es la forma más potente en la que en los últimos dos años se han relacionado política y territorio. La llamada "Revuelta de la España vaciada", que en su expresión institucional ha llevado a Teruel Existe (y pronto llevará a otras candidaturas) al Congreso, supone una experiencia de la que cualquiera con interés por la relación entre territorio y transformación social debería escuchar y aprender. Tanto en las formas de organización, como en el doble vínculo entre la pata social y la institucional, como por ser una de las experiencias más acabadas de ruptura con el bipartidismo fuera de las periferias y los grandes núcleos urbanos.

Además, sus reivindicaciones obligan a repensar el modelo territorial. Parece lógico pensar que más pronto que tarde, las capitales de provincia de estos territorios serán vanguardia también en políticas locales, de redistribución de recursos y de cuidado de la tierra y serán ellas las que le marquen el paso a las políticas urbanas. Por último, la revuelta de la España vaciada es una respuesta en clave de futuro y apertura de lo que podría haber sido una nueva ola reaccionaria.

 Municipios múltiples

Las candidaturas municipalistas se configuraron en torno a la idea de confluencia. La confluencia era un proceso ciudadano que, a través de las metodologías anteriormente mencionadas, producía unas reglas comunes para todos los sujetos que formaban parte de las mismas. A eso se sumaba la constitución de nuevos sujetos políticos más diversos que las fuerzas políticas tradicionales y emergentes y que eran, además, diferentes en cada territorio. Mismo ADN, distintas identidades. Lo contrario de un proceso de unificación, por más que efectivamente, dieran como resultado candidaturas de unidad.

Manuela Carmena el día de su investidura en el Ayuntamiento de Madrid.- PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP
Manuela Carmena el día de su
investidura en el Ayuntamiento de Madrid.-
PIERRE-PHILIPPE MARCOU / AFP

La crisis del primer ciclo del municipalismo tiene uno de sus centros en la ruptura de la propia idea de confluencia. Las razones por las que se puede romper una confluencia son varias. A veces se debe a las tensiones internas de la candidatura y la incapacidad (o falta de ganas de los sujetos que la forman) para someterse a esas normas comunes. Otras veces se debe a que dichas reglas no estaban preparadas para candidaturas que terminaran gobernando sino más bien que estuvieran en la oposición.

En otras ocasiones la razón es que los procesos municipales se ampliaron a procesos políticos de tipo autonómico. La cuestión principal es que ahora mismo es difícil pensar en un nuevo ciclo municipalista a partir de nuevas confluencias porque ya hay sujetos consolidados de corte municipal o autonómico en una enorme variedad de territorios. Ante esto han surgido tres tendencias. Una que habla de unidad, que sería la composición de listas electorales conjuntas de las candidaturas a la izquierda del PSOE.

Otro planteamiento, que hoy por hoy parece ser el dominante, habla más bien de la diversidad y cooperación de las candidaturas. La idea es que con más candidaturas ocupas mejor cada segmento de la población con intereses diversos y fragmentados y, por lo tanto, produce mejores resultados electorales. Hay una tercera mirada sobre este proceso, que es la de quién ha decidido construir desde espacios sociales de corte municipalista aunque no tengan (al menos hoy) una vocación de intervenir en la parte institucional, bien desde un punto de vista crítico, bien asumiendo que las candidaturas existentes en su diversidad son sufi cientes y que lo que toca priorizar es la construcción de herramientas fuera de las instituciones. Esa diversidad coopera y conflictúa, se relaciona, desborda e interpela a las distintas candidaturas ya existentes de una manera múltiple. El ecosistema, por tanto, aún en retroceso de las candidaturas, es muy diverso y más complejo y fértil de lo que podría parecer.

 Municipios feministas

La gran fuerza del presente es el feminismo, el impulso de la lucha feminista no es sólo un gran agregador de demandas de una enorme masividad, totalmente hegemónica, sino que también produce un doble efecto subjetivo. El feminismo nos apela a todas y todos y, por tanto, implica cambios que se dan a todas las escalas de la vida, también, por supuesto, la municipal. Las organizaciones feministas, más cuanto más jóvenes son, más pegadas están al territorio, más se relacionan con su entorno, más atraviesan el conjunto de políticas públicas.

El feminismo supone también el espacio que está desarrollando las luchas y resistencias más importantes contra una extrema derecha atravesada de machismo y homofobia (permitidme no concebir el feminismo como algo separado de las luchas LGTBIQ+, por su carácter incluyente, aunque haya posiciones tan ruidosas como minoritarias, que pretenden escindir estos dos elementos como dos cosas separadas e incluso a veces opuestas).

Los recursos de lucha contra la violencia se sostienen en redes municipales, los espacios de igualdad son municipales, los presupuestos (a todas las escalas) se tienen que construir con marcadores de género, el urbanismo (quizás el elemento más importante de las competencias municipales) está atravesado de feminismo. El feminismo es, pues, un filón de apertura a la posibilidad de imaginar y vivir en otros lugares.

Municipios climáticos

Algo similar, aunque quizás de menor impacto a nivel de calle, sucede con las luchas climáticas. La crisis climática va a modificar los territorios y desde los territorios, especialmente los territorios locales, es desde donde más podemos hacer en la lucha contra la crisis climática. Preparar los municipios para el impacto de la crisis climática es luchar contra dicho impacto. Hablamos de zonas verdes y de reducción de emisiones, por tanto, de toma de espacios para los peatones y defensa y ampliación del transporte colectivo público.

El alcalde de València Joan Ribó el día de su primera investidura en junio de 2015.- EFE
El alcalde de València Joan Ribó el día
de su primera investidura en junio de 2015.- EFE

Hablamos de instituciones públicas que luchen contra la obsolescencia programada y que potencien el reciclaje, hablamos de una cultura del valor de uso frente al valor de cambio, una cultura del compartir frente a una cultura de la acumulación. Toda la gestión de los residuos depende de una dupla municipios/comunidades autónomas donde el municipalismo tiene todo que decir. Hablamos también de transformación de viviendas y de todo tipo de infraestructuras para hacerlas eficientes desde el punto de vista energético. Hablamos de pelear por trabajar menos horas para limitar la movilidad contaminante y ganar tiempo para cuidar y descansar. El movimiento climático, como el feminismo, como las revueltas de la España vaciada, abren el futuro a una vida mejor, más plena, mejor repartida, más tranquila y segura.

 Municipios antifascistas y antirrascistas

La irrupción de la extrema derecha y el populismo reaccionario ha activado algunas alarmas (no demasiadas, por desgracia) y también ha activado a sus bases neonazis. La población LGTBIQ, los colectivos feministas, los partidos del cambio y, sobre todo, la población migrante y más aquella que da un paso al frente en la lucha antirracista, son el objetivo habitual de campañas de difamación, acoso y agresiones directas.

A esa realidad se opone otra, tremendamente diversa, de colectivos racializados, otros explícitamente antifascistas, con mucha presencia en los barrios de la clase trabajadora, vinculados a centros sociales y experiencia de autoorganización de todo tipo. Esos grupos, que viven la violencia a pie de calle, ponen en el centro la necesidad de repensar y potenciar la diversidad efectiva en nuestras ciudades y ampliar los derechos de ciudadanía.

Con la lucha antirracista y antifascista se abren además tres debates clave para la reproducción de ecosistemas municipalistas. El debate de los medios de comunicación, que es el debate de la democratización de la opinión pública y la necesidad de esferas públicas democráticas. El debate sobre la toxicidad, el acoso y las fake news en redes sociales, que es el debate sobre la soberanía tecnológica y de los datos. Y por último se abre el debate sobre el modelo de seguridad y la presencia, papel y presupuesto de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en nuestras ciudades.

Municipios habitados

Otro elemento clave es el de la vivienda. Hoy en día las medidas de la Iniciativa Legislativa Popular de la PAH siguen sin cumplirse. Además, el PSOE se sigue negando a la regulación de los alquileres, el parque de vivienda pública es exiguo y sigue habiendo desahucios. Mientras la deuda de la SAREB es pública, sus viviendas no forman parte de dicho parque público que tanto necesitamos.

Las zonas de las ciudades con mayor densidad se llenan de pisos turísticos y viviendas vacías, las coronas metropolitanas reciben la expulsión que produce el centro y eso incrementa también los precios del alquiler en las zonas populares y de menor renta de las ciudades.

Más aún, una parte de la recomposición económica postcrisis se hace con la mirada puesta en la protección del rentista, y la propiedad de la vivienda ya es un marcador de clase determinante para el acceso a una vida de condiciones dignas o para la propia reproducción familiar

Tanto la PAH, como las plataformas por el derecho a la vivienda como los sindicatos de inquilinas e inquilinos son las herramientas de presión e innovación jurídica y de conquistas de derechos en las que debe mirarse cualquier herramienta municipal habida o por haber.

El éxito en el futuro

Hay una corriente en un presente profundamente modificado por la experiencia institucional que apunta a la apertura de nuevos presentes posibles. Si hay algo que reprocharnos a quienes participamos de forma más activa de la experiencia municipalista (o el menos es el reproche más intenso que yo me hago) es, precisamente, haber rebajado el horizonte de demanda de transformación con una idea conservadora de los sujetos que habitábamos, con una idea errónea de protección de los mismos.

Con la idea de salvar el sujeto para ampliar la capacidad de transformación. Lo cierto es que perdimos los sujetos que construimos y el horizonte de transformación no se amplió. Toca hacerlo de nuevo, con los mimbres de lo que ya conocemos, que es mucho. El éxito para lograr un mejor municipalismo en el futuro podría pasar por la estrategia del Clan León de las legendarias tierras de Rokugan. Este clan, guerrero por antonomasia, está liderado por las feroces guerreras Matsu, estrategas Akodo y bardos Ikoma. Sus guías de batalla sólo recogen las luchas en las que fueron derrotados, porque sólo de esas se aprende.